Ministros kirchneristas ofrecen sus renuncias y exponen la crisis del gobierno

Las mediatizadas ofertas de renuncias de Eduardo Wado De Pedro, ministro del Interior; Martín Soria, de Justicia; Roberto Salvarezza, de Ciencia y Tecnología; Tristán Bauer, de Cultura y, entre otros, Luana Volnovich y Fernanda Raverta (titulares del Pami y la Ansés), no fueron sin embargo “indeclinables” en ningún caso. Se inscriben en la gestualidad política,…

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Las mediatizadas ofertas de renuncias de Eduardo Wado De Pedro, ministro del Interior; Martín Soria, de Justicia; Roberto Salvarezza, de Ciencia y Tecnología; Tristán Bauer, de Cultura y, entre otros, Luana Volnovich y Fernanda Raverta (titulares del Pami y la Ansés), no fueron sin embargo “indeclinables” en ningún caso.

Se inscriben en la gestualidad política, jurídicamente son redundantes, y técnicamente ponen la pelota en el campo del presidente, al cabo, el que tiene en sus manos siempre la renuncia de todos sus colaboradores. Se lo hagan saber o no, por escrito o verbalmente. La actitud de ofrecer las renuncias del elenco kirchnerista en el gobierno de Alberto tienen un sentido inequívoco: inducir a todos los colegas del gabinete – los albertistas- a tomar igual actitud, y que luego sea Fernández el que decida como reconfigurar su equipo.

Interrogantes

La discusión no saldada en el frente gobernante es cómo intentar revertir la derrota en las elecciones generales de noviembre próximo, si fuera que esa alternativa es posible, con qué acciones, con qué políticas. Nadie lo sabe con certeza, pero se vislumbran dos caminos: el que hasta esta hora estaría dominando la voluntad del presidente, “escuchar y corregir”, pero sin patear el tablero ni rodar cabezas clave de su gabinete, ni tomar medidas económicas, radicales, que a cambio de una eventual recomposición con un sector de votantes del FdT que desertó en 2021, conduzca necesariamente a un nivel de confrontación abierto con la cúpula de poder económico y mediático que oficia de tutorial de Juntos por Cambio (JxC).

El sector político dominante del FdT, el kirchnerismo, miró durante tres días (hasta hoy) con cierto asombro cómo el presidente y su principales ministros, Santiago Cafiero y Martín Guzmán, retomaron la actividad de gestión política gubernamental (luego del corto discurso del domingo a la noche, asumiendo la derrota y prometiendo “escuchar”), simulando una relativa normalidad y prodigándose con mayor voluntarismo, aunque sin golpear la mesa, y proponer medidas contundentes que alteren (para bien) de manera irrefutable, la vida económica de al menos los 15 millones de argentinos que viven penosamente en la base de la pirámide social y que han visto degradas sus condiciones de supervivencia desde al menos hace seis años a la actualidad.

“Si Guzmán tiene plata en la caja, la tiene poner toda arriba de la mesa, y ya mismo. Y si la caja queda vacía, que quede vacía”, graficó a La Capital, de manera práctica, una fuente muy cercana a la presidenta del Senado Cristina Kirchner. Para el kirchnerismo el domingo pasado a las 10 de la noche empezó una nueva historia en la Argentina: el plan es construir un giro y profundización en las políticas económicas que fidelicen el voto popular perdido, con discretas expectativas de obtener una mejora electoral en noviembre próximo, aunque con el objetivo principal puesto en la elección presidencial determinante de 2023.

La experiencia de la derrota electoral intermedia, al cabo, no es novedosa para el kirchnerismo, pasó por igual trance en 2009, 2013 y también en 2017, aunque en aquella oportunidad estando fuera del gobierno. “Con Cristina presidenta perdimos legislativas, pero los lunes subsiguientes se hicieron reuniones de horas y horas con todos los gobernadores, se decidieron nuevas políticas, se cambiaron los funcionarios que había que cambiar. Si Alberto no va en ese camino nos parece una conducta peligrosa, los perseguidos y los presos los ponemos nosotros”, calibró la fuente kirchnerista.

La presencia de Guzmán hablando en un acto junto al presidente justo cuando arrecian los rumores sobre un eventual desplazamiento por su presunta contracción al “fiscalismo” – que habría sido una de las causas de la derrota electoral del peronismo el domingo-, pareció fortalecer la tesis de “tranquilizar la economía”, algo que por ahora no tuvo resultados electorales favorables para el gobierno.

La crisis en la Casa Rosada ahora se ve expuesta, aunque el peronismo no se asusta de estos trances. La salida, por el momento, es incierta: los optimistas hablan de una “oportunidad para hacer los cambios grandes y un relanzamiento, de un tiempo nuevo, una nueva etapa”. Otros, se inclinan por la prudencia, no hacer olas y confiar en escalar progresivamente una mejoría que finalmente el votante peronista reconocerá.

Por Rodolfo Montes / La Capital