Por qué el cajón de Herminio Iglesias es el símbolo del error político

Hoy se cumplen 38 años de la recordada quema del cajón por parte de Herminio Iglesias en el acto de cierre de campaña del peronismo y su fórmula: Ítalo Argentino Luder y Deolindo Felipe Bittel. Ese episodio se transformó con el devenir de los años en el símbolo más acabado del error en la comunicación…

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Hoy se cumplen 38 años de la recordada quema del cajón por parte de Herminio Iglesias en el acto de cierre de campaña del peronismo y su fórmula: Ítalo Argentino Luder y Deolindo Felipe Bittel. Ese episodio se transformó con el devenir de los años en el símbolo más acabado del error en la comunicación política en tiempos electorales.

Cada vez que en una campaña alguien comete una gaffe gruesa, no falta quien diga “este es el cajón de Herminio”.

Si repasamos las elecciones de las últimas décadas siempre irrumpe en las campañas. Por eso es válido preguntarse, ¿por qué tuvo tanta carga simbólica esa imagen que -como hemos contado recientemente- se dio en una sociedad que no estaba permeada por la era digital de las redes sociales omnipresentes y que aún no conocía las grillas de programación de los canales de cable?

La respuesta quizás resida en el repudio a la extrema violencia política situada en la escena de la risa socarrona, el aliento cómplice, el fuego, el ataúd en andas, nominado y con los colores del partido de quien será presidente meses más tarde.

El dolor de los desencuentros de los 70 en el seno del peronismo, la violencia guerrillera, las arbitrarias detenciones y la represión ilegal de la dictadura estaban a la vuelta de la esquina.

Debemos enfocarla y dimensionarla en ese lejano momento fundante de nuestro proceso democrático, sin perder de vista el territorio de lo conquistado como sociedad. En efecto, si hay un valor que los argentinos no ponen en duda es el de la convivencia democrática y la defensa de los derechos humanos.

Probablemente, el mayor legado de Raúl Alfonsín es haber hecho de su bandera electoral una conquista que resulta inmanente al conjunto de la sociedad y trasciende las banderías políticas.

En ese contexto, aquel acto de violencia llevado adelante por el candidato a gobernador bonaerense del justicialismo –hasta ese día invicto- fue mucho más la muestra de algo a lo que la sociedad no quiso nunca más retroceder que el episodio que detonó la inesperada derrota electoral del “invencible” peronismo.

Recién en 2015 Aníbal Fernández logrará repetir la performance de Herminio Iglesias.

“Herminio Iglesias es paz, pan y trabajo”, uno de los afiches del candidato a gobernador en 1983.

Las paredes y las calles fueron mucho más violentas de lo que se recuerda. El oficio de los viejos dirigentes de los comités y las unidades básicas nunca buscó darle visibilidad a algo que era un secreto a voces, pero que podía hacer mella en una sociedad atemorizada.

La ubicación de las mesas proselitistas o las disputas por las pintadas de los estratégicos paredones muchas veces terminaron con militantes heridos y hospitalizados.

También fue muy violenta la discursiva del peronismo, y ahí hubo algo que no sintonizó con el electorado.

Del noble “Luche y se van” de 1982 que remontaba la memoria al triunfal “Luche y vuelve”; pasaron, en los últimos meses (el avance de Alfonsín ya era motivo de preocupación), a empapelar las ciudades con una supuesta financiación de una tradicional gaseosa cola (la fake news de 1983); y finalmente, la consigna teñida de militancia extrema que desde las paredes espantó a muchos: Somos la rabia.

Todo ese combo le hizo daño a la campaña de Luder; un candidato que, a pesar de todo, intentó transmitir moderación entre los suyos. Quizás ahí hay que encontrar el caldo en el que se cocinó el cajón de Herminio.

El rol de las encuestas en el 83

Tampoco se suele hablar de las encuestadoras que trabajaron en 1983 y que en los días previos tuvieron tendencias elocuentes. Las que llegaban del exterior eran abultadas en la diferencia; la revista española Cambio 16 publicó que el binomio radical alcanzaría el 54%, mientras que el PJ apenas superaba el 30%.

La revista Gente publicó una encuesta de A&C que otorgaba el triunfo a Alfonsín en el GBA; Córdoba y Mendoza. En La Razón, el 21, Edgardo Catterberg señaló que “la UCR ha logrado una exitosa inserción en los sectores bajos estructurados, ya que del 13% que tenía en 1982, con la irrupción de la candidatura de Alfonsín, ha subido al 40%”.

“A su vez, el PJ no ha logrado insertarse en las capas medias, pasó de un 10% en 1982 a alcanzar sólo el 18% del apoyo. Por su parte, la UCR, en ese mismo estrato social, ha pasado del 18% en 1982 a un 46% en las últimas jornadas”, completó.

Herminio Iglesias, el peronista que quemó el cajón y quedó en la historia para siempre.

Desde las huestes del alfonsinismo, la revista semanal Argumento Político, difundió el trabajo de Héctor Maceira en Capital y GBA; y el de Catterberg, en las ciudades del interior. En todas ganaba Alfonsín.

La voz discordante estuvo en la revista que había nacido con y para la dictadura, Somos. Allí, Luder triunfaba frente a la UCR. Un mes antes ya había salido con una tapa antológica “Gana Luder”, el mismo día, a Alfonsín le quedaba chico el estadio de Ferro, a pesar de un paro de transportistas.

A casi cuatro décadas de aquella elección fundante de este proceso democrático, parece ya claro que a esa altura de la campaña el comicio estaba resuelto en favor de la Unión Cívica Radical y nada podría haber torcido ese resultado que el domingo 30 depositó a Alfonsín en la Rosada.

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