lunes, 16 marzo, 2026
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Los restos de Mario Nívoli descansarán en Rosario: «Mi hermano no tuvo justicia, no la hay frente a la muerte»

La identificación de Mario Alberto Nívoli, uno de los 12 cuerpos hallados en lo que quedó del excentro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, resonó en Rosario. “Tía, sentate ¿Están tus hijos por ahí? Te tengo que contar algo”, fue la frase que María Soledad le dijo a Graciela Nívoli, hermana de Mario y quien durante 49 años luchó junto con su familia para encontrar al ingeniero químico recibido en la Universidad Nacional del Litoral que, ahora, descansará en la ciudad.

Graciela no lo esperaba. Su cuerpo habló y por dentro corrió un temblor que su boca no pudo describir, pero sus ojos cristalizados expusieron. Luego de 49 años de una inclaudicable lucha había hallado a su hermano. Las tardes jugando juntos en Las Perdices, en su Córdoba natal, las peleas típicas de hermanos y los grupos de amigos compartidos en Santa Fe capital, revivieron y llenaron de paz a una mujer que con 75 años sube los 27 escalones del Centro Cultural Madres de Plaza 25 de Mayo de Rosario y le dedica su tiempo a la Secretaría de Cultura de la organización, ubicada en la Casa Fracassi.

“¿Sentís que Mario tuvo justicia?”, preguntó La Capital en la sala donde se dio la charla. Graciela fue tajante: “No, no y no. Hubo condenas, recuperamos su cuerpo, pero por todo lo que le tocó pasar a Mario y que no nos lo van a devolver, no hay justicia frente a la muerte”.

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Foto: Marcelo Bustamante / La Capital

El martes al mediodía, María Soledad Nívoli, hija de Mario, recibió el llamado confirmando que su padre era uno de los 12 cuerpos hallados en La Perla, el excentro clandestino de detención que funcionó durante la última dictadura militar ubicado unos 20 kilómetros al oeste de la ciudad de Córdoba. Radicada en Rosario desde hace décadas, María Soledad no tardó mucho en llamar a Graciela y expandir la noticia. Junto a ella, su hermano Mariano y la esposa de Mario, Graciela Gauchat, mantuvieron viva la memoria del hombre que fue secuestrado el 14 de febrero de 1977 en el barrio General Paz de la capital cordobesa.

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Gauchat fue la primera en tocar puertas preguntando por su marido. Sin ningún pudor, los militares que atendieron el reclamo dijeron: “Señora, va a tener que cuidar a sus hijos sola”. Graciela tenía en brazos a María Soledad, de un puñado de meses, y aferrada a su talón a Mariano, de 2 años. Tras ser amenazada, Graciela decidió regresar a la casa de sus padres en Santa Fe. Tiempo después, María Soledad se convirtió en una destacada docente de la facultad de Psicología de la UNR y Mariano hizo carrera como médico en Paraguay.

Quién era Mario Nívoli

Nívoli y sus hermanos nacieron en Ucacha, en Córdoba. Antes de empezar el período escolar su familia se mudó a Las Perdices. Era un hombre callado que se refugiaba en los libros. Era común que “se pierda” por varias horas para ser encontrado debajo de una mesa leyendo. “Tenía un mundo propio”, recordó Graciela. A pesar de ser introvertido, los que lo conocen aseguran que cuando tenía un objetivo iba decidido a cumplirlo.

Tenía como hobby tocar la batería, y cursó la primaria y secundaria en Las Perdices, donde nunca expuso ningún interés por la militancia política y las fotos de esa época lo muestran portando la bandera en los actos escolares. Ya como estudiante de la Universidad Nacional del Litoral, sobre finales de los años 60, comenzó a militar en agrupaciones políticas hasta llegar a Montoneros.

El secuestro

Graciela Nívoli contó detalles de cómo fue el momento del secuestro de su hermano. En ese momento, Mario tenía su casa junto a sus padres en Córdoba capital y el 14 de febrero de 1977 había regresado de vacaciones junto a sus suegros.

Entró la patota a mi casa, amordazaron y ataron a mis padres y de ahí entran a lo de mi hermano, que estaba acomodando todo de las vacaciones en las Sierras de Córdoba”, relató Graciela. En la casa de Mario estaba su esposa, sus dos hijos y sus suegros.

A Mario Nívoli lo buscaban desde sus años de militancia en la Universidad Nacional del Litoral en Santa Fe, la ciudad que le ofreció una profesión, donde conoció al amor de su vida y también donde recibió su primer atentado por parte de la Alianza Anticomunista Argentina, conocida como la Triple A: una bomba en su casa que lo hizo salir de la provincia en 1975.

