miércoles, 22 mayo, 2024
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Rodrigo Garro, el crack que jamás tiró la toalla a pesar de los cachetazos del fútbol: Yo antes no jugaba cuando no tenía la pelota

Hacía calor en la tarde de diciembre de 2016 en la que transcurre la escena. El protagonista, de 18 años y a nada de cumplir 19, pidió una bicicleta prestada para ir a una cita. El ciclista pedaleó con bronca y algo de tristeza hasta la sede del club Atlético de Rafaela. Una vez adentro, le firmaron casi que con desprecio un papel que destrozaba su sueño: quedaba libre.

La próxima parada, siempre en bicicleta, fue en la terminal de ómnibus para sacar un pasaje a General Pico, su ciudad natal de La Pampa. Regresó luego a la casa del amigo y compañero que le había dado asilo después de que lo sacaron de la pensión, a la que pasó a saludar con lágrimas en los ojos. Hubo también una última cena en la casa de Ángelo Martino, hoy futbolista de Newell’s.

Ya de madrugada, con la ilusión pinchada despachó un bolso y subió al micro con una mochila. Adentro estaba el pase libre. “Sinceramente, no sabía qué iba a pasar conmigo”, confiesa Rodrigo Garro, uno de los mejores futbolistas del año en la Liga Profesional. Algo parecía romperse en los esquemas del mediocampista de 25 años que estaba en la mira de Boca y acaba de ser transferido al Corinthians de Brasil.

Contrario a lo que se puede pensar al verlo jugar, a Garro todo le costó. Ese cachetazo en Atlético de Rafaela fue el más duro. Aunque no el único.

La primera experiencia dentro del fútbol de Garro fue en Independiente de Pico, el club de la ciudad. Ahí se destacó teniendo como referencia a su hermano Maximiliano y como consejero a su padre Ricardo, entrenador de distintos equipos de la liga local. A los 12 años, a Rodrigo le llegó la posibilidad de fichar en la Fundación Messi, en Rosario.

“Fui a una prueba en Newell’s y no me daban pensión. En la Fundación Messi estaba como coordinador Alberto Bulleri, que conocía a mi viejo porque habían jugado juntos, y me invitó a sumarme. También lo dijeron a mi hermano para quedarse, aunque él, que es unos años más grande, no pudo porque no le daban pensión. Y a mis viejos no les alcanzaba para pagar un alquiler en Rosario”, cuenta el enganche en diálogo con Clarín.

-¿Cómo fueron esos años en la pensión?

-Lindos, por un lado; duros, por otro. La Fundación Messi estaba asociada con el club Sarmiento y ahí jugábamos en la liga rosarina. En ese entonces para mí jugar al fútbol no era un sueño de profesión, sino una diversión. Lo que sufrí bastante fue la distancia. A mis viejos no le sobraba mucho y no podían venir tan seguido a Rosario. Todo eso me fue haciendo madurar más rápido que lo habitual. Imaginá que con 12 años íbamos solo a la escuela, ahí en el centro de la ciudad.

-¿Qué recuerdos tenés de ese tiempo?

-El trato que nos daban era muy bueno. Y nos formaron como personas y jugadores. Yo tuve de tutor a Lucas Nardi y era un adelantado. Por ejemplo, los lunes nos decía que teníamos que leer algo y el viernes lo exponíamos. Un cuento, una revista, lo que sea. Otra: si faltabas a la escuela, te hacía barrer la pensión o limpiar las pelotas. Nos enseñó más allá del fútbol. Cada tanto hablo con Matías Tissera, que estuvo conmigo en la pensión y ahora está jugando en Bulgaria, y nos acordamos de todo esto.

Garro con la pelota cerca de su zurda. Foto: Prensa Talleres. Garro con la pelota cerca de su zurda. Foto: Prensa Talleres. A los 15 años, Atlético de Rafaela se quedó con el enganche zurdo y se mudó de ciudad. Ahí sí empezarían los malos momentos para Garro. “La adaptación a las inferiores de AFA me costó. Estaba en la pensión y casi nunca me citaban para jugar, pero tampoco me podía ir a Pico porque debía tomar dos micros y era muy grande el gasto. Estuve un año sin ir a La Pampa y mis viejos pudieron venir dos o tres veces; era terrible el momento en que se despedían. A veces me encontraba solo en la pensión los fines de semana porque los que no jugaban se iban a sus ciudades, que quedaban a pocos kilómetros. Ahí se puso el traje de papá el Viejo Luis Trossero, que todavía está en la pensión: él se quedaba conmigo. Cada tanto hago videollamadas con él y le agradezco todo lo que hizo por nosotros.

-¿No jugaste nunca en Rafaela?

-En AFA, casi nada. Sí jugaba en la Liga local. Nunca entendí porque no me dieron la oportunidad. Cuando me ponían, me sacaban en el entretiempo. Creo que nunca estuve en los planes de Rafaela, más allá de que me fueron a buscar y me dieron la pensión.

-¿Pensaste en tirar la toalla?

