El gobierno provincial y municipal implementan un plan integral que combina seguridad, obras públicas y recuperación del espacio público en zonas críticas de Rosario.
La ciudad de Rosario, marcada por años de violencia vinculada al narcotráfico, comienza a transitar un camino de recuperación con el denominado «Plan de Pacificación». Se trata de una iniciativa que articula los tres poderes del Estado para transformar la realidad en los barrios más castigados.
«Nos dicen irónicamente que hacemos placitas, pero no entienden que eso es un eslabón más en la tarea por recuperar el terreno que lamentablemente habían ganado los delincuentes», señaló un funcionario municipal que participa del diseño del plan.
El barrio Los Pumitas, en la zona noroeste de Rosario, es uno de los sectores emblemáticos. Allí, el 5 de marzo de 2023, el niño Máximo Jerez, de 11 años, murió al recibir un disparo en el pecho mientras jugaba en la vereda, en medio de un tiroteo entre bandas que disputaban el narcomenudeo. Tres de sus primos también resultaron heridos. Al día siguiente, una pueblada destruyó presuntos búnkers de drogas y fue necesario el despliegue de fuerzas federales.
Un año después, el 5 de marzo de 2024, una serie de crímenes contra trabajadores en sus puestos de empleo —dos taxistas, un colectivero y un playero de estación de servicio— sumió a la ciudad en el shock. El gobierno provincial atribuyó esos atentados al endurecimiento de las condiciones carcelarias de presos de alto perfil.
Desde entonces, se conformó un comando unificado de fuerzas federales y se estableció un intercambio de información entre municipio, provincia y Nación. Tras una primera etapa de despliegue policial y reducción de la violencia, ahora se inicia la fase de obras estructurales: pavimento definitivo, apertura de calles y creación de espacios verdes. Incluso está previsto el desmantelamiento de un estadio de fútbol para dar lugar a nuevas plazas.
«Las plazas generan apropiación. La gente se reúne en ellas, vuelve a estar en sociedad», explican desde los despachos oficiales. Un dato relevante es que, en el ejido urbano, los paredones pintados con los colores de la bandera argentina y las Islas Malvinas no son vandalizados, lo que sugiere un respeto por esos símbolos patrios.
El plan abarca sectores como Empalme Graneros, Larrea, Cotar, Mangrullo y los accesos a la autopista a Buenos Aires. Sin embargo, la experiencia previa dejó lecciones: en la Zona Cero, hacia Ybarlucea, la relocalización de familias sin un adecuado manejo de la información de calle facilitó el traslado de bandas del noroeste a la zona sur. «Es como que se esparció una mancha de aceite», admitió una fuente consultada.
Ahora, las licitaciones están próximas a lanzarse, con el objetivo de intervenir en zonas donde hubo ausencia estatal. La mirada puesta en estos barrios se concibe como una política de Estado que, según los funcionarios, no debería tener grietas.
