Rubén Tato, de 82 años, es uno de los fundadores de Rosario Autos Sport y cuenta cómo nació y evolucionó la comunidad de autos antiguos en la ciudad.
En Rosario, la afición por los autos antiguos se ha transmitido durante décadas. Rubén Tato, de 82 años, es uno de los fundadores de Rosario Autos Sport (RAS) y continúa dedicando parte de su tiempo a los vehículos clásicos y a la comunidad que ayudó a crear.
“Esta pasión se fue contagiando. Somos fierreros porque soy técnico mecánico, mi hijo también es técnico mecánico. Siempre digo que los fierros unen grupos porque nos vamos juntando con gente que tiene esta pasión tan transparente”, declaró Tato en diálogo con La Capital.
Hace más de 50 años, según Tato, solo “cuatro locos” buscaban un espacio para dedicarse a esta afición. Desde entonces, la comunidad de fanáticos de los autos antiguos creció y se consolidó.
El origen de Rosario Autos Sport
La historia personal de Tato con los autos antiguos comenzó hace décadas. “Yo andaba buscando un auto, un autosport, y siempre veía los Triumph y los MG. Estaba enamorado, los veía pasar por Córdoba y Sarmiento, donde estaba una pizzería que se llamaba Juven, muy famosa en Rosario, y ahí guardaba el Triumph TR3, que actualmente tengo, Alfredo Rouillón”, afirmó.
Rouillón, a quien Tato define como un ícono de la ciudad, tenía el vehículo vendido a Jaime Nesis. Sin embargo, ante la demora, Rouillón se lo ofreció a Tato, quien compró el auto. Al enterarse, Nesis visitó a Tato y, en lugar de generar un conflicto, nació una amistad que luego daría origen al club. “Jaime quiso comprarme el Triumph. Yo le dije: ‘No, no lo vendo, recién lo compro. Voy a ir si lo empiezo a restaurar’. Le di un montón de datos que tenía de Buenos Aires y a partir de ahí nos hicimos amigos, hicimos una amistad grande incluso con nuestras familias”, sostuvo Tato.
El inicio de la comunidad
Tato y Nesis comenzaron a reunir a quienes tenían autos antiguos en el Monumento a la Bandera. “Empezamos a reunirnos todos los que tenían un auto antiguo en el Monumento”, detalló Tato. De esos encuentros surgió la idea de formar un club para obtener la patente histórica, ya que “no podíamos circular libremente con los autos que estaban todos en original, no tenías balizas y un montón de cosas que en ese momento eran reglamentarias para circular en la ciudad”.
“Empezamos a buscar autoridades que nos dieran esa posibilidad y no se dio. Nuestros hijos mamaron todo eso que nosotros queríamos hacer. Se fue grabando desde chiquito en ellos. Había un montón de gente, con nuestros hijos, y nosotros ya claudicamos cansados, pero ellos vivieron todo esto y empezaron a remar”, afirmó Tato. “Ellos le dieron manija, tuvieron más suerte que nosotros. Lograron reunir gente de la municipalidad y nosotros lo que pretendíamos era la patente histórica para circular. Lo lograron porque se formó el famoso club Rosario Autos Sport, y seguimos con las ganas de que la ciudad tenga un museo”, agregó.
Sacrificios por la pasión
Rubén relató un episodio en el que su Triumph estuvo a punto de ser vendido por necesidades económicas. “Llegó un momento que queríamos comprar una casa y no llegábamos con la plata. Mi señora me dijo: ‘Bueno, Rubén, lo siento, vamos a tener que vender el Triumph’. No podíamos, la casa era más importante, pero era un dolor en el alma”, recordó. Finalmente, decidió no venderlo y solicitó un crédito en una cooperativa. “Eso nos salvó porque mucha gente dice: ‘Yo tenía un auto así y lo vendí porque necesitaba la plata’. Era la necesidad, pero ese auto, el Triumph que tenemos, es espectacular. Me la jugué y no lo vendimos”, aseguró.
Cambios en el perfil del coleccionista
Con el paso del tiempo, el perfil del coleccionista se modificó. “Yo trabajaba en una fábrica, era mucha lucha y eso es el potencial de este club porque nosotros somos todo tipo de laburo. Lo que cambió es eso. Los que nosotros seguimos teniendo los autos somos unos ‘secos’ y laburamos. Tengo 82 años y sigo laburando. Hay autos exclusivos en Rosario, que valen una fortuna. Nuestro club se diferencia por eso, nos enfocamos en juntar gente transparente, gente que lucha, que se arrienda los autos”, expresó Tato.
Edison Tato, hijo de Rubén, aportó una mirada contemporánea: “El grupo se armó con algunas premisas. Una es para movilizar los autos, la otra es pasarla bien y rodearnos de buena gente. No negociamos esto último porque entendimos que la forma de que el club sea sostenido en el tiempo era si realmente nosotros teníamos ganas de juntarnos más allá de los coches”. Además, señaló que el hobby mutó hacia algo “fashion” o “cheto” en ciertos sectores, pero destacó que en Rosario Autos Sport la calidad humana sigue siendo la prioridad.
