Lo que viene: el FMI pone condiciones y exige ajustes

Es bastante común que hasta las versiones mejor sostenidas tengan zonas grises y aconsejen tomar ciertas precauciones, como pasa con una que todavía circula subterráneamente y que, si saliese a la superficie, metería ruido y sembraría especulaciones de los más diversos colores.Plantado el preámbulo, sigue la versión: hace un par de semanas, Martín Redrado y…

lo-que-viene:-el-fmi-pone-condiciones-y-exige-ajustes

Es bastante común que hasta las versiones mejor sostenidas tengan zonas grises y aconsejen tomar ciertas precauciones, como pasa con una que todavía circula subterráneamente y que, si saliese a la superficie, metería ruido y sembraría especulaciones de los más diversos colores.

Plantado el preámbulo, sigue la versión: hace un par de semanas, Martín Redrado y funcionarios del Fondo Monetario se reunieron en Estados Unidos para hablar, previsiblemente, sobre el estado de la economía argentina y los alcances que podría adquirir el demoradísimo acuerdo con el gobierno de Alberto Fernández. Mejor sería decir que volvieron a hablar, en reserva y sin ningún compromiso, esta vez aprovechando que el ex presidente del Banco Central se encontraba en EE.UU. por cuestiones de trabajo.

Salta sin necesidad de aclaraciones que el encuentro ocurrió antes de que el saque de las PASO dejara grogui al kirchnerismo y vale aclarar, en cambio, que eso de convertirse en ministro de Economía es aún una eventualidad muy eventual. Aunque sea parte del jubileo financiero que, combinando las mismas noticias, sube y baja el precio de acciones y de bonos de la deuda.

Otra precisión: Redrado ha subordinado su ingreso al gobierno a un acuerdo político entre el oficialismo y la oposición sobre una media docena de ejes centrales, cosa que quienes lo han tanteado ya saben y que nunca sucedería antes de las elecciones legislativas del 14 de noviembre.

Ahora, dos datos por la parte de la historia que toca directo a los intereses del Fondo. Uno de ellos pone en cabeza del organismo y no del Gobierno la condición de que el convenio sea validado por una ley votada por el Congreso, incluido desde luego el Senado que preside Cristina Kirchner. El segundo plantea que las negociaciones formales y definitivas arranquen recién cuando la Casa Rosada tenga listo un plan “creíble y sólido” para ser analizado en Washington, o sea, los argentinos moverían las primeras piezas y ellos jugarían de locales.

Sin eludir del todo las culpas propias, que por cierto no han sido pocas ni livianas, luce evidente que el objetivo detrás de las condicionalidades pasa por la intención de quedar al margen de internas y disputas de poder o de ser usado como instrumento político. Es parecido a decir algo que los argentinos del juego quieren que se crea aquí: que el plan lo pusimos nosotros y no ellos, aunque el final no sea necesariamente ése ni deba serlo.

No por pura casualidad, entonces, la siempre mala palabra FMI asoma en medio de la crisis que, a la vista de todo el mundo, enfrenta nada menos que a la vicepresidenta con el presidente y va pegada además al nombre de Martín Guzmán, el ministro que hace tiempo Cristina quiere echar aunque mande decir que no lo quiere echar. Ahora, para desmarcarse de cualquier cimbronazo financiero que la involucre.

Cosas de ese mismo mundo, Cristina actúa y sobreactúa como si no hubiese tenido ni arte ni parte en el nombramiento de Guzmán. Más precisamente, con el hecho de que el ministro llegó recomendado por Joseph Stiglitz, el premio Nobel de Economía al que ella elogia, sigue y admira porque lo considera un hombre de ideas progresistas.

Puesto a su manera, este Guzmán le pertenece a Fernández.

Y en verdad gran parte del trabajo del ministro tiene detrás al Presidente, empezando por el ajustazo fiscal de 2021 que apunta derecho a limpiar el camino hacia el arreglo con el FMI. Ya ha significado un guadañazo real de $ 870.000 millones entre enero y julio, cargado sobre todo a la cuenta de jubilaciones, asignaciones sociales, transferencias a provincias y salarios públicos.

