domingo, 26 mayo, 2024
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La oficina que no vio Tinelli, visitas sin registrar y el enigma del cuadro de San Martín: 8 historias del mítico edificio de la AFA en la calle Viamonte

“Si estas paredes hablaran”, dice el dicho y quien lo invoca suele decir menos de lo que sucedió, por no poder contar todas las historias que se encierran en un lugar o porque lo que acontecido entre cuatro paredes es irreproducible.

Entre los muros del edificio de Viamonte 1366, sucedieron historias conocidas, otras poco difundidas y algunas inéditas. La habitación del último piso que fue morada de un periodista y la reunión cumbre con el líder de una barra brava, en la biblioteca del cuarto piso. Hay un cuadro de San Martín que desapareció y su búsqueda se convirtió en cuestión de Estado.

Tinelli despreció una oficina que un ignoto Chiqui Tapia le dio mejor uso. Dos dirigentes se fueron a las manos antes de una reunión y tuvieron que ser separados. Infantino fue el único presidente de la FIFA en recorrer el edificio que en los últimos años dejó de ser el centro neurálgico del fútbol argentino, que tiene ahora su epicentro en el predio Lionel Messi de Ezeiza.

Existe la posibilidad de que la AFA lo convierta en un Museo, de que sea vendido para que un tercero cumpla ese propósito o que tras su venta, un mejor negocio inmobiliario lo demuela para construir un complejo sobre los cimientos del fútbol.

El departamento en la terraza

Hay un último piso al que no se llega por ascensor. En el octavo, cuando en 1940 colocaron la piedra fundamental del edificio emblemático para el fútbol argentino, proyectaron un pequeño departamento para el casero o encargado del edificio. Cayetano Ruggieri, ex periodista del Diario Crónica y Jefe de Medios de AFA entre 2000 y 2008, se convirtió en el intendente del edificio tras enviudar y fue convocado por Grondona para mitigar el dolor. Fue, hasta poco después de 2015 el dueño del manojo de llaves del fútbol argentino y uno de los guardianes de los usos y costumbres del edificio.

La pintura de San Martín

Cuando el edificio tuvo el primer brío de modernización tras la muerte de Grondona, hubo un cuadro que durante varios días fue el centro de una escena inesperada. La intención era ubicar en el lugar del tercer piso al que se habían mudado las reuniones de comité, cuando fueron 30 los equipos de Primera División. Cuando en una de sus habituales recorridas Ruggieri advirtió la ausencia del fresco que había llegado en 1956 para reemplazar la pintura de Juan Domingo Perón -retirado en 1955- todo el edificio entró en pánico. Por primera vez en 60 años faltaba el cuadro del Libertador y hasta que lo encontraron dos días después embalado en el subsuelo, nadie hizo otra cosa que encarar la búsqueda.

Solo un presidente de la FIFA cruzó la entrada

Pero cuadro de San Martín que coronó reuniones de 19 autoridades, entre presidente e interventores de la asociación, no salió en la foto de la única visita al edificio de un presidente de la FIFA. Hasta entonces, habían llegado al país Joao Havelange y Josep Blatter, pero el brasileño había pisado suelo rosarino en 1974 y el suizo llegó hasta Sarandí, a la estación de servicio de Grondona en la que tenía una minúscula oficina en la que no cabían testigos.

La visita de Gianni Infantino al edificio de la AFA.  Foto Maxi Failla La visita de Gianni Infantino al edificio de la AFA. Foto Maxi Failla En 2017 Gianni Infantino llegó a Buenos Aires por menos de 24 horas y fue recibido por los dirigentes del fútbol argentino, después de la intervención que puso una Comisión Normalizadora, y el flamante presidente elegido por los clubes, Claudio Tapia, fue el anfitrión de una visita inédita. ¿Retiraron el cuadro del prócer? No, siempre estuvo detrás de la pantalla que en la que se proyectó un video institucional con los primeros pasos de Chiqui.

