Brian Fernández, el crack que lucha desde hace años contra las adicciones y hoy hace soñar a Ferro con el ascenso

A Brian Fernández le acaban de avisar que deberá estar un año sin hacer eso que define como lo único que sabe hacer. La sanción, por consumo de una droga social, tiene otro año en suspenso. En ese escenario, Víctor Blanco, el presidente de Racing, el club en el que estaba el delantero, dispara en…

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A Brian Fernández le acaban de avisar que deberá estar un año sin hacer eso que define como lo único que sabe hacer. La sanción, por consumo de una droga social, tiene otro año en suspenso. En ese escenario, Víctor Blanco, el presidente de Racing, el club en el que estaba el delantero, dispara en radio: “No hubiésemos contratado a Brian si sabíamos que tenía esa adicción porque no tenemos ganas de perder el capital. Lo mejor que le puede pasar es internarse y hacer una rehabilitación”.

Era octubre de 2015 y el sueño de consagrarse en la Academia se desvanecía para Fernández, que con 21 años tenía que parar. “Sabíamos que venía de una familia humilde y con problemas –sumaba Blanco-, pero los tests psicológicos dieron bien y por eso lo contratamos. El entorno familiar y sus amigos lo complican. El padre también lo influenció bastante”.

Venía de romperla en Defensa y Justicia cuando Racing lo contrató en 2014. Por ese entonces ya llegaba con el cartelito de conflictivo por sus problemas fuera de la cancha. Pero Diego Cocca, que lo había tenido en Varela, trataba de cobijarlo.

Los vaivenes en la carrera de Brian fueron constantes. Los admite públicamente con entereza luego de ser la figura en la goleada de Ferro 6-0 ante San Telmo que pone al histórico equipo de Caballito más cerca del sueño de volver a Primera luego de 20 años. “Esto es una lucha diaria”, resume.

En ese subibaja, los dirigentes y los medios de comunicación van amoldando al protagonista de acuerdo a la coyuntura. El fútbol, dirán, se maneja con esas reglas del juego. Utilización, descarte, estigmas mientras la pelota sigue rodando.

“Brian Fernández sumó otro escándalo: se escapó de un test de alcoholemia”, publica un diario. “Brian Fernández tuvo una recaída”, se lee unos meses más tarde. “Brian Fernández será internado por su adicción a las drogas”, “Brian Fernández no va a los entrenamientos”.

El contrato con Racing se rompió antes de finalizarlo. Dos controles antidoping positivos lo habían alejado del fútbol un año y medio. Armó las valijas y se fue a Junín a ver si en Sarmiento podía disfrutar de aire nuevo y una exposición menor que en la Academia.

“Está deprimido. Se le murió un hermano, se separó de la novia. Necesita un cambio de aire”, explicaba Christian Bragarnik, el representante que ahora lo llevó a Ferro tras haber desembarcado para manejar el fútbol del club.

“Estoy llevando una mochila pesadísima –marcaba Brian cuando se fue de Racing-. De esto se sale día a día, pero tengo la fuerza suficiente. Hoy quiero hacer todo por mi hija, tengo las herramientas adecuadas para no volver a consumir. Las cosas que se decían en los medios me hacían muy mal y me daban mucha bronca. Se dijo que había dejado tratamientos, pero no fue así. En Racing me hacían estudios todos los días. No tuve ninguna recaída”.

Jugó cinco partidos en Sarmiento, 7 en el Metz de Francia al año siguiente, luego 12 en Unión La Calera de Chile, se asentó mejor en México, con 30 encuentros en el Necaxa y luego recaló en la MLS para jugar en Portland. Llevaba 15 goles en 20 partidos de la fase regular y el equipo se había clasificado para las instancias finales. Brian decidió parar la pelota.

Pedí ayuda para no volver a caer en ciertas cosas que me han pasado en la vida. Me dijeron que había un lugar al cual yo podía ir. Nada. Agarré, le dije que sí, que hoy mismo quería ir. Y me fui. Y fue eso lo que pasó”, dijo el delantero. El club había enmascarado las ausencias del delantero informando que sufría un virus estomacal. Pero había decidió ingresar de manera voluntaria al programa de abuso de sustancias y salud conductual que tiene la liga.

