La causa judicial que investiga la presunta sustracción de casi dos centenares de vacas en Santa Teresa se encuentra bajo una nueva luz. Lo que comenzó como una denuncia de abigeato realizada por un influyente creador de contenido agropecuario, ahora es analizado por la Justicia de Santa Fe como un posible conflicto comercial entre socios.
De la denuncia viral a la investigación judicial
Bruno Riboldi, una figura con amplio seguimiento en redes sociales bajo el seudónimo «La Joya Agro», generó una gran repercusión al denunciar públicamente el robo de 190 animales. Sin embargo, el expediente judicial acumula elementos que contradicen la versión inicial. El fiscal Ramiro Martínez investiga la presunta comisión de un delito de defraudación por abuso de confianza.
Los chats que cambiaron la perspectiva del caso
La defensa del productor agropecuario Nicolás Coscia, principal imputado, aportó al caso una serie de conversaciones de WhatsApp. Estos intercambios evidencian un vínculo comercial entre ambas partes, que Riboldi había presentado públicamente como una simple relación de servicio de engorde. Los mensajes sugieren un acuerdo de capitalización conjunta, donde una parte aportaba el ganado y la otra el campo y la gestión.
En las comunicaciones, fechadas en febrero, el influencer presionaba a Coscia para obtener dinero de manera urgente. «Ahí en el medio necesito toda la plata sí o sí. Porque mi viejo no está al tanto de esta deuda», escribió Riboldi en uno de los mensajes más reveladores. En otro fragmento, agregaba: «Confío en vos 100% y en la amistad que tenemos… si esto sale a la luz mi viejo me liquida».
Inconsistencias en los números y el hallazgo del ganado
La investigación encontró otras discrepancias. Un informe veterinario del 4 de febrero constató la presencia de solo 161 cabezas en el campo de Santa Teresa, una cifra menor a la denunciada. Posteriormente, la Guardia Rural Los Pumas localizó y recuperó exactamente 161 animales con la marca de Riboldi en un feedlot de Chabás.
El comprador de ese ganado declaró haber actuado de buena fe, lo que fortalece la hipótesis de que se trató de una venta y no de un robo. Esta teoría se ve reforzada por la delicada situación financiera de Coscia, quien arrastra deudas millonarias y una lista de cheques rechazados.
Las acusaciones cruzadas y el rol de las redes
En los mensajes presentados como prueba, Coscia acusa directamente a Riboldi de fabricar una historia falsa. «Armás una terrible novela», le escribió, calificándolo además de «terrible mentiroso». La Justicia analiza si el influencer, con más de tres millones de seguidores, utilizó su alcance mediático para presionar en una disputa privada.
Mientras tanto, Riboldi mantiene en sus redes sociales que aún faltan 29 animales y niega categóricamente haber sido socio de Coscia. El tribunal santafesino deberá ahora determinar si los hechos constituyen un delito contra la propiedad o un conflicto comercial que derivó en una denuncia penal.
