Según un informe del Centro de Estudios para la Recuperación de la Argentina (UBA), el financiamiento con tarjetas para consumos básicos en supermercados creció significativamente, mientras que la morosidad familiar alcanzó niveles no vistos desde 2009.
Un estudio del Centro de Estudios para la Recuperación de la Argentina, dependiente de la Universidad de Buenos Aires, reveló que la participación del financiamiento con tarjetas para consumos básicos en supermercados pasó del 39% en noviembre de 2023 al 57% en enero de este año. En paralelo, el pago de servicios aumentó, mientras que la compra de bienes disminuyó.
Desde diciembre de 2023, la morosidad de las familias con sus canales de financiamiento pasó del 2,5% al 12%. El informe señala que “la inflación acumulada en bienes fue cercana al 170% y en servicios alrededor del 362%”, lo que indica que las familias destinan una mayor proporción de sus ingresos al pago de servicios, reduciendo el ingreso disponible para la compra de bienes.
El relevamiento indica que en diciembre de 2023 el consumo de bienes explicaba el 62% del gasto de los asalariados, mientras que en enero de 2026 se redujo al 58%. En cambio, la participación de servicios pasó del 38% al 42%. Esta composición del gasto impulsa el crédito a través de tarjetas o préstamos para mantener el consumo previo, lo que a su vez explica el incremento en la morosidad.
“Esta dinámica podría explicar, en parte, el crecimiento del crédito al consumo, que se incrementó un 57% en términos acumulados desde el inicio de la gestión”, sostuvo el informe de la UBA. La investigación concluye que “si bien el uso de tarjetas de crédito es cada vez más extendido, no se trata de un fenómeno atribuible únicamente a una mayor educación financiera o a promociones comerciales, sino a factores más estructurales” como la necesidad de financiar consumos cotidianos. “Actualmente, los niveles de morosidad de los hogares se ubican por encima de los registrados desde 2009, incluyendo el período de pandemia”, agrega el trabajo.
