Una investigadora argentina identifica al autor del primer diccionario castellano

Hace algunos meses la noticia sacudió el mundo de la lexicografía castellana. Una investigadora argentina, la filóloga Cinthia María Hamlin, miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y docente de la Universidad de Buenos Aires, encontró dos folios que cambiaron la historia conocida hasta el momento sobre un texto pionero y basal…

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Hace algunos meses la noticia sacudió el mundo de la lexicografía castellana. Una investigadora argentina, la filóloga Cinthia María Hamlin, miembro del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y docente de la Universidad de Buenos Aires, encontró dos folios que cambiaron la historia conocida hasta el momento sobre un texto pionero y basal de nuestra lengua. Durante siglos se consideró que el Vocabulario Español Latín (1494-1495), de Antonio de Nebrija, era el primero en su especie, sin embargo Hamlin halló en la Universidad de Princeton un texto previo. Tras extensas investigaciones pudo precisar la fecha de estos folios, 1492-1493 y, junto al investigador Juan Fuentes, identificaron que se corresponde con el vocabulario anónimo completo que se transmite en un manuscrito de El Escorial. Hamlin dio un paso más y pudo identificar al autor de este texto: Alfonso de Palencia, cronista de la reina Isabel la Católica, personaje histórico que cobra ahora gran protagonismo.

Cinthia María Hamlin, miembro del Conicet y docente de la Universidad de Buenos Aires,

¿Quién fue Alfonso de Palencia? “No es un personaje menor de la historia española. Fue cronista de la reina Isabel. Es uno de los grandes humanistas que precede a Nebrija, un personaje, política e historiográficamente, muy importante. Antes de que Nebrija le presentara a la reina su Gramática (1492), la reina le encarga el Universal Vocabulario en latín y en romance [vocabulario latín-español] a Palencia. La reina tenía varios ejemplares de Palencia en su biblioteca y es verosímil pensar que le haya pedido un vocabulario en castellano-latín, siendo que a ella está dedicada la obra en el prólogo que se encontró en uno de los folios. Este vocabulario tiene detalles inconclusos, Palencia muere en marzo de 1492, y, muy probablemente, fue llevado a la imprenta de manera póstuma”, explica Hamlin sobre este personaje que además publica De sinonymis elegantibus, una lista de sinónimos en latín. Palencia ya era el primer lexicógrafo de toda Europa en incluir en un diccionario una lengua romance: en su Universal Vocabulario de 1490 el castellano se incorpora en una segunda columna, para traducir las entradas y definiciones latinas. Ahora, con este descubrimiento, se sabe que fue también Palencia el primero en realizar un diccionario del castellano propiamente, pues lo tiene como lengua de partida. Nebrija continúa por esta senda, con su famoso diccionario, pero dos años después que Palencia.

En una estancia de investigación en la Universidad de Princeton, en 2018, Hamlin, filóloga medievalista, estudiaba en la Firestone Library de esta institución una traducción de Fernández de Villegas del Infierno (1515), de la Divina Comedia de Dante. Mientras realizaba esta labor le surgieron varias dudas sobre la encuadernación y pidió dialogar con Eric White, curador de la Rare Books and Special Collections, quien bajó de su despacho para reunirse con la investigadora. Así comenzó una conversación donde White la desafió con algunas preguntas y tras comprobar el conocimiento en la materia de Hamlin decidió confesarle que la biblioteca contaba con un tesoro curioso de autoría y fecha desconocida. Dentro del Universal vocabulario en latín y en romance (1490) [romance alude a la evolución del latín en otras lenguas y/o dialectos], de Alfonso de Palencia, había dos curiosos folios: uno contenía un vocabulario en castellano y latín, 77 entradas, y el otro, una dedicatoria a la reina Isabel.

