Un referente del sector estimó que los vehículos de plataformas como Uber y Didi ya superan ampliamente a las unidades de servicio público activas. El debate sobre la regulación de estas aplicaciones sigue abierto en la ciudad.
Pasado más de un año y medio sin adecuarse a la normativa local, el uso de Uber y otras aplicaciones de transporte en Rosario continúa en expansión. Según estimaciones de la Cámara de Titulares de Taxistas de Rosario (Catiltar), los autos de plataformas duplican la cantidad de taxis que actualmente prestan servicio en la ciudad.
El tesorero de Catiltar, José Iantosca, señaló que actualmente «se hacen más viajes en aplicaciones» que en el sistema regulado por la Municipalidad. En declaraciones a LT8, explicó que solo el 50% de los taxis habilitados está operativo, mientras que los autos de aplicaciones serían entre 4.000 y 5.000 unidades, aunque no todos trabajan las 24 horas.
Iantosca también indicó que el transporte urbano de pasajeros (colectivos) se ha visto afectado por el crecimiento de las plataformas no reguladas. «El colectivo está perdiendo 50 mil viajes por día, de los cuales 20 o 25 mil se los lleva Uber y los demás deben ser por la caída de la actividad económica», afirmó.
El representante de los taxistas reconoció que la pérdida de poder adquisitivo influye en la elección de los usuarios. «La mayoría de la gente que toma Uber no es gente que se pueda tomar un taxi», manifestó. Asimismo, señaló que la demanda del servicio público «volvió a caer un 20 o 30 por ciento» desde abril, y que mayo fue un mes particularmente difícil.
El debate local se reavivó a raíz de un fallo de la Justicia porteña que dispuso que los conductores de aplicaciones en CABA deberán contar con licencia profesional y un seguro equiparable al del servicio público. Iantosca consideró que la sentencia es importante porque rechaza la definición de los viajes de Uber como servicio de transporte privado y porque insta a la ciudad a controlar la situación.
«El taxista quiere seguir siendo taxista y no quiere ser un auto de aplicación. No es porque seamos caprichosos y no nos queramos modernizar, sino porque sabemos que no es rentable. La ganancia se la llevan los demás, rompe el mercado interno y genera fuga de capitales», concluyó Iantosca.
