En el corazón del barrio de Chacarita, donde el sonido de las herramientas se mezcla con el aroma a nogal y eucalipto, Dolores ‘Loli’ Mallea da forma a la madera. Arquitecta de formación y ebanista por vocación, su taller es un espacio donde convergen el diseño, el arte y la artesanía. Allí, piezas que van desde sillas y mesas hasta tótems escultóricos toman vida, reflejando un profundo respeto por el material y las técnicas ancestrales.
Un camino forjado entre el campo y el taller
La conexión de Mallea con los materiales y los procesos tiene raíces en su infancia en Corrientes. Acompañando a su padre, ingeniero agrónomo, aprendió a observar las señales de la tierra, una habilidad que luego trasladaría a su relación con la madera. «Aprendí cosas que no están en los libros, sino en la observación, en la percepción del cuerpo», reflexiona. Su camino formal comenzó en la FADU-UBA, pero fue en un taller de Brooklyn, en 2010, donde descubrió su verdadera pasión: la posibilidad de construir con sus propias manos lo que diseñaba.
Sur del Cruz: un polo creativo en Chacarita
Desde 2014, su estudio ‘Sur del Cruz’ funciona como taller y showroom en la Avenida Jorge Newbery. Este espacio se ha integrado a un polo creativo que ha transformado la zona, antes dominada por galpones y talleres mecánicos. Allí, Mallea comparte el entorno con otros diseñadores, incluido su esposo, el diseñador industrial Tasio Picollo. El lugar es una experiencia sensorial completa, donde se pueden ver, oír y oler el proceso de creación.
De la reflexión conceptual a la pieza tangible
La obra de Mallea no se limita a la fabricación de muebles. Abarca desde pequeños objetos, como cepillos de crin de caballo modelados a mano, hasta investigaciones profundas sobre materiales autóctonos. Series como sus tótems, inspirados en los mojones que demarcan la tierra en la provincia de Buenos Aires, invitan a reflexionar sobre límites, territorio y subjetividad. «Son límites invisibles reinterpretados en nuevos artefactos de demarcación», explica la arquitecta.
Transmisión y proyección internacional
El compromiso de Mallea con la revalorización del oficio se extiende a la pedagogía. Ha compartido sus conocimientos en contextos tan diversos como una unidad penitenciaria en San Martín y prestigiosas instituciones como el Cranbrook Art Institute en Detroit. Su mirada experta también ha sido requerida como consultora para el Banco Interamericano de Desarrollo en proyectos de vivienda social.
Su reconocimiento es internacional: sus piezas han formado parte de exposiciones en el Museo de Antropología de Ciudad de México, en el Malba y en la Fundación PROA, dentro de la muestra ‘¡Aquí Estamos! Mujeres en el Diseño’. Para Mallea, el oficio del ebanista implica un entendimiento íntimo del material, una sabiduría que se anticipa con las manos y que, en sus manos, se traduce en piezas con una personalidad y una historia únicas.
