El lago de los cisnes por otros medios: una manera distinta de abordar un clásico de clásicos

Este martes 23 de noviembre sube al escenario del Teatro El Nacional una nueva producción del célebre ballet El lago de los cisnes, en una versión flamante del coreógrafo argentino Jorge Amarante, ex bailarín del Teatro Colón, codirector luego de su cuerpo de baile y más tarde director del Ballet de Monterrey, en México.Una nueva…

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Este martes 23 de noviembre sube al escenario del Teatro El Nacional una nueva producción del célebre ballet El lago de los cisnes, en una versión flamante del coreógrafo argentino Jorge Amarante, ex bailarín del Teatro Colón, codirector luego de su cuerpo de baile y más tarde director del Ballet de Monterrey, en México.

Una nueva producción no significa en este caso una reposición más o menos fiel a la obra original estrenada en 1895 en San Petersburgo. Reposiciones de este tipo ocurren todos los años en casi todas las grandes compañías de ballet del planeta.

Pero no, aunque este Lago de los cisnes se inspira en muchos aspectos en la obra académica y utiliza también la partitura de Tchaikovsky, ofrece una perspectiva totalmente diferente sobre aquella historia de amor, engaños y muerte.

Este “Lago de los cisnes” respeta la partitura, pero ofrece una nueva perspectiva sobre la historia. que cuenta. Foto Martín Bonetto

El argumento de un clásico

Recordemos brevemente el argumento del ballet original, creado por Marius Petipa y Lev Ivanov: el príncipe Sigfrido festeja su cumpleaños en el primer acto; en el segundo, sale de caza y descubre una bandada de cisnes, en realidad princesas hechizadas por el brujo Von Rothbart.

El príncipe se enamora de una de ellas, Odette, que recobra durante la noche la forma humana. Sólo un juramento de amor sincero, como éste de Sigfrido, podrá romper el hechizo.

Tercer acto: una gran fiesta adonde llegan princesas casaderas de todo el mundo. La reina quiere que Sigfrido elija entre ellas a su futura esposa. Aparece entonces Von Rothbart con su hija Odile (el Cisne negro), idéntica a Odette, a quien Sigfrido le jura amor una vez más.

Cuatro actos para contar una historia de un engaño y una muerte llenos de poesía. Foto Martín Bonetto

Consumado el engaño y quebrado involuntariamente el primer juramento, en el cuarto acto se precipita la muerte de los enamorados que se reunirán sólo en el más allá.

-Jorge, ¿qué te movió a querer contar de otra manera la historia de Odette y el príncipe Sigfrido? Es decir, hacer tu propio Lago…

-Mientras estaba dirigiendo el Ballet de Monterrey me pidieron que me ocupara de reponer grandes ballets como Cenicienta, Romeo y Julieta, La bella durmiente... Jamás se me había pasado por la cabeza este tipo de trabajos coreográficos, pero vi que me gustaba hacerlo. Y luego monté Carmen, que me había interesado siempre como tema.

A partir de allí, encontré el placer de recrear obras inspiradas en temas dramáticos o literarios. Ya había hecho La Patriótica en Buenos Aires, con la Compañía Nacional de Danza Contemporánea, inspirada en la figura de José de San Martín; y Murmullos en México, sobre Pedro Páramo, la novela de Juan Rulfo.

Fui orientándome por este otro camino –distinto al de mis obras anteriores- y de ahí nació mi versión de Giselle y ahora este Lago…, que en realidad yo inicialmente quería llamar Odette.

Jorge Amarante pensaba que no encontraría estímulos en reponer obras como El lago. Se equivocó. Foto Martín Bonetto

-¿Por qué pensabas que no iba gustarte la tarea de recrear grandes clásicos?

-En primer lugar, porque los bailé. Pero con el montaje de Giselle escuché la música de otra manera que cuando la bailaba y encontré cosas en la obra que no había percibido. No descubrí tanto sobre el ballet ni sobre el personaje del duque Albrecht, sino más sobre mí mismo.

-¿Decías que Odette fue tu primera idea como título?

-Vivo rodeado de mujeres (nota: se refiere a su esposa, también bailarina, y a sus dos hijas) y me encanta trabajar con y sobre las mujeres. Encontré que los personajes de Carmen, Giselle y Odette son todas víctimas y en estas obras me interné en sus dramas, tan distintos entre sí.

-¿Cómo construiste el personaje de Odette?

-Ella, como sus compañeras, son personas capturadas; y no cisnes blancos sino grises. Odile, el Cisne Negro del original que Von Rothbart usa para engañar al príncipe, también es una víctima. En cuanto a Odette, ella es una mujer rebelde, tiene carácter y temperamento y busca siempre cómo escapar a la situación en la que está cautiva.

Aunque no se evidencia de una forma obvia, Odette es como la víctima de una trata de personas. ¿Por qué Von Rothbart la secuestra si no es para usarla? En mi tercer y cuarto acto, la acción se desarrolla en el ámbito de Von Rothbart, un lugar siniestro con invitados turbios, una especie de prostíbulo.

Amarante se define más cerca del neoclásico que de cualquier otro estilo, aunque se atribuye algo de contemporaneidad. Foto Martín Bonetto

Cuestión de estilos y de perfectos opuestos

-¿Cómo definirías tu estilo coreográfico?

-Para los clásicos soy contemporáneo y para los contemporáneos, clásico. Pero me describiría como más afín al neoclásico, aunque a la vez uso muchos elementos de la danza contemporánea. En obras como las que comentamos, las herramientas contemporáneas me permiten hacer más humanos a los personajes.

Otras versiones de El lago…

Ahora repasemos otras producciones de El lago de los cisnes con perspectivas muy distintas.

En 1976, el admirado John Neumeier, director del Ballet de Hamburgo, estrenó su Lago… inspirado en la tragedia del excéntrico rey Luis de Baviera y su homosexualidad no asumida.

Neumeier utilizó, entre otras cosas, el recurso del teatro dentro del teatro: el rey asiste a una “representación privada” del segundo acto de El lago de los cisnes, y así el coreógrafo trae a escena la coreografía original.

Cabe agregar que Luis de Baviera murió ahogado en un lago junto con su médico, y nunca se supo si había sido un asesinato, un doble suicidio o un accidente. En todo caso, Luis era un excelente nadador.

El sueco Mats Ek le aportó una vuelta de tuerca psicoanalítica a su mirada de El lago. Foto Propia Clarín

En 1987 el genial creador sueco Mats Ek creó su propia versión con algunas vueltas de tuerca psicoanalíticas: el príncipe Sigfrido tiene con su madre una relación fuertemente edípica y ambos rechazan la idea del casamiento. Hay cisnes mujeres y cisnes varones, todos descalzos y calvos, y varios brujos, uno muy parecido a la reina.

El príncipe se casa finalmente con el Cisne blanco, pero continúa mostrando un interés silencioso por el Cisne negro.

En 1995 el coreógrafo británico Mathew Bourne montó una versión propia de El lago de los cisnes que fue pronto muy exitosa. La trama se organiza alrededor de la figura del príncipe Sigfrido, su madre distante y el Cisne negro, representado por un perverso y apuesto muchacho bisexual e hijo del secretario privado del príncipe.

Hay una bandada de cisnes varones, muy agresivos, y su líder, el Cisne blanco, termina siendo el amor auténtico del príncipe. Todas estas obras han conservado la partitura original de P.I. Tchaikovsky, pero como se ve, sólo algunos elementos de la trama.

El lago de los cisnes según Jorge Amarante va los martes 23 y 30 de noviembre a las 20.30, en el Teatro El Nacional, Corrientes 960.

E.S.

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