La muerte de su hermano

En el omóplato derecho Brian tiene tatuado el rostro de David, el hermano que falleció en 2012 luego de 30 horas de agonía tras dispararse en la cabeza. Tenía 18 años y era el segundo de los 10 hermanos.

La misma semana del suicidio, Leandro, el mayor de los 10, jugó para Independiente en Santa Fe frente a Colón, el equipo de toda la familia Fernández. Fue el encargado de patear el penal que le dio el triunfo al Rojo. Siempre ejecutaba fuerte, arriba, al palo derecho del arquero. Cuando miró para ese lado, vio detrás del arco, colgada del alambrado una bandera que recordaba a David, con quien solía ir a esa misma tribuna.

“Lo fui a festejar donde iba siempre yo, iba siempre a ese rinconcito, lo disfruté al máximo. Nunca había jugado en cancha de Colón, siempre fue un sueño. Ese día fue todo completo”, dijo Leandro, que a los 30 años hoy juega en Nacional de Montevideo.

Brian sufrió la pérdida desde Chile. Cinco años más tarde, escribió un emotivo mensaje en Instagram el 20 de septiembre, día en el que David hubiera cumplido 23 años.

“La verdad que es un día de mierda pero la vida siempre sigue, no queda otra –escribió Brian-. La verdad que te extraño mucho, te re-necesito. A mí me tocó vivir muchas cosas después de que nos dejaste pero nada me dejó tirado en el piso, siempre me levanté y seguí porque siempre tuve esa fuerza tuya que día a día me hizo más fuerte. Hoy estoy más lejos que nunca y sigo. Sé que estás donde nadie de nosotros que te amamos queremos saberlo pero por algo Dios te llevó, te amo con mi alma, estoy hecho mierda”.

Después de su inestable paso por la MLS, la idea de hacer base en el club de sus amores y en la ciudad en la que se crió no resultó positiva para Brian. Solo cinco partidos jugó en Colón. Y la estadía estuvo marcada, además de por la pandemia, por conflictos con integrantes del cuerpo técnico de Eduardo Domínguez y una nueva internación ambulatoria en Buenos Aires para tratar sus adicciones.

Apenas volvió a Santa Fe a inicios de 2020 tuvo inconvenientes. Diego Osella, el técnico del Sabalero, declaró que no lo había convocado por un “problema familiar”. Pero horas más tarde, la familia del jugador le solicitó a la Policía de Santa Fe “un pedido de paradero encubierto” porque no sabía dónde estaba.

“Me levanté de una siesta y me encontré esto. No puedo salir a la calle, por eso no tengo celular”, explicaba Brian. Según trascendió, el jugador había sido amenazado de muerte por su padre, situación por la que estuvo una semana sin entrenarse, de común acuerdo con Osella. “No esperaba vivir algo así con un familiar. Es algo muy loco, más viniendo de un padre. Es un conflicto por la camiseta”, contó.

En febrero de este año firmó contrato con Ferro y fue la carta más seductora que acompañó el desembarco de Bragarnik. Con el sueño de llevar al equipo a Primera, Brian cada vez que jugó demostró que la segunda categoría le queda chica. Hizo 12 goles en 18 partidos.

El lunes se largó a llorar en el festejo del primero de su doblete. Llevaba dos meses sin jugar. Nuevamente aparecieron los eufemismos para enmascarar los reiterados problemas que lo persiguen.

Ya tiene 27 años, dice que quiere quedar en la historia del equipo de Caballito, les agradece a sus hermanos y a todos los que confiaron en él, reitera que su lucha es día a día.

Y cierra: “Hoy estoy acá demostrando lo que sé, lo que más me gusta. Más que nada regalarle estos goles y mi juego a la gente que es lo único que me sale bien, que yo siento que hago bien. Yo confío en mí, siempre digo que soy el mejor, porque me la creo, dije que iba a hacer dos goles, y lo pude cumplir. Ese pensamiento hace que yo siempre siga para adelante. Que me tropiece pero que siga. Esa es mi lucha: caerme y seguir, seguir y seguir”.

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