Hamlin comenzó a trabajar de regreso en Buenos Aires para brindar una fecha concreta a estos folios, precisión que fue posible a partir de cotejar un catálogo alemán de tipos móviles con la tipografía específica que se utilizaba en una imprenta de Sevilla, Ungut y Polono, entre 1491 y 1493, y del análisis de un epíteto clave: “Reina de Granada”, una fórmula que serviría para además luego dar otro giro a la investigación cuando se buscara precisar la autoría de los folios. La conclusión de esta etapa en la investigación fue que se trataba de un incunable del que no había registro hasta la actualidad.

En este punto Hamlin invitó al medievalista y latinista Juan Fuentes, también miembro del Instituto de Investigaciones Bibliográficas y Crítica Textual (Secrit), a la investigación, la cual dio un paso firme cuando surgió una pista interesante. Fuentes revisó extensos corpus bibliográficos sobre léxicos antiguos y allí encontró el dato de que existía un manuscrito en El Escorial con un vocabulario anónimo fechado a fin del siglo XV. Con mínimas variantes, típicas de la Edad Media cuando se copiaba un texto, este ejemplar coincidía con los folios impresos que estaban investigando. En octubre de 2018 Hamlin viajó a El Escorial donde se hizo con una copia del original, además de continuar trabajando con una edición de 2007 de este ejemplar publicado por Gerald MacDonald. Este hallazgo fue publicado en Romance Philology y ya quedaba claro un hecho fundamental: existía un diccionario previo al de Nebrija. Ahora bien, faltaba precisar quién era aquel autor.

La investigación de esta segunda instancia llevó un año más. “Tenía una intuición sobre el autor. Trabajé mucho con Alfonso de Palencia y pensaba: «Este vocabulario anónimo tiene el mismo método lexicográfico que el suyo». Empecé a buscar pistas luego de descartar totalmente a Nebrija, porque él tiene otro método”, dice a LA NACION. Hay que destacar que el manuscrito que se conserva en El Escorial es una copia de un texto de Palencia, es decir, no está escrito por la mano de este lexicógrafo, hecho que además demoró su identificación.

La investigadora, a través de una aproximación ecdótica, una disciplina que estudia los fines y los medios de la edición a partir de la filiación o parentesco entre manuscritos, comparó las fuentes [los citas de autores como Virgilio o Terencio que sirven como autoridad en las entradas de las voces para proporcionar un ejemplo al término latino que se hace equivaler al castellano] del texto de El Escorial con las entradas del vocabulario desconocido. No solo se concentró en las coincidencias entre ambos textos, sino también en los errores conjuntivos a la hora de citar, lo que prueba el parentesco entre ambos textos. Hamlin pudo concluir que ambos textos trabajaban con las mismas fuentes lexicográficas y cometían los mismos errores y, de este modo, que era Palencia el autor de ese vocabulario.

Hamlin publicó su investigación en el Boletín de la Real Academia Española (RAE) “Alfonso de Palencia: ¿autor del primer ‘Vocabulario romance latín’ que llegó a la imprenta?”. Este artículo, sobre el que ha hecho comentarios el Pedro Álvarez de Miranda“>erudito, catedrático y Bibliotecario de la Junta de Gobierno de la RAE Pedro Álvarez de Miranda le da un aval contundente a la investigación de Hamlin.

Este hallazgo no le quita mérito en absoluto a Antonio de Nebrija. El próximo año se realizarán varios eventos, congresos y ciclos para conmemorar el quinto centenario de su muerte. Su labor resulta crucial no solo para estudiar la consolidación del castellano como lengua, a través del desarrollo de una gramática, la primera en una lengua vulgar en imprimirse en el Viejo Continente, y de un diccionario, sino también la consolidación de un imperio que requería una lengua unificada para poder transportar a las colonias.

“Este hecho tiene impacto en otras disciplinas, además de la lexicografía, como la bibliografía material, es decir el estudio de los incunables y de la historia del libro. Este hallazgo pone a Palencia en el lugar que se merece, con un poco más de protagonismo que tenía hasta este momento. Sí tenía un lugar en la historia política y literaria, pero ahora tendrá una lugar destacado en la historia lexicográfica”, concluye Hamlin quien después de este paréntesis tan fructífero podrá seguir trabajando con la traducción del Infierno.

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