La inflación de 2025 cerró en 31,5%, la más baja en ocho años, aunque diciembre mostró una suba mensual del 2,8%, encadenando cuatro alzas y despertando alertas en la city por posibles riesgos.
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Inflación: 2025 cerró con un hito en años, pero el «efecto inercia» desafía la expectativa oficial para el primer semestre
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El dólar oficial anotó su segunda baja al hilo y quedó a más de 6% del techo de la banda
La medición mensual de la inflación de diciembre se ubicó en 2,8%.
La inflación de 2025, si bien cerró el año en 31,5% y marcó el nivel más bajo en ocho años, mostró en diciembre una variación mensual de 2,8%, lo que implicó una aceleración por cuarto mes consecutivo. Frente a este dato negativo, la city advierte que entre los principales riesgos para continuar el proceso de desinflación se destaca una corrección más rápida del tipo de cambio y de las tarifas de los servicios, que podría reactivar el pass-through. Contrariamente, expectativas de devaluación estabilizadas, una actividad económica contenida y una marcada apertura comercial podrían restar presión sobre los precios.
El último dato que se conoció el martes por parte del INDEC reveló que la suba generalizada de precios en el último mes del año fue de 2,8%, lo que implicó el segundo valor más alto de 2025, tal como sucedió en abril con el mismo guarismo, solo detrás de marzo, cuando alcanzó el 3,7%. El aumento de precios fue producto de una mayor variación de los precios Regulados (+3,3%), ante los incrementos en transporte y combustibles, mientras que el IPC Núcleo se aceleró al 3%, lo que implica que la inercia inflacionaria sigue elevada.
“Sin dudas, el factor principal va a ser que el tipo de cambio se mantenga estable para que la inflación pueda bajar al 20%, que es la mediana de los relevamientos de las consultoras privadas”, le dijo a Ámbito el economista Juan Manuel Telechea. También señaló que habrá que seguir de cerca “el rollover de la deuda”, ya que vencen cerca de u$s20.000 millones, y advirtió que si el Gobierno no logra acceder al refinanciamiento esto podría generar “una demanda muy importante que presione el tipo de cambio al techo de la banda y eso llevaría la inflación a un nivel más elevado y muy lejos de la meta que se puso el Gobierno”.
“Un tema clave para la evolución de los precios es el mantenimiento de la política fiscal y un manejo prudente de la política monetaria”, también le dijo a este medio el director de C&T Asociados, el economista Camilo Tiscornia, quien consideró que la inflación será más baja que en 2025. No obstante, señaló que se superponen otros factores de corto plazo, como la evolución del tipo de cambio, y agregó que “hay buenos datos de una cosecha interesante, sobre todo en lo que es la cosecha de trigo”. Además, mencionó otros dos factores relevantes: los salarios y las tarifas.
Proceso de desinflación: ¿cuáles son las anclas que lo sostienen?
Desde ACM advierten que para el análisis de la inflación en 2026 deberán incorporarse dos elementos clave: por un lado, el cambio metodológico del IPC a partir de enero (nueva canasta y ponderadores), y por el otro, que “el escenario macro implícito en el Presupuesto 2026 resulta significativamente más optimista (con una inflación anual proyectada de 10,1%) que el sendero sugerido por las expectativas del mercado”.
En este marco, las proyecciones ubican la inflación de 2026 en torno al 24%. “Hacia adelante, la continuidad del equilibrio fiscal y una política monetaria aún restrictiva operan como anclas que acotan el riesgo de una nueva aceleración inflacionaria”, detallaron. Entre los principales riesgos se destacan una corrección más rápida del tipo de cambio y/o de las tarifas, que podría reactivar el pass-through y demorar la convergencia del ritmo inflacionario hacia el escenario planteado en el Presupuesto.
A su vez, desde LCG coinciden en que “el uso de la ENGHo 2017/2018 (la Encuesta Nacional de Gastos de los Hogares del INDEC, que define la canasta y las ponderaciones del IPC) ponderará más los servicios que antes, lo que podría sumar algunos decimales a la inflación general solo por esta actualización”. Para dimensionar la importancia del cambio, recordaron que existe una marcada disparidad entre la inflación de bienes y servicios, que cerró el año en 26% y 43% anual, respectivamente. “Expectativas de depreciación estabilizadas, actividad moviéndose muy débilmente y una marcada apertura comercial restan presión sobre los precios”, aseguraron sobre los puntos a favor.
Pese a esto, las proyecciones de LCG sostienen que “aún es difícil que el nivel de inflación converja rápidamente a tasas por debajo del 1% en el corto plazo”, ya que la inercia sigue siendo relevante y un mayor dinamismo podría alentar pujas distributivas, como salarios y recomposición de márgenes. Además, señalaron que “volverán a impactar los ajustes de las tarifas de servicios públicos frenados en los meses previos a las elecciones y una nueva cuota de desarme de subsidios prevista en el Presupuesto 2026”.
Para los primeros meses de 2026, desde LCG proyectan niveles de inflación todavía en la zona del 2% y estiman que 2026 cerrará con una inflación del 22% anual medida a diciembre (27% anual promedio).
Tarifas, dólar y ¿qué pasará con los salarios?
El economista Matías Rajnerman, jefe de Macroeconomía del Banco de la Provincia de Buenos Aires, opinó en charla con este medio que, si bien el cierre de 2025 no fue bueno, la inflación terminó mucho más baja que en 2024. Entre los factores determinantes mencionó las tarifas y el tipo de cambio, y en menor medida los salarios. De esos tres, advirtió que el más riesgoso son las tarifas de los servicios, sobre todo porque quedaron rezagadas y deberían actualizar el cuadro tarifario.
“Eso va a presionar al alza a la inflación porque dentro de la nueva canasta de medición los gastos de electricidad, gas y agua pesan más que antes”, advirtió, por lo que vaticinó que lo más probable es que en enero, febrero y marzo la inflación arranque en torno al 2% o incluso algo más.
Con respecto a los salarios, en un contexto de reforma laboral, Rajnerman consideró que “en lo que se refiere a los trabajadores privados registrados, los sindicatos y el movimiento organizado van a estar más enfocados en discusiones estructurales de la reforma que en la paritaria”. Y amplió: “Concretamente, vemos que el sendero de inflación descendente que tiene el REM nos resulta algo optimista; nosotros somos más cautos por el tema tarifario y por el frente cambiario”.
Por su parte, Tiscornia aportó su mirada sobre las presiones salariales: “Hay expectativa de que la actividad económica crezca y que los salarios acompañen un poco la evolución de la inflación e incluso le ganen, pero en un entorno controlado. No veo una disparada de pedidos de aumentos salariales que complique la lucha contra la inflación”.
