El dato fue difundido por Unicef Argentina y muestra una reducción respecto del pico de 2024, aunque el organismo advierte sobre riesgos de reversión en 2026.
En el segundo semestre de 2025, el 42,3% de las niñas, niños y adolescentes en Argentina vivía en hogares pobres, mientras que el 9,4% se encontraba en situación de indigencia o pobreza extrema. Así lo informó Unicef Argentina este martes.
Según el organismo, estos valores continúan la tendencia descendente iniciada en 2024 y representan una reducción importante respecto del máximo alcanzado en el primer semestre de ese año, cuando la pobreza llegó al 67,1% y la pobreza extrema al 27,3%. Sin embargo, Unicef señaló que el nivel sigue siendo elevado y que la mejora es frágil, por lo que requiere evitar que se revierta.
El informe distingue entre pobreza por ingresos y privación no monetaria. En 2025, una proporción importante de niños y niñas continúa presentando privaciones no monetarias, aun cuando la pobreza monetaria descendió.
La brecha de pobreza de los hogares con niños se ubicó en 34,4%, el valor más bajo de la serie, mientras que la brecha de pobreza extrema alcanzó el 32%. Esto indica que los hogares pobres con presencia de menores se encuentran, en promedio, más cerca de la línea de pobreza que en años anteriores, aunque los hogares indigentes todavía presentan una distancia considerable respecto de la canasta básica alimentaria.
La pobreza se concentra con mayor intensidad en hogares con bajo clima educativo, inserciones laborales precarias, residencia en barrios populares y configuraciones familiares con mayores cargas de cuidado. En 2025, la pobreza alcanza al 68,8% de niños y niñas en hogares con clima educativo muy bajo, al 68,3% de quienes residen en barrios populares y al 74,8% de quienes viven en hogares donde la persona de referencia está desocupada.
Unicef también destacó que los hogares monoparentales con jefatura femenina enfrentan una exposición elevada a la pobreza, asociada a la combinación de menor cantidad de adultos perceptores de ingresos, mayores responsabilidades de cuidado y restricciones para ampliar la participación laboral remunerada.
En cuanto a las transferencias monetarias, el organismo indicó que tienen un efecto más intenso sobre la pobreza extrema que sobre la pobreza total. La Asignación Universal por Hijo (AUH), la Prestación Alimentar y otros apoyos contribuyen a evitar que una parte de los hogares caiga por debajo de la línea alimentaria.
De cara al primer semestre de 2026, Unicef estima un aumento de la pobreza infantil cercano al 44,4% y de la pobreza extrema al 10,8%. Estos valores permanecen por debajo del pico de 2024, pero muestran una reversión parcial de la mejora reciente.
El informe concluye que las políticas de protección de ingresos son necesarias para sostener pisos básicos, pero su impacto aumenta cuando se articulan con intervenciones focalizadas en los perfiles de mayor exposición y con políticas sectoriales orientadas a privaciones estructurales.