Visitas ilustres y también de otro tipo

Mucho antes de que Infantino llegara a Viamonte, el edificio recibió otra comitiva que no quedó registrada en el libro de entradas. Antes del Mundial de Sudáfrica, la biblioteca del cuarto piso fue un escenario de una reunión atípica. “Señores periodistas, desalojen la sala por favor que necesitamos hacer en este lugar una reunión privada”, dijo un dirigente de un club que, entonces y en la actualidad, se desempeñaba en la Primera B. Luego, dispuso el ingreso de al menos cuatro barrabravas, encabezados por quien era el líder de la de Independiente. Además del dirigente del ascenso, hubo otros dos de Primera –uno de ellos de los más populares- y el cónclave terminó con la presencia de Don Julio. Dicen que fue la primera vez que los barras pisaron una biblioteca, pero no la única caminaron los pasillos de la AFA.

No hacen falta barras para que se pique

La noche que el fútbol levantó su paro, dos representantes de clubes de la B Nacional se encaminaban una reunión junto con el resto. El cuello de botella frente al ingreso de a la sala de reuniones del tercero, agolpó a dirigentes, periodistas acreditados y parte del flamante staff de comunicación que el fútbol miraba de reojos, por tratarse de un equipo liderado por Marcelo Tinelli.

Otros tiempos: Tinelli y Angelici en en las Elecciones fallidas de AFA de 2016. Foto: ReuterOtros tiempos: Tinelli y Angelici en en las Elecciones fallidas de AFA de 2016. Foto: ReuterEntre el murmullo se distinguió una voz que crecía con vehemencia. “Conmigo no te hagas el piola que te cago a piñas”, le dijo el vicepresidente de Central Córdoba de Santiago del Estero, Bernardo Abruzese, quien recibió un empujón del destinatario de la advertencia: Carlos Ahumada, una suerte de gerenciador de Estudiantes de San Luis. La primera piña del santiagueño pasó cerca y si no fuese por los “Tinelli Boys”, que intercedieron para separar, la cosa hubiese terminado fea. La reunión se hizo y volvió a rodar la pelota.

Una de las pocas veces que Tinelli cruzó la entrada de Viamonte. FOTO:DYN/JAVIER BRUSCO.Una de las pocas veces que Tinelli cruzó la entrada de Viamonte. FOTO:DYN/JAVIER BRUSCO.

Tinelli y la oficina (a la) que no fue

La irrupción de Marcelo Tinelli en Viamonte fue esporádica y paradójica: pisó el edificio pocas veces aunque su deseo era manejar el fútbol argentino. Su presencia era omnisciente y creía creía en la posibilidad del manejo remoto. Llegó para “modernizar” el área de prensa y se llevó la última portada de la revista mensual que editaba la AFA. Él se puso en tapa. La única vez que la ilustró Grondona, fue post mortem.

Cuando pidió un despacho en el tercer piso, el histórico piso de la presidencia, le remodelaron una oficina minúscula en cuarto piso, dónde funciona el Consejo Federal, que por sus escasas dimensiones nunca utilizó. El que le sacó provecho fue Claudio Tapia, que todavía no aparecía en el radar del fútbol grande y comenzó a tejer una alianza con el Ascenso del Interior que le dio sus frutos tiempo después.

El «lobo» aullador

Durante algunos meses, cerca de las 19 cuando el edificio comenzaba a vaciarse tras la finalización de la jornada laboral del personal administrativo, comenzó a escucharse un aullido semejante al de un lobo. Insistente, cada día se oía el sonido característico y casi melancólico del supuesto animal aunque no hubiese luna ni estuviese llena. Conocedor de cada rincón y acaso intérprete de esas paredes que pueden hablar, a la hora señalada sonó primero el teléfono en la sala de prensa. En el visor se podía leer “presidencia”. Uno de los presentes tomó el auricular y del otro lado se escuchó la voz inconfundible de Grondona. “Tengan cuidado que hay un lobo suelto, pero no se preocupen que ya lo vamos a cazar. Buenas tardes”, dijo y nunca más se escuchó el aullido.

La casa del fútbol se llama Maradona

El primer aniversario de la muerte de Diego Maradona llegó con el reconocimiento de la AFA, que bautizó el emblemático edificio con su nombre. El 25 de noviembre de 2021 el inmueble siempre citado como Viamonte 1366, pasó a tener el nombre completo del astro. Si se concreta la venta, si la AFA deja de tener bajo su dominio catastral ese edificio, otra vez –aunque simbólicamente- el fútbol se quedará sin El Diego.

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