viernes, 13 febrero, 2026
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La ley del más fuerte no es libertad, es retroceso

Por Fabián Montaño – Secretario General de APOPS

La historia argentina nos muestra algo sencillo: cada vez que se hace más barato despedir, no se crea más empleo, se crea más miedo. Cada vez que se flexibilizan las condiciones laborales, no aumenta la productividad; aumenta la desigualdad. Y cada vez que se debilita al sindicato, no se fortalece la libertad; se fortalece el abuso.

Esta reforma no es técnica. Es ideológico. Parte de una premisa peligrosa: que el problema de la Argentina son los derechos laborales y no la especulación financiera, la evasión o la concentración económica.

Reducir indemnizaciones, relativizar multas por incumplimientos, debilitar la ultraactividad de los convenios colectivos, ampliar períodos de prueba y promover esquemas que fragmentan la relación laboral no es “actualizar el mercado de trabajo”. Es precarizarlo.

Nos dicen que es para «crear empleo». Pero el trabajo no surge de la eliminación de derechos: surge de un modelo productivo, de crédito accesible, de consumo interno robusto, de un Estado que planifique desarrollo. Ninguna reforma laboral por sí sola genera empleo. Lo que sí puede generar es una nueva generación de trabajadores más precaria, más explotada y con menos futuro.

Aquí no está en juego un artículo, no está en juego un inciso. Es el juego de poder en el mundo laboral. Es el poder de los trabajadores de negociar en términos de igualdad con el capital. Es el principio de que el trabajo no es una mercancía, sino un derecho social.

Desde el movimiento obrero tenemos grandes retos por delante.

Primero, mantener la unidad. Ningún sector está a salvo. La dispersión sirve a los intereses de quienes desean sindicatos débiles y trabajadores aislados.

Segundo, modernizar nuestras herramientas organizativas. El mundo laboral se transformó: nuevas formas de contratación, nuevas tecnologías, nuevas formas de producción. Pero modernizar no es ceder derechos, es ampliarlos para que nadie quede afuera.

Tercero, librar la batalla cultural. Durante años se vendió la idea de que los derechos laborales son un privilegio. No lo son. Son conquistas construidas sobre la base de lucha, negociación y acuerdos democráticos. Sin derechos laborales no hay clase media, no hay movilidad social, no hay estabilidad económica.

En APOPS sabemos cómo luchar por derechos en situaciones difíciles. Ya sabemos que la previsión social, el empleo público, los sistemas solidarios siempre son la primera variable de ajuste. Por eso decimos con claridad: debilitar al trabajador hoy es debilitar al jubilado mañana.

La Cámara de Diputados todavía tiene la obligación histórica de detener esta reforma. Y no es una cuestión menor. Es el modelo de país que queremos construir: un país donde el trabajo sea la variable de ajuste o un país donde el trabajo sea el motor de desarrollo.

No estamos en contra del cambio. Nos negamos a retroceder.

No abogamos por privilegios. Defendemos la dignidad.

El movimiento obrero argentino ha enfrentado momentos más duros que este.

Y siempre estuvo a la altura.

Hoy, una vez más, estamos en pie. Porque cuando se tocan los derechos laborales, no se toca una ley: se toca la vida de millones de familias.

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