Gustavo Spina, técnico del Hospital de Simulación de la UNR, combina su labor universitaria con la restauración de columnas y maquetas para sostener a su familia, en un contexto de ajuste presupuestario.
Gustavo Spina, de 52 años, es una pieza clave en la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario. Encargado del Hospital de Simulación, es uno de los siete técnicos a nivel nacional capacitados para esa área, y el único que crea simuladores para prácticas estudiantiles. Sin embargo, su salario no alcanza y debe realizar trabajos adicionales fuera de la universidad.
Nacido en Rufino, llegó a Rosario hace más de 30 años y se formó en la misma facultad donde hoy trabaja. Allí conoció a su esposa, Moira Prados, también técnica del hospital. Juntos fabrican simuladores en horarios nocturnos para pediatría y neonatología.
En sus tiempos libres, Spina restaura columnas de cemento o yeso de estilos jónico, dórico o corintio, y también se dedica a la restauración de pisos antiguos y murales al fresco. Entre sus trabajos destaca la restauración ad honorem del San Miguel Arcángel de la Iglesia del Hospital Centenario.
Además, cuida a su madre, que está postrada en cama. «Los fines de semana estoy de un lado para otro», comenta. La situación económica de la universidad pública, con una caída del 45,6% en transferencias según el rector Franco Bartolacci, afecta directamente a trabajadores como Spina, que buscan alternativas para subsistir.