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Foto: Marcelo Bustamante / La Capital

Luego de ese hecho, se radicó en Concordia y se desvinculó de Montoneros. Un tiempo en la provincia de Entre Ríos, donde participó en movilizaciones, lo llevaron a la ciudad de Córdoba donde comenzó a trabajar como electricista en obras y “sin estar en clandestinidad”, aclaró Graciela. Y agregó: “Estaba tratando de sobrevivir a esa época tan terrible. Años de terror”.

En noviembre de 1976 nació su segunda hija, María Soledad, y cuatro meses más tarde es “chupado” por los grupos militares de secuestro y tortura de la última dictadura militar. Nunca más se supo de él hasta que el exdetenido Héctor Kuntzmann contó que lo vio por última vez con vida en La Perla. “Dijo que había estado tres días y que lo habían trasladado. Nosotros sabíamos que el traslado significaba la muerte. En 1979 los militares levantaron las fosas comunes que había ahí, entonces lo que encontraron fueron restos que se desprendieron de las fosas”, remarcó Graciela a este medio.

Desde la desaparición de Mario, la familia Nívoli no bajó los brazos y 49 años después, a dos semanas de un nuevo Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia, pudieron sentir paz. “Mario dijo presente a los 50 años y en marzo. Es fuerte”, dijo con destellos de tranquilidad su hermana.

Los restos de Nívoli en Rosario

La marcha por el Día Internacional de la Mujer que se desarrolló el 9 de marzo en Rosario fue la antesala de la comunicación oficial. Graciela y María Soledad asistieron y entre ellas surgió la charla, aunque el escepticismo era la primera barrera de sus palabras. El martes al mediodía llegó la comunicación oficial. “La búsqueda fue tan prolongada que los cuerpos terminan siendo rehenes de los militares porque ellos sabían dónde estaban y no abrieron la boca”, apuntó Graciela.

Este lunes 16 de marzo, la familia de Nívoli viajará a Córdoba para recibir los restos de Mario. Su hija y su hermana aún analizan dónde descansará, pero late con fuerza enterrarlo cerca del árbol que lleva su nombre en el Bosque de la Memoria en el parque Scalabrini Ortiz.

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Pasaron algunos días hasta que pudieron asimilar la importancia de encontrar los restos de Mario, de entender que “ya no es más un desaparecido”, dijo Graciela. La mirada cambió. Ahora la lucha es “por mi hermano y por todos los desaparecidos de esa época de dolor y terror”.

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Foto: Marcelo Bustamante / La Capital

Graciela afirmó que seguirá marchando cuando toque para “trasmitir esa historia a las generaciones que no lo vivieron y decirles que puede volver a repetirse si no hay conciencia”. En este sentido, celebró a los jóvenes que, desde el secundario, se suman a las manifestaciones y se comprometan con los derechos humanos: “Será un 24 de Marzo distinto para mí, para mi familia y para la gente. Este no es cualquier 24 de Marzo”.

Por el cuerpo de Graciela pasaron muchas sesiones de terapia. Se siente en paz y aseguró que trata de evitar sentimientos de daño, como el rencor o la revancha. Mira para atrás, analiza lo vivido y continúa sin pregonar el miedo que le tocó atravesar. Casi como un mecanismo de supervivencia.

Cómo fue la investigación

La búsqueda de cuerpos en La Perla se retomó en septiembre de 2025, cuando comenzaron las excavaciones en inmediciones al terreno donde actualmente funciona la Reserva Natural Militar La Calera. La reanudación se debe a la decisión judicial de iniciar nuevas búsquedas para esclarecer casos irresueltos. De acuerdo a los testimonios de la causa, allí existieron fosas que fueron removidas y los cuerpos fueron llevados a otro lugar.

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El comunicado emitido por las autoridades tras los descubrimientos fue: «Se pone en conocimiento de la opinión pública que, como resultado de los trabajos de análisis antropológicos forenses realizados por el Equipo Argentino de Antropología Forense, en colaboración del Instituto de Medicina Forense del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba, a raíz de las excavaciones realizadas en 2025 en el sitio denominado Loma del Torito, perteneciente a la Guarnición Militar de la Calera, ex Centro Clandestino de Detención La Perla, se ha obtenido un resultado parcial en relación a la identificación genética de doce personas«.

La Perla fue manejada por Luciano Benjamín Menéndez y comenzó a funcionar en 1976, poco tiempo después del golpe de Estado contra el gobierno de María Estela Martínez de Perón.

Este establecimiento funcionó como centro clandestino de detención hasta 1978 y estuvo al mando del Tercer Cuerpo de Ejército. Se estima que pasaron entre 2.000 y 2.500 personas, muchas de las cuales continúan desaparecidas.

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