domingo, 18 enero, 2026
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La práctica milenaria que uno debe implementar al menos una vez al año por sus múltiples beneficios para la salud

La ciencia recientemente le puso nombre a una práctica milenaria que conjuga el bienestar y naturaleza: el “ejercicio azul”. Este concepto agrupa toda actividad física realizada en ambientes acuáticos naturales, desde nadar o surfear hasta un simple paseo por la costa. Lo distintivo es la fusión de movimiento, contacto con la naturaleza y, en muchos casos, el agua salada, que en conjunto ofrecen beneficios significativos para la salud física, mental y emocional.

El mero hecho de visualizar el color azul del océano o sentir la arena tibia bajo los pies ya genera una sensación de tranquilidad, un poder para el bienestar que incluso podría considerarse una rama de las disciplinas terapéuticas. Sin embargo, los beneficios del “ejercicio azul” van más allá de lo sensorial, ya que actúa como un espacio de entrenamiento y renovación. Estudios recientes confirmaron sus efectos psicológicos y fisiológicos: reduce el estrés, mejora el estado de ánimo, aumenta la motivación y facilita una profunda desconexión mental.

La conexión con el mar trae calma y reduce el estrés (Foto: Freepik)

Mat White, psicólogo ambiental y pionero en este campo de investigación, demostró en 2010 con sus colegas que las personas calificaban los entornos con elementos acuáticos como más atractivos y reconfortantes. Este estudio, citado extensamente, impulsó el actual movimiento de investigación sobre los “espacios azules”.

Al pisar la arena, la mente entra en un estado que los psicólogos ambientales llaman “restauración de la atención”: una relajación donde se percibe el entorno de forma más suave y menos exigente cognitivamente. Las investigaciones iniciales de White, basadas en 4255 encuestados en Inglaterra, concluyeron que la playa y el mar superaban a bosques y montañas en su capacidad para evocar estos sentimientos de restauración mental.

Catherine Kelly, autora del estudio “Blue Spaces: How and Why Water Can Make You Feel Better”, atribuyó esta superioridad a la escala de las playas. La científica explicó que en esos entornos “se nos invita de una manera natural a dirigir nuestra atención hacia el horizonte”. “Hay una sensación de asombro, en la que obtenemos perspectiva sobre nuestros problemas y nos sentimos parte de algo más grande que nosotros mismos”, aclaró. Esta emoción de asombro, al conectar con algo vasto, es conocida por reducir el estrés, dar sentido de propósito y fomentar acciones desinteresadas.

Al entrar en contacto con el agua, se produce un fenómeno conocido como restauración mental (Foto: Freepik)

Más allá de la calma mental, la cercanía al agua estimula la actividad física. Investigaciones sugirieron que los paisajes costeros promueven el ejercicio y sus numerosos beneficios. Aunque la intensidad del ejercicio puede ser mayor en espacios verdes, un estudio de 2020 en Environmental Research encontró que las personas tienden a ejercitarse por más tiempo en el “gimnasio azul”, posiblemente al percibir el paso del tiempo de forma diferente junto al agua.

Esta prolongada actividad física, combinada con el alivio del estrés que brinda la costa, contribuye a mejorar la calidad del sueño. Un análisis de 2024, que examinó datos de 18.838 adultos de 18 países, reveló que las visitas más frecuentes a espacios azules y verdes se correlacionan con una menor probabilidad de sufrir insomnio o dormir menos de seis horas diarias.

La “salud azul” es el concepto que engloba los beneficios físicos y psicológicos derivados del contacto con entornos acuáticos. Desde el mar hasta un río o una fuente, el simple hecho de escuchar el sonido de las olas, observar el reflejo del agua o sentir la brisa marina puede reducir drásticamente los niveles de estrés, disminuir la ansiedad y potenciar la concentración, impactando directamente en el bienestar de la persona.

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