-Todos los fines de semana pensaba en dejar. Pero el acompañamiento de mi familia fue importante. Mi viejo me llamaba y me decía que esté tranquilo y que si yo quería me iba a buscar para volvernos. Con el paso del tiempo, pienso que tal vez debí tener otra actitud. El calladito, el buenito, no termina llegando. Igual, es difícil entender esto cuando tenés 16 años y estás lleno de sueños y miedos.

Esta es la parte de la historia en la que Rodrigo Garro regresa a General Pico con el pase libre en su mochila. Durante enero de 2017 entrenó con Ferro, de la misma ciudad,, que se preparaba para jugar el Torneo Federal A. En esos días, le consiguieron una prueba en Talleres de Córdoba y no quedó. Cuando estaba por firmar en Ferro, apareció Instituto. Pasó el examen y se sumó a la Cuarta División.

“Hasta ese momento, nunca había visto de cerca la posibilidad de jugar en Primera. Pero al segundo día en Instituto me mandaron a hacer un partido contra la Primera que dirigía Iván Delfino. Ese año jugué muchos partidos en Cuarta y me empecé a soltar”, asegura Garro.

-¿Y cómo llegás al plantel de Primera?

-En diciembre de ese 2017 se hizo un último amistoso con Belgrano y ganamos con un gol mío de tiro libre. Darío Franco, el entrenador de la Primera, estuvo en la cancha. Estaba el rumor de que me iban a citar para la pretemporada, pero terminó el año y nada. Me fui con mis viejos a Brasil de vacaciones en auto y al segundo día me llamaron. Me acuerdo que fui a buscar agua para el mate al hotel donde estábamos y llevé el celular para agarrar señal. Me sonó y atendí: era el mánager diciéndome que me tenía que presentar al día siguiente en Córdoba para viajar a Balcarce con la Primera. Todo esto sucedió el 4 de enero, el día que cumplí 20 años.

-¿Qué hiciste en ese momento?

-Salí corriendo a contarle a mis viejos y a mi hermano. No lo podíamos creer. Después, tuvimos que salir a buscar pasaje de Florianópolis a Buenos Aires. Fue la primera vez que me subí a un avión.

De todos modos, nada sería sencillo para Garro. Firmó su primer contrato profesional con Instituto y debutó en febrero de 2018 en la B Nacional ante Villa Dálmine y jugó después contra Gimnasia de Jujuy y Los Andes. Pero por la ansiedad y los nervios, se desgarró los dos cuádriceps al mismo tiempo. Los que siguieron fueron años irregulares hasta que llegó Mauricio Caranta. “Mauricio me dio la posibilidad de jugar 14 partidos seguidos y ahí todo cambió”, cuenta Rodrigo.

Las buenas actuaciones de Garro en Instituto (60 partidos y 7 goles) hicieron que Talleres comprara el 60 por ciento del pase en 400.000 dólares en enero de 2022.

-¿Fue traumático el cambio por cómo se vive el fútbol en Córdoba?

-Me costó tomar la decisión, pero era una posibilidad grande en lo económico y en lo deportivo porque Talleres iba a jugar la Copa Libertadores. Supe que el cambio iba a ser significativo y que se iba a hablar mucho. Lo que traté de hacer es manejarme con respeto. Mi agradecimiento para con Instituto siempre está.

-¿La llegaste a pasar mal?

-No, en la calle por lo general todos me tiran buena onda. Sí, después del clásico que me tocó hacer un gol, se viralizó mi número y me llegaron algunas amenazas. Pero no fue más que eso.

-Estás cerca de cumplir 26 años. ¿Sos el mismo jugador que quedó libre en Rafaela?

-Cuando tengo la pelota, sí. Pero yo antes no jugaba cuando no tenía la pelota y eso es imposible. Tuve que aprender a posicionarme, a presionar, a ocupar espacios. Antes no entendía el juego tácticamente.

-¿Siempre jugaste de enganche?

-En Rafaela se jugaba mucho 4-4-2 y me corrían a la izquierda. También he jugado de extremo derecho y de doble cinco. Igual, atrás del delantero es donde más me gusta jugar.

-Renovaste con Talleres hasta diciembre de 2026, pero tu nombre suena fuerte en el mercado de pases. ¿Qué es lo se viene en tu carrera?

-Primero, es un orgullo que se me mencione en esos clubes. Después, se verá qué pasa. Yo me debo a Talleres y disfruto de estar acá. Por suerte cerramos el año clasificando a la Libertadores, que era el objetivo. Además, con mi compañera Milen vamos a ser padres de un varón, así que estamos tranquilos (N. de la R: la entrevista fue realizada antes de se que concretara su traspaso a Corinthians).

-La última, ¿jugar en la Selección o en Europa?

-Siempre la Selección. Sé que hoy hay jugadores de enorme jerarquía, con rendimientos tremendos en sus clubes. Por ahí también es difícil que miren al fútbol argentino o al Interior del país. Mismo los periodistas o los medios de Buenos Aires no suelen nombrar a los futbolistas del interior. Por eso me puso muy feliz cuando de la Liga me eligieron como el mejor jugador del campeonato. Cuando estás en el exterior el marketing no es el mismo.

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