Barracas Central, el club de barrio que bajo el aura de Chiqui Tapia busca sellar un ascenso tan meteórico como polémico

Alguna vez, Arsenal fue el equipo del poder. Bajo el manto de Julio Humberto Grondona, el humilde club de Sarandí que se empezó a fundar en la ferretería familiar durante la década del cincuenta, tuvo una carrera ascendente que no sólo lo llevó a Primera División, lugar que conserva tras su regreso en 2019; también,…

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Alguna vez, Arsenal fue el equipo del poder. Bajo el manto de Julio Humberto Grondona, el humilde club de Sarandí que se empezó a fundar en la ferretería familiar durante la década del cincuenta, tuvo una carrera ascendente que no sólo lo llevó a Primera División, lugar que conserva tras su regreso en 2019; también, se dio el gusto de ser campeón del fútbol argentino, de la Copa Sudamericana y de la Suruga Bank en Japón, nada menos, la meca de la pelota en aquellos tiempos.

Grondona murió el 30 de julio de 2014 y después de varios cimbronazos institucionales, comisión normalizadora incluida y el tristemente célebre 38 a 38, emergió la figura de Claudio Tapia. Y Chiqui no sólo siguió el camino de Don Julio en el despacho de la calle Viamonte; también, hizo de Barracas Central el nuevo Arsenal.

Más allá del mérito deportivo del que se jactan en Luna y Olavarría, poco discutible desde la producción futbolística, el Guapo –apodo que lo acompaña desde sus orígenes- atravesó su derrotero desde la B Metro a la Primera Nacional y esta final ante Tigre por el ascenso a la Liga Profesional cuestionado por el desempeño de los árbitros. Hubo 9 penales que favorecieron a Barracas, la mayoría discutibles.

Rodolfo De Paoli, relator de la Selección Argentina en TyC Sports y DT de Barracas Central.

También, goles anulados a los rivales, faltas en su propia área que tuvieron el beneficio de la vista gorda y mucha polémica. Sin ir más lejos, el lunes en Campana hubo un triunfo (3 a 1) que derivó en una crisis interna del plantel de Villa Dálmine, su adversario. José Horacio Basualdo, un histórico del club, reveló que hubo una votación para ir o no por la victoria. Y se fracturó el equipo.

“Los que nos dicen que nos favorecen no son serios. Es falso que llegamos a esta instancia por las ayudas de los árbitros. Pasa como con todos los equipos, nos favorecen y nos perjudican. Nos rompimos el lomo para poder estar en la final”, dice Maximiliano Gagliardo (38 años), arquero de Barracas. Es el mismo que no fue informado por Pablo Dóvalo cuando se tomó los genitales para festejar el tercer gol de su equipo. Estaba amonestado, debió ser expulsado. La situación tampoco consta en el informe del referí, que dirigió 6 de los 34 partidos que jugó el conjunto del Sur de la Ciudad.

Barracas Central festeja el triunfo ante Villa Dálmine, un partido que quedó bajo un manto de sospecha pero que lo permitirá jugar la final por un ascenso.

“Vamos primeros. Van 32 fechas, ganamos 13, empatamos 13 y perdimos solo seis. La gente no tiene la más puta idea qué es lo que pasa en el arbitraje en el ascenso. Doy estos números porque habremos molestado a equipos como Ferro que con sus tres delanteros deben ganar más plata que todo el plantel de Barracas Central. Si esto está todo armado para Barracas Central, la gente no lo sabe y el periodismo tampoco y al que quiere saber no le interesa. ¿Cuántos penales nos dieron en los 13 partidos que ganamos? Ninguno”, disparó Rodolfo De Paoli hace dos semanas. Terminaron siendo 15 victorias y el pasaporte al duelo del lunes en Banfield.

De Paoli es un técnico mediático. Relator de los partidos de la Selección Argentina en TyC Sports, llegó a Barracas de la mano de Tapia después de un rotundo fracaso en Nueva Chicago. El secreto, según los que caminan los pasillos del estadio que lleva el nombre del presidente de la AFA, fue haber elegido jugadores sin tanto nombre, pero eficaces. No habían resultado Clemente Rodríguez, Facundo Oreja, Mauro Matos, Franco Niell y Ramiro López durante la primera etapa en la Segunda División.

Sin ir más lejos, el futbolista con mayor cartel es Valentín Viola (30 años), con pasado en Racing, San Lorenzo y Portugal, pero no es titular. El propio Gagliardo, descartado por Sergio Rondina de Arsenal, llegó en febrero y se corporizó en un hombre importante en el arco y en el vestuario. Antes se había apostado a chicos sin lugar en equipos grandes, como el caso de Enzo Daniel Martínez, volante libre de River, o de clubes de menor categoría, como Gonzalo Paz (Sacachispas) y Facundo Stable (Colegiales). La figura es Carlos Fernando Valenzuela (24 años), ex Racing, hábil enganche, que volvió de su préstamo en el Famalicao portugués.

El presupuesto es testimonial: mientras Tigre tiene el más oneroso de la Primera Nacional, Barracas está en el puesto 12 de los 35 participantes. Sus mayores ingresos son los derechos de TV y La Nueva, compañía de seguros que luce en el centro de su camiseta, roja y blanca a bastones verticales inspirada en Alumni, gran campeón del amateurismo.

Fundado el 5 de abril de 1904 por Angel Gardella, primer presidente y delantero del equipo, ganó el ascenso a Primera División en 1919. Jugó en la máxima categoría desde 1920 a 1934. Estuvo 11 veces en la D, 50 en la C y 11 en la B. Lo más cerca que estuvo de ascender fue en 1939, cuando perdió el Hexagonal final que ganó Banfield.

Como Saquito –así conocían a Gardella, hijo de dos inmigrantes genoveses-, Tapia también fue delantero hasta asumir la presidencia en 2001. Creció la masa societaria, acomodó las finanzas y Barracas empezó a tener otro Norte. Se casó con Paola, la hija de Hugo Moyano, y desde el clan gremialista construyó poder.

Los Tapia, Iván y el Chiqui, unidos por su pasión por el fútbol y Barracas Central.

Todo queda en familia, está claro. Iván y Matías, dos de sus cuatro hijos, tienen protagonismo en el club. El menor (22 años) es volante y capitán del equipo. El mayor (25) se retiró después de ascender a la Primera Nacional y es el presidente. Los nietos del líder Camionero son conscientes de que la sangre y el apellido pesan.

“Ya ni nos calentamos en discutir. Entendemos el juego, ese ida y vuelta del periodismo y los hinchas del resto de los equipos. Nosotros buscamos ascender con nuestras armas”, dicen en el club. Eso intentará el equipo que, le guste a quien le guste, corre con el Caballo del Comisario. Aunque esta vez tendrá un rival fuerte: el Tigre de Sergio Massa, presidente de la Cámara de Diputados.

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