Con más del 95% de las mesas procesadas, la diferencia entre ambos candidatos es apenas superior a los 70.000 votos, consolidando una polarización extrema.
Perú: con más del 95% escrutado, Sánchez aventaja a Fujimori por mínimo margen. La diferencia entre ambos candidatos apenas supera los 70.000 votos. En diálogo con CyD Litoral, el analista internacional Joaquín Bernardis advirtió sobre el complejo escenario de gobernabilidad y el futuro económico del país andino.
El candidato de izquierda por Juntos por el Perú, Roberto Sánchez, lidera ajustadamente frente a Keiko Fujimori, líder de la fuerza fujimorista, en un escenario de extrema paridad.
Polarización repetida. En diálogo con CyD Litoral, el analista internacional Joaquín Bernardis remarcó las similitudes de este proceso con las elecciones presidenciales anteriores. Según el especialista, el Fujimorismo repite su histórica dinámica de llegar al balotaje y perder por márgenes milimétricos de entre el 2% y el 3%. «La hija de Alberto Fujimori —el expresidente de la década del 90, una figura muy controvertida— siempre llega a la segunda vuelta y siempre termina perdiendo por un 2% o 3%. En este caso, la diferencia es mucho más acotada», explicó. Bernardis recordó que situaciones similares afectaron en su momento a figuras como Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo. En este caso, el escenario posiciona a Roberto Sánchez como el heredero político directo de la estructura construida por Castillo, quien actualmente está preso.
El laberinto legislativo. Más allá de quién resulte ganador definitivo tras el cierre de las actas, el futuro mandatario se enfrentará a un ecosistema institucional severamente fragmentado. Bernardis advirtió que, en caso de confirmarse la victoria de Roberto Sánchez, el panorama legislativo será sumamente complejo y adverso para el Ejecutivo. El analista detalló que el Fujimorismo retendrá el control de aproximadamente dos tercios de cada cámara parlamentaria. Por su parte, la coalición oficialista de Juntos por el Perú solo contará con un tercio del Congreso. Esta distribución obligará a un ejercicio de negociación permanente en un marco cultural propenso a la inestabilidad. Bernardis enfatizó que la tradición política peruana suele estar marcada por coaliciones frágiles donde los aliados suelen «soltarle la mano» al presidente, desencadenando crisis institucionales recurrentes en un país que tuvo ocho presidentes en la última década.
El Banco Central, bajo la lupa. Uno de los ejes económicos que genera mayor expectativa es el posicionamiento del nuevo gobierno respecto al Banco Central Peruano. Durante los últimos diez años de crisis políticas continuas, la autonomía de la autoridad monetaria funcionó como el principal amortiguador económico, garantizando una senda de estabilidad y crecimiento relativo. Sánchez mantuvo un discurso de fuertes críticas hacia la entidad monetaria durante gran parte de la campaña, pero en las últimas semanas giró hacia posiciones más moderadas. Con el objetivo de captar el voto de centro, el candidato se comprometió a respetar la autonomía de la institución. Incluso, avaló la continuidad de directivos históricos que llevan más de una década en sus funciones. Para el analista, este será el indicador clave para determinar si la economía peruana mantendrá su rumbo estable o ingresará en una fase de crisis.
Pragmatismo comercial. En el plano internacional, un eventual gobierno de Juntos por el Perú implicaría un aislamiento ideológico notable en la región, dado el predominio de mandatarios de signo político contrario en los países vecinos. Con Chile gobernado por Kast, Argentina por Milei, Bolivia por Rodrigo Paz y Ecuador por Daniel Noboa, el único aliado de peso para Sánchez en el Cono Sur sería el mandatario brasileño Lula da Silva. A pesar de este entorno complejo, Bernardis matizó los riesgos de un aislamiento diplomático basándose en la tradición de la política exterior peruana. El especialista concluyó que la diplomacia de Lima suele ser sumamente pragmática y centrada en la agenda comercial, lo que previsiblemente facilitará la continuidad de los lazos económicos bilaterales más allá de las marcadas diferencias ideológicas de los líderes regionales.
