Durante obras en la Plaza 25 de Mayo, se halló una estructura histórica que refleja la evolución de la infraestructura urbana de la ciudad. Un especialista explica su importancia para entender el desarrollo sanitario y el crecimiento de Rosario.
Existe una Rosario visible en la superficie y otra, subterránea, que sostiene su funcionamiento y narra su pasado. Lejos de ser mitológica, esta ciudad de redes de infraestructura permitió el crecimiento metropolitano. Durante las reformas en la Plaza 25 de Mayo, por el Tricentenario, las excavaciones dejaron al descubierto una cámara con un tanque de combustible frente al edificio de Correos. Tras ser estudiada, la estructura se preservó y hoy una tapa es visible en la vereda.
El museólogo, arquitecto y arqueólogo Gustavo Fernetti explicó que el hallazgo, aunque curioso, refleja una época sin registros técnicos detallados. «Sabíamos que debajo de la plaza había instalaciones, pero no hay documentación que detalle por qué está ahí», señaló. Se trata de un tanque de hierro remachado en óptimas condiciones, con caños para carga y purgado. Junto a él, apareció una lata de alcohol de la marca Alcoluz, de entre los años 30 y 40.
«El problema de la infraestructura histórica es la falta de registros; recién en los años 50 o 60 aparecen planos precisos de las redes», indicó Fernetti. Para la arqueología urbana, el estudio de las redes sanitarias es clave para entender la transición de Rosario de un entorno rural a uno moderno. El especialista destacó cómo la ciudad fue abandonando los pozos ciegos para integrar cañerías, un avance que permitió a los barrios periféricos integrarse en un sistema de igualdad sanitaria.
El paso del agua de pozo al suministro de agua de río tratada representó un hito en la salud pública. Sin embargo, Fernetti advirtió sobre desafíos actuales, como la contaminación de las napas, que hace que la infraestructura empiece a ser insuficiente.
Un dato revelador de las excavaciones en plazas públicas es la ausencia de basura histórica. «La plaza es tierra de todos, pero también una ‘tierra sagrada’. Hay un contrato social implícito: la gente no tira basura en las plazas», explicó el arqueólogo. Además de su función cívica, estos espacios cumplían roles funcionales, como albergar pozos de agua comunitarios en la época colonial, ejemplos de los cuales se encuentran en el Pasaje Juramento y el Museo Estévez.
Fernetti reiteró que los túneles han estado relacionados a diversos mitos, pero aclaró que primero hay que descartar ideas como el contrabando, que es una cuestión de facturación y no de túneles físicos.
