lunes, 2 marzo, 2026
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De la Patria Mía: la cuarta edición del festival convocó a más de 30 mil personas en el parque Independencia

El Predio Ferial Parque de la Independencia (ex-Rural) vivió una fiesta en la última edición del festival De la Patria Mía. Un día después de la conmemoración de al creación de la bandera nacional, más de 30 mil personas se acercaron a celebrar las raíces populares.

Con dos escenarios, la cartelera de este 2026 combinó la frescura de nuevos valores con la jerarquía de consagrados. Campedrinos y Cuti y Roberto Carabajal fueron los encargados de ponerle el broche final a la noche pero, al margen de las centralidades, la fiesta fue participativa: todos los presentes formaron parte de un gran baile colectivo.

Sonidos y costumbres santiagueñas, correntinas y salteñas confluyeron en esta cuenca de agua dulce que regala el Paraná. Por su parte, el infaltable Monchito Merlo desató la algarabía chamamecera. Fue allí donde se sintió con fuerza el Jeroky Ñembo’e —voz guaraní que define ese rezo que se baila—, una expresión cargada de historia que aflora con potencia en cada sapucay.

Palabras mayores para la destreza del violín que agita Leandro «Lele» Lovato. Por suparte, Ricardo Palavecino relució la elegancia litoraleña y pidió a la gente “que tire los pasos prohibidos”.

La escena local y emergente demostró su vigencia con las voces de Juliana Zalazar junto al Grupo Resplandor, Valentina Da Silva, Lupe Ferreyra «La Chicharrita» y el Dúo Tacuara, mientras que el empuje joven de Facu Arcec, Areté, Darío Duré e Ine Maguna confirmó que el folclore está más que firme. La danza tuvo su espacio vital con Proyecto Nómade, y el ritmo se diversificó con las propuestas de Mario Gerez, Cintia Klucz y Los Tabaleros, completando un abanico que no dejó ningún rincón del predio sin música.

Los talleres de Introducción a las Danzas Folclóricas fueron un éxito rotundo. Entre las 19 y las 22 horas, cientos de personas se sumaron a las clases abiertas de gato, zamba, milonga y chamamé. El evento se transformó en una enorme peña a cielo abierto bajo una luna brillante que recordaba a los paisajes abiertos del norte del país.

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La fiesta siguió en las peñas

Cuando las luces del Parque Independencia comenzaron a atenuarse, la mística se trasladó a los clubes. La Trasnoche Patria activó un circuito peñero en espacios como El Aserradero y el Instituto Martín Fierro.

En estos rincones se terminó de cristalizar la idea de lo colectivo. Como sostenía Atahualpa Yupanqui, el folclore no es un catálogo de cosas muertas sino el alma misma de un pueblo en movimiento; bajo esa luz, el corazón de los presentes sirvió de antorcha para iluminar lo que viene.

Esa belleza no estuvo solo en el escenario, sino en la mirada colectiva de una Rosario que se reconoce en sus múltiples aficiones y géneros.

Un espacio que se convirtió en un clásico

Organizado conjuntamente por la Municipalidad de Rosario y el gobierno de Santa Fe. A tres años de su creación en 2023, el evento demuestra que la cultura no se queda estática. Rosario, una vez más, se posicionó como una ciudad que entiende que la identidad es un movimiento constante y que, en la diversidad de esas expresiones, reside la mayor riqueza.

En este marco de celebración, el intendente Pablo Javkin destacó la importancia de profundizar una política cultural basada en la cercanía y la gratuidad. Para el mandatario, el objetivo es consolidar un “concepto de la cultura abierta, popular”, bajo la premisa de que la ciudadanía pueda sentir y palpar las expresiones artísticas sin necesidad de enfrentar un costo excesivo que se lo impida.

Javkin recordó cómo fue la génesis del festival: “Rosario es muy del palo del folclore pero no tenía un festival; quisimos usar una fecha muy importante como es el izamiento de la bandera e identificarla con un festival folclórico”. Al observar la multitud, el intendente subrayó la autenticidad del encuentro: “Estoy muy contento porque lo veo crecer; es muy genuino ver a la gente ahí bailando y creo que es lo más lindo que tiene, muestra todo lo que es el folclore en la ciudad”.

Por su parte, el secretario de Cultura y Educación, Federico Valentini, destacó el impacto de esta cuarta edición en una Rosario que, según sus palabras, «se respira distinto». El funcionario celebró la respuesta masiva a las propuestas gratuitas y el trabajo conjunto entre los distintos niveles del Estado. «Vivimos un gran fin de semana en Rosario con la cultura pública muy presente», señaló Valentini, precisando que el evento convocó a más de treinta mil personas de todos los barrios y de diversas localidades vecinas, atraídas por una grilla que combinó la potencia de artistas locales con figuras como Campedrinos, Los Tabaleros y Cuti y Roberto Carabajal.

Como bien supo reflexionar el Chango Spasiuk —quien pasó por este mismo festival hace dos años—, la tradición suele ser un concepto tergiversado; sin embargo, en Rosario se entendió que no se trata de algo mecánico sostenido en el tiempo, sino de una fuerza vivificadora. El festival y la cultura representan ese «fuego» del que habla el artista misionero, que invita a habitar plenamente el presente.

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