Un informe de Pearson señala que los estudiantes neurodivergentes pueden aprender idiomas si se adaptan los métodos de enseñanza, eliminando barreras en lugar de bajar expectativas.
Un nuevo enfoque educativo busca derribar uno de los mitos más instalados en las aulas: que los estudiantes con perfiles neurodivergentes tienen menos capacidad para aprender otros idiomas. Especialistas sostienen que el problema no está en los alumnos, sino en modelos de enseñanza que todavía están pensados para un único tipo de aprendizaje.
Según un informe al que accedió la Agencia Noticias Argentinas, durante años, muchos estudiantes con dislexia, TDAH, trastornos del lenguaje u otras diferencias cognitivas crecieron bajo la idea de que aprender otro idioma era demasiado difícil para ellos. Sin embargo, nuevas investigaciones sobre educación inclusiva y neurodiversidad plantean que el desafío no estaría en la capacidad de aprendizaje de los alumnos, sino en la manera tradicional de enseñar.
De acuerdo con el informe Removing Barriers, Raising Expectations: Inclusive Strategies for Neurodiverse Classrooms, elaborado por Pearson, las aulas suelen estar diseñadas para un “aprendiz típico” que puede procesar instrucciones verbales extensas, sostener largos períodos de atención y demostrar conocimientos principalmente a través de la escritura. Ese modelo, según advierte el documento, deja afuera distintas maneras de aprender, procesar información y expresarse.
“El aprendizaje de idiomas no debería depender de una única forma de atención, memoria o expresión. Cuando incorporamos recursos visuales, oralidad, apoyos multimodales y distintas maneras de demostrar conocimiento, más estudiantes logran participar y progresar. La inclusión no implica bajar expectativas, sino eliminar barreras para que todos puedan acceder al aprendizaje”, explican los expertos de Pearson.
El informe señaló que muchos estudiantes neurodivergentes realizan un esfuerzo cognitivo mucho mayor antes de comenzar a aprender. Seguir instrucciones, filtrar distracciones, procesar sonidos o recordar consignas puede consumir gran parte de su energía mental. Las estrategias inclusivas buscan reducir esa sobrecarga mediante instrucciones visuales y orales combinadas, tareas divididas en pasos, materiales gráficos, videos, diagramas y opciones más flexibles de evaluación.
Además, el informe remarcó que condiciones como la dislexia no están relacionadas con menor inteligencia y que muchos estudiantes neurodivergentes presentan fortalezas como creatividad, pensamiento visual, reconocimiento de patrones e hiperfoco en áreas de interés. En este contexto, el aprendizaje de idiomas puede mejorar cuando las clases se adaptan a diferentes perfiles cognitivos.
“Hoy el desafío no es solamente enseñar inglés, sino lograr que todos los estudiantes puedan desarrollar habilidades para el futuro en entornos donde se sientan incluidos y reconocidos. Las escuelas pueden transformar las aulas, pasando de ser espacios donde solo los estudiantes con un perfil determinado tienen éxito, a comunidades de pertenencia”, agregaron los expertos.
Otro punto central del informe es el impacto del estrés y la sobrecarga emocional en el aprendizaje. Cuando un estudiante entra en estados de ansiedad o presión, disminuyen funciones clave como la memoria de trabajo y la capacidad de razonamiento. Las nuevas estrategias pedagógicas incorporan pausas breves, regulación emocional, movimiento y espacios seguros para participar sin miedo a equivocarse.
El enfoque de educación inclusiva propone mantener objetivos altos pero diversificar los caminos para alcanzarlos. La conclusión del informe indica que los niños neurodivergentes sí pueden aprender otro idioma, siempre que las aulas dejen de estar pensadas para un único tipo de cerebro.