La movida arrancó desde el mismo momento en que el kirchnerismo desembarcó en la Rosada, con la Ley de Emergencia que frenó la movilidad previsional que ataba los haberes a la inflación, que aumentó las retenciones y creó el impuesto del 30% a la compra de dólares oficiales.

Por si no se advirtió, estamos hablando de decisiones que fueron tomadas a la vista de la vicepresidenta, con participación expresa de la vicepresidenta, como la Ley de Emergencia que pasó por el Senado, y sin que ella chistara ni armara ningún batifondo.

Más aún: hubo un enorme paquete de plata manejado por fuera del Presupuesto, auditado por Cristina y, definitivamente, un privilegio dedicado a su economista de cabecera, el gobernador de Buenos Aires. Fue de todos modos un operativo inútil: bajo el peso de la pobreza y de la falta de trabajo, el kirchnerismo perdió mal donde debía ganar súper bien, pero, eso sí, ni un solo reproche para Axel Kicillof.

Resulta inevitable, al fin, asociar la furiosa reacción de la Vice con el sartenazo que las PASO le han pegado a sus objetivos y necesidades personales. Todo evidente, así presente la movida en nombre de los sectores postergados, que si es por eso, venían muy postergados cuando ella asumió y han seguido muy postergados o más postergados todavía.

Rareza no tan rara viniendo de quien viene, Cristina dejó un repertorio de quejas completo en la larguísima factura que le pasó a Alberto Fernández, o sea, a quien está donde está por decisión suya. Notable, también, el estoicismo de Fernández, que se aguantó las 19 reuniones de trabajo que ambos compartieron este año en Olivos, lo cual significa dos y pico por mes promedio para que él no hiciera nada de que lo que ella le pidió. Todo, según el relato de Cristina.

Fuera de reproches, de pases de facturas, de irresponsabilidades e incapacidades varias, un crítico cuadro económico y social cuenta dónde estamos hoy y cuenta, también, que no todos estamos en el mismo lugar.

Datos del INDEC dicen que desde que esta versión del kirchnerismo llegó al poder, la inflación acumula el 80%. Esto es, 15 puntos porcentuales más que la suba del salario privado registrado, en blanco y de los mejores del mercado, si a esta altura puede llamársele mejores. Contra el salario no registrado, en negro y siempre inestable, la diferencia canta 22 puntos. Por donde se mire, una enormidad en apenas 18 meses.

De la misma especie, cálculos privados revelan que entre el primer trimestre de 2018 y el primero de 2021 la caída del poder de compra del 40% de los asalariados que menos ganan alcanza al 27%. La cuenta dice pérdida del 19% para el 20% que más gana. O sea, de muy malo a malo pero siempre malo.

También de fuentes privadas, tenemos ahora que el empleo en negro, el más vulnerable y más expuesto a las crisis, llegó a desplomarse 44,7% en el segundo trimestre de 2020 de la cuarentena interminable respecto del primero. Hoy el bajón se ha reducido al todavía considerable 11,9%. Esto se llama vivir a los saltos y sin red.

Está claro que si hablamos de ajuste sólo en tres párrafos tenemos de sobra.

El punto es que será inevitable seguir hablando de ajuste, tal cual vienen algunos datos que se manejan en las negociaciones con el FMI. Entre ellos, bajar el déficit a cero en cuatro años; según cifras de hoy, un hachazo de US$ 16.000 millones que más que triplica las reservas netas del Banco Central.

Por lo menos igual de duro, otro capítulo plantea reducir al 40% la brecha entre el tipo de cambio oficial y los financieros. Esto es, reducir a la mitad una diferencia que hoy anda en el 80%. Uno más: pegarle un saque a los subsidios y, sobre todo, a los energéticos que crecen al 100%, o sea, al doble de la inflación descontrolada.

A propósito, un párrafo del rosario de Cristina: “También señalé que creía que se estaba llevando a cabo una política de ajuste fiscal equivocada que estaba impactando negativamente en la actividad económica y, por lo tanto, en el conjunto de la sociedad (…). No lo dije una vez, me cansé de decirlo y no sólo al Presidente de la Nación”.

Pregunta de paracaidista: ¿de qué gobierno forma parte la vicepresidenta?

TEMAS QUE APARECEN EN ESTA NOTA