viernes, 16 enero, 2026
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A un año de la muerte de David Lynch: cómo «Twin Peaks» cambió la forma de hacer televisión

El 2025 marcó un antes y un después para la cinematografía mundial con el fallecimiento de David Lynch. Hoy, al cumplirse el primer aniversario de su partida, el vacío que dejó el cineasta no se siente como un silencio, sino como un zumbido eléctrico, similar al que impregnaba las escenas de sus películas.

Lynch no solo fue un director; fue el creador de un adjetivo: «Lynchiano», una palabra que el diccionario utiliza para describir esa intersección exacta entre lo cotidiano y lo perturbador, entre el sueño y la vigilia.

Si hay una obra que sintetiza su genio y su capacidad para alterar el ADN de la cultura popular, esa es, sin duda, Twin Peaks. Estrenada el 8 de abril de 1990, la serie no solo revolucionó la pantalla chica, sino que demolió las paredes de lo que se consideraba «posible» en la televisión comercial, consolidando a Lynch como el gran narrador de lo onírico y lo macabro.

La génesis de una visión: antes de Twin Peaks

Para entender el impacto de la serie, es imperativo recordar el universo que Lynch ya había cimentado. No surgió de la nada; Twin Peaks fue la destilación de décadas de experimentación. Su debut, Eraserhead (1977), fue un grito surrealista en blanco y negro que exploraba los miedos a la paternidad y la industrialización de forma visceral. Aquella película de culto ya mostraba su fascinación por lo grotesco.

Luego llegó la consagración con El Hombre Elefante (1980), donde Lynch demostró que, tras su amor por lo extraño, latía un corazón profundamente humanista, capaz de encontrar belleza en la deformidad y la tragedia. Incluso en proyectos accidentados como Dune (1984), su ambición estética era innegable. Pero fue Blue Velvet (1986) la que sentó las bases directas de Twin Peaks: esa exploración de la podredumbre oculta bajo el césped perfecto de los suburbios estadounidenses. Sin Jeffrey Beaumont descubriendo una oreja cortada en un prado, no hubiéramos tenido al Agente Cooper investigando el cadáver de Laura Palmer.

David Lynch Twin Peaks

El terremoto televisivo de 1990

La llegada de Twin Peaks a la cadena ABC fue un evento sísmico. En una era dominada por la previsibilidad de las sitcoms y los dramas policiales de resolución inmediata, Lynch y su colaborador fundamental, el guionista Mark Frost, presentaron algo audaz. Frost fue la «pata de tierra» necesaria para el vuelo de Lynch; su estructura narrativa permitió que las visiones abstractas del director se convirtieran en un fenómeno de masas.

La premisa parecía sencilla: «La serie sigue la historia del agente del F.B.I. Dale Cooper, enviado al pueblo ficticio de Twin Peaks para investigar el asesinato de la popular estudiante Laura Palmer». Pero tras esa fachada de whodunnit (¿quién lo hizo?), se escondía un laberinto de dimensiones paralelas, logias blancas y negras, y una crítica mordaz a la doble moral de la sociedad.

La pregunta «¿Quién mató a Laura Palmer?» se convirtió en un mantra nacional. Estados Unidos y el mundo entero se obsesionaron con las teorías. El impacto se trasladó a la vida diaria: el consumo de café negro («malditamente bueno») y pastel de cereza se disparó, y la estética retro de la serie influyó en la moda de toda una década.

Una sinfonía para el inconsciente: Badalamenti y el elenco

Es imposible separar la imagen de Twin Peaks de su sonido. La banda sonora de Angelo Badalamenti no era solo acompañamiento; era un personaje más. Con sus sintetizadores etéreos y sus notas de jazz oscuro, la música de Badalamenti evocaba una belleza dolorosa. El tema principal es, hoy en día, una llave que abre las puertas de la nostalgia y el misterio instantáneamente.

A este apartado técnico se sumó un elenco que rozó la perfección. Kyle MacLachlan creó en Dale Cooper a un héroe atípico: un hombre de ley que confiaba más en sus sueños y en el budismo tibetano que en la balística. Junto a él, figuras como Sheryl Lee (la eterna Laura Palmer), Michael Ontkean, Mädchen Amick y hasta el propio Lynch (como el sordo y entrañable Gordon Cole) dotaron a la serie de una humanidad y una excentricidad que rara vez se han vuelto a ver en conjunto.

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Del rechazo al culto: Fire Walk with Me y el mundo literario

En 1992, Lynch desafió nuevamente a su audiencia con Twin Peaks: Fire Walk with Me. La película, que funcionó como precuela, fue recibida con abucheos en Cannes por su tono oscuro y desesperanzador. Sin embargo, el tiempo —ese juez que Lynch tanto respetaba— la ha reevaluado como una obra maestra del cine de terror psicológico, destacando la inquietante aparición de David Bowie como Phillip Jeffries.

El universo se expandió también al papel, permitiendo a los fans sumergirse en la mitología desde distintos ángulos:

  • The Secret Diary of Laura Palmer (1990): Escrito por Jennifer Lynch, ofreció una mirada desgarradora a la psique de la víctima.
  • The Autobiography of F.B.I. Special Agent Dale Cooper (1991): De Scott Frost, que profundizaba en el pasado del protagonista.
  • The Secret History of Twin Peaks (2016): Donde Mark Frost conectó los misterios del pueblo con conspiraciones históricas reales.

El Retorno: el testamento final de 2017

Cuando nadie lo esperaba, 25 años después, Lynch cumplió la promesa que Laura Palmer le hizo a Cooper en la Habitación Roja: «Te veré de nuevo en 25 años». Twin Peaks: The Return (2017) no fue un ejercicio de nostalgia. Fue una demolición de la narrativa televisiva contemporánea.

Con un control creativo total sobre los 18 episodios, Lynch exploró temas de identidad, física cuántica y la naturaleza del mal. El «Episodio 8» de esta temporada es recordado hoy como uno de los hitos más importantes de la historia del arte audiovisual, una pieza de vanguardia pura emitida en horario estelar. Con The Return, Lynch reafirmó que no le interesaba dar respuestas masticadas, sino invitar al espectador a experimentar el asombro.

El legado: un mundo post-Lynch

La forma de hacer televisión cambió radicalmente tras su paso. Sin la audacia de Lynch y Frost, difícilmente habríamos tenido obras como The X-Files, The Sopranos, Lost, Dark o la reciente Severance. Él introdujo la noción de la «serie de autor», donde la visión artística del creador prima sobre las exigencias de los anunciantes o los estudios de mercado.

Lynch nos enseñó que la televisión podía ser arte. Que podía ser ambigua, frustrante, hermosa y aterradora al mismo tiempo. En una era de contenido diseñado por algoritmos para el consumo inmediato, el legado de David Lynch se erige como un faro de resistencia. Su obra es un recordatorio de que el misterio es necesario para la vida, y que, como él mismo decía, «estamos como en un sueño».

Twin Peaks se encuentra disponible para ver a través de MUBI y Mercado Play.

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