Las relaciones de pareja atraviesan una transformación marcada por el individualismo, la diversidad de acuerdos y el agotamiento de la lógica de las aplicaciones de citas.
A lo largo de la historia, el concepto de pareja fue cambiando, influenciado por los cambios propios y necesidades de cada época y de las personas. Marcando un tipo de vínculo. Las parejas tradicionales fueron modificándose, dando lugar a nuevas formas de amor.
Actualmente, la sociedad apunta más al individualismo y al no compromiso, ya sea por miedo a involucrarse emocionalmente con un Otro y la posibilidad de salir herido o perder su autonomía y pasar a depender emocionalmente.
Se caracteriza por un enfoque amoroso más ligero, relajado de los vínculos, como signo del posmodernismo con un énfasis en el narcisismo e individualismo. También debido a los fracasos que experimentan las parejas tradicionales por la alta dosis de sufrimiento, desencanto y frustración. Está más permitido explorar, saliendo de las antiguas normas sociales, culturales y religiosas establecidas.
Hoy en día, el concepto de pareja es muy variado, dando paso a nuevas formas de amor, cada una con sus propios acuerdos que son establecidos y respetados por ambos miembros. Existen diferentes formas de vincularnos amorosa y eróticamente con las personas, no todos los vínculos de pareja son sexuales, ni todos los vínculos sexuales son amorosos, se busca romper con lo heteronormado.
Se podría pensar que no existe una devaluación del valor social de la pareja, sino una mayor expectativa sobre lo que ella debería ofrecer. O, inversa, una menor tolerancia al malestar o a la insatisfacción con la pareja.
Variantes de vivir la sexualidad en la pareja: los clásicos permitidos, parejas abiertas, swingers, poliamor, triejas, etc. Las etiquetas permiten identificar qué tipo de relación tiene una persona, pero ello no es limitante, de hecho es posible que exista más de una combinación.
Existen diferentes opiniones y todas deberían poder estar integradas en la sociedad, siempre y cuando sea algo acordado, consensuado y charlado por sus miembros. El tipo de contrato que aparece en los vínculos tiene que ver con acuerdos que desafían las cláusulas habituales e históricas.
Todas las parejas sanas necesitan construir un nosotros sobre un tú y un yo. La fórmula tradicional está en crisis y lo que va a suceder es que la fórmula que conocemos como la única va a formar parte de un grupo. También hay algo más que está cambiando.
Durante años, las aplicaciones de citas prometieron ampliar el mundo vincular y en parte lo hicieron, pero también instalaron una lógica: la del vínculo como vitrina. Perfiles que se miran, se evalúan, se comparan; personas que en algún punto empiezan a sentirse más observadas que encontradas.
Hoy algo de eso empieza a incomodar, no todos quieren o pueden vincularse desde ese lugar, no todos se sienten cómodos mostrando una versión editada de sí mismos, ni sosteniendo conversaciones que muchas veces no llegan a ningún lado.
¿Será que después de tanta conexión inmediata y vínculos descartables, empezamos otra vez a buscar encuentros más reales? Empiezan a surgir otros escenarios: salidas, pádel, salseras, excursiones… espacios para compartir con otros, sin presión, sin filtros y sin expectativas irreales.
Quizás, después de tanta pantalla, volvimos a necesitar mirarnos a los ojos. Porque al final, el contenido sigue importando más que el envase.
