Anna Netrebko, una diva que se paseó cómoda por el Colón

La soprano rusa debutó en el ciclo Grandes Intérpretes junto a su esposo, el tenor Yusif Eyvazov. Mostró su talento y se sintió en su casa. Como coronación de un año difícil para su carrera (en el que varias instituciones decidieron cancelar sus compromisos con la diva alegando su simpatía con Vladimir Putin), la soprano…

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La soprano rusa debutó en el ciclo Grandes Intérpretes junto a su esposo, el tenor Yusif Eyvazov. Mostró su talento y se sintió en su casa.

Como coronación de un año difícil para su carrera (en el que varias instituciones decidieron cancelar sus compromisos con la diva alegando su simpatía con Vladimir Putin), la soprano rusa Anna Netrebko tuvo su esperado regreso al Teatro Colón, cuando el recuerdo de su debut de hace 4 años todavía estaba flotando en el aire.

En esta oportunidad su visita no sólo incluye este recital, sino tres funciones del último título de la temporada, Tosca. Como es habitual, Netrebko llegó en dupla artística con su esposo, el tenor nacido en Azerbaiyán Yusif Eyvazov.

El programa -que sufrió alteraciones de orden y algunos agregados y supresiones respecto del anunciado- comprendió una primera parte dedicada a la canción de cámara y la ópera en idioma ruso, con un predominio de la actuación de Netrebko; la segunda, en cambio, hizo hincapié en la ópera y la canción italiana, con algunas “licencias” y una presencia más fuerte de Eyvazov.

Como en su casa

Anna Netrebko cantó sin partitura y conectó con el público. A su esposo Yusif Eyvazov le costó más. Foto Prensa Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Mientras lo frecuente en los recitales es que el cantante se acomode inamovible al lado del piano, desde su primer bloque -con canciones de Rimsky-Korsakov y Rachmaninoff- Netrebko abarcó los 360 grados alrededor suyo; como si estuviera en la comodidad de su casa, se desplazó a sus anchas por el escenario decorado con algunos sillones, mesas y candelabros, indudablemente parte de la escenografía de Tosca.

Con una interpretación que ofreció por partes iguales concentración y entrega, transformó cuatro obras de cámara independientes en un pequeño monodrama.

Lo mismo sucedió más adelante en su segunda intervención, que incluyó melodías y un aria de la ópera La Dama de Picas de Tchaikovsky.

Una diva. Anna Netrebko cantó descalza y se desplazó por todo el escenario. Foto Prensa Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Es muy destacable el hecho de que, salvo una canción de la segunda parte, Netrebko cantó todo de memoria, lo que le permitió conectarse, de una manera superlativa y sin barreras, con la música, el texto y el público. Si es cierto que los cantantes se dividen entre los “animales de escenario” y los que no lo son, Netrebko pertenece indudablemente a esta categoría.

Un esposo algo rígido

Diferente es el caso de Yusif Eyvazov, un cantante meritorio y esforzado que da su máximo rendimiento, aunque el resultado sea claramente desparejo respecto de la sobresaliente actuación de su esposa.

Aferrado al cartapacio con las partituras, Eyvazov no encuentra demasiados matices expresivos y su actitud corporal resulta rígida. A nivel vocal, claramente no es la canción de cámara lo que más se adecúa a su instrumento, y seguramente el papel de Cavaradossi, en Tosca, lo mostrará más cómodo.

Yusif Eyvazov y Anna Netrebko también harán “Tosca”. Foto Prensa Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

Después del intervalo, Netrebko volvió a sorprender con un bloque de músicas diversas, hipnóticamente plasmadas: dos bellísimas canciones de Strauss (Cäcilie y Ständchen), una de Dvorák (la famosa Cuando mi madre me enseñó a cantar) y una de Tosti (La serenata), y dos arias, Depuis le jour de Louise de Charpentier en una versión delicadísima (lamentablemente ahogada por una de las tantas ovaciones precoces) y el aria de Nedda de Pagliacci (Leoncavallo).

El bloque que le siguió, a cargo de Eyvazov e integrado por canciones de Tosti y Gastaldon y el Lamento de Federico de L’Arlesiana de Cilea, resultó aplastantemente monótono.

La bella Mattinata de Leoncavallo cantada con desparpajo por Netrebko (salvando incluso un traspié en el ataque) y dos canzonettas de Ernesto De Curtis cerraron el programa; en la última obra (Non ti scordar di me) se sumó por tercera vez el excelente Freddy Varela Montero, concertino de la Orquesta Estable del Colón.

Si a lo largo de toda la velada los cantantes pudieron sentirse a sus anchas es en gran parte mérito del muy joven pianista Ángel Rodríguez, siempre atento a la evolución de las voces y con una sensibilidad musical grabada a fuego.

El pianista Ángel Rodríguez, Yusif Eyvazov y Anna Netrebko, en el saludo final. Foto Prensa Teatro Colón/Arnaldo Colombaroli

A pesar del rugido de una sala llena que esperaba con ansias un “tercer tiempo” en los bises, los artistas sólo regalaron dos obras, aunque su entrega fue tal que casi saciaron el apetito del público.

Netrebko cantó, descalza y girando por todo el escenario, el vals Meine Lippen sie küssen so heiß de la opereta Giuditta (Léhar), y Eyvazov la infaltable Granada (Lara), en la que su esposa tuvo un graciosísimo “cameo” por el fondo del escenario.

Ficha

Ciclo Grandes Intérpretes

Calificación: Muy bueno

Músicos: Anna Netrebko (soprano), Yusif Eyvazov (tenor), Ángel Rodríguez (piano) Teatro: Colón, lunes 21 de noviembre 

WD