A 35 años de México 86: habla Ali Bennaceur, el árbitro que no vio La Mano de Dios y que disfrutó del mejor gol de la historia de los Mundiales

El reloj marca las 9 en Túnez, pero en la Argentina aún no cantó ningún gallo. Alí Bennaceur recorre los recovecos de su ciudad hasta llegar a la embajada argentina, donde lo espera el diplomático Andrés Zampatti con la cámara lista para conversar con Clarín. “Les tengo mucho respeto. La Argentina marcó mi palmarés y…

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El reloj marca las 9 en Túnez, pero en la Argentina aún no cantó ningún gallo. Alí Bennaceur recorre los recovecos de su ciudad hasta llegar a la embajada argentina, donde lo espera el diplomático Andrés Zampatti con la cámara lista para conversar con Clarín. “Les tengo mucho respeto. La Argentina marcó mi palmarés y mi historia como árbitro internacional”, se presenta. El resto es conocido.

Alí Bennaceur (77) dirigió el partido entre la Selección e Inglaterra en el Mundial de México 1986, cuando la labor de los árbitros no era más que un hobby. Su vida, en realidad, estaba vinculada a la ingeniería informática. Pero aquel mediodía, en el Azteca, su nombre quedó grabado. “Cuando era joven -recuerda- vi el Argentina-Inglaterra de 1966 y decía: ‘Qué difícil debe ser dirigir un partido entre ellos’. Veinte años más tarde me tocó uno más complicado”.

-¿Cuántas veces volvió a ver el partido?

-Muchas. Tengo varios partidos guardados, pero ese me da una sensación inigualable. Era especial, porque era el último de cuartos de final y los finalistas eran europeos. Si Inglaterra ganaba, iban a ser semifinales y final europeas. No sólo fue que la Argentina le ganó a Europa, sino que Maradona le ganó a Europa él solo

-¿Siente que tuvo que ver en los goles?

-En México éramos 42 árbitros y no había jueces de línea, porque aún no había una especialización: a mí me tocaron varios partidos como asistente. La FIFA dio instrucciones clarísimas de que siempre había que priorizar al que estaba mejor ubicado para cobrar algo. En el gol retrocedo hasta la mitad de la cancha mirando a mi juez de línea, Bogdan Dochev. El búlgaro me marca el gol y, siguiendo las instrucciones, lo convalidé. Para mí fue legítimo por lo que me marcó él. Luego la Comisión de la FIFA dijo que yo había cumplido las indicaciones y que el búlgaro debía ser sancionado.


Bennaceur, atento al saludo entre Maradona y Shilton en 1986.

Aquel cruce no sólo instaló su nombre, sino que además fue el puntapié de una amistad con Diego Maradona. “Fue el mejor al que vi”, dice. Porque si bien el tunecino dirigió hasta las grandes finales de África y a jugadores del calibre de Pelé, Johan Cruyff y Just Fontaine, no volvió a encontrar las virtudes de Pelusa en ningún otro. “Ahora -sigue- hablamos de Messi, Ronaldo… Todos ellos tienen una virtud. Maradona tenía todas y jugaba sin reservas“.

El propio Diego visitó Túnez en 2015 y le llevó al referí dos camisetas de la Selección: una con la dedicatoria “para Alí, mi amigo eterno”, y la que utilizó en el duelo frente a los ingleses, que hoy atesora su hijo. “Tenía hambre de gloria y por eso quería dar lo mejor para su país. Eso lo hacía trascender de la faceta de jugador para convertirlo en un humano excepcional”, asegura el juez, que en diciembre de 2020 volvió al arbitraje para dirigir un duelo en homenaje al Diez.

-¿Dónde estaba el día de su muerte?

-Apenas me lo dijeron lloré, y lloré mucho. Siento que además de a un gran jugador perdí a un ser muy querido, sobre todo por su calidad humana y por la persona que era. Lo aman hasta sus adversarios. Todo el mundo amaba a la Argentina y era gracias a Maradona. Me hubiese encantado ir a su velorio, pero estaba con un tema de salud. Aparte, por mi edad, no sé si toleraría un viaje tan largo.


En 2015, Diego lo visitó en Túnez. “Para Alí, mi amigo eterno”, firmó en su camiseta.

-Si no era Diego, ¿también hubiese insistido en aplicar la ley de ventaja como lo hizo en el segundo gol?

-Desde ya, pero cuando uno dirige a un jugador así no tiene el mínimo derecho a pestañear: ante la más mínima distracción, siempre va a haber un adversario que va a querer bajarlo, y uno tiene que protegerlo y dejarlo despliegue su magia. En el segundo gol es donde más participo, porque en tres ocasiones clarísimas los ingleses quisieron pararlo con falta a Diego y yo, lejos de cobrar la falta, apliqué la ley de ventaja y terminó siendo el mejor gol de la historia de los mundiales. Otro podría haberlo cortado.

-Dice que todos amaban a la Argentina. Ese día, ¿prefería que gane?

-Voy a contar una confidencia. En 1978, Túnez le ganó a México en Argentina y fue la primera vez que una selección africana ganó en un Mundial. Desde ahí, para los tunecinos, Argentina es buena suerte. Los amamos, primero por Maradona, segundo por esto y tercero porque hay una idea de que los pueblos son parecidos. Ese día, mi norte era tener éxito en mi misión: no me importaba quién ganara, siempre y cuando fuera legítimo. Pero en un momento…

-¿Qué pasó?

-La Argentina se puso 2-0, Inglaterra descontó y me sentía tan cómodo que un poco quería que Inglaterra empatara para que el partido siguiera, porque tenía el control del partido y lo estaba disfrutando. Pido perdón, ja.

Bennaceur dice que, para su asistente, quien tocó la pelota en el primer gol fue el arquero. Y defendió su postura durante varios años. “Siempre -confiesa- nos escribíamos para año nuevo y me decía: ‘No hubo mano, fue Shilton’. A los dos años me escribió: ‘Querido Alí, te pido disculpas. Fue la mano de Diego’“.

-Con el VAR no pasaría…

-El VAR le sacó el encanto al espectáculo del fútbol. Puede haber espectadores esperando el gol durante varios minutos y cuando llega festejan, pero de pronto el árbitro detiene el partido para revisar la jugada y la alegría se esfuma. Atenta contra la naturaleza y lo lindo del fútbol./strong>.

-¿Se arrepiente de algo de ese partido?

-De nada. Los errores son parte de la tarea, pero quiero defender a mi colega búlgaro diciendo que la situación era confusa.

El árbitro, que no vio La Mano de Dios y que disfrutó en primera fila del mejor gol de la historia de los Mundiales, deja latente un pedido: que el legado de Maradona permanezca vigente. “Como en su momento a mí me tocó proteger a Diego, paso el relevo a los jóvenes para que mantengan vivo su recuerdo y todos los valores que él representaba, más allá de lo que era en la cancha”. Porque ese mediodía en México y sin buscarlo, participó de las proezas del Diez./strong>. Y convirtieron su nombre en mito.

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