Variantes de Covid: qué vacunas son las más fáciles de “aggionar” y cuáles las más difíciles

El mundo le está haciendo frente al coronavirus con 17 vacunas, de las cuales 8 tienen particular importancia porque fueron aprobadas en entre 25 y 110 países. Por más que la pandemia deje de tener la magnitud actual, se prevé que tarde o temprano esos fármacos se tendrán que renovar para hacerle frente a las…

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El mundo le está haciendo frente al coronavirus con 17 vacunas, de las cuales 8 tienen particular importancia porque fueron aprobadas en entre 25 y 110 países. Por más que la pandemia deje de tener la magnitud actual, se prevé que tarde o temprano esos fármacos se tendrán que renovar para hacerle frente a las nuevas variantes de preocupación. El sentido de estas líneas es ahondar en cuánto tiempo, dinero y dificultad les representará a los laboratorios aggionar sus vacunas según cada plataforma.

La mala noticia es la negativa de las fuentes consultadas a arriesgar una “fecha de caducidad” de las vacunas que se administran hoy o al menos una estimación sobre cuán necesario será dar refuerzos amoldados a las nuevas variantes de Covid

Sin embargo, a juzgar por lo que pasa con el virus de la influenza, es razonable imaginar ciclos de Covid, que requieran la vigilancia genómica constante de los Estados y de los laboratorios. 

De hecho, ya ocurre: la pregunta por la utilidad de las vacunas que se usan estuvo surgiendo en estos días a partir de la variante de preocupación “Delta”, que en Inglaterra -donde casi daban por aplacado el Covid- está provocando un nuevo aumento de contagios.

Más allá de que varios laboratorios estuvieron anunciando (algunos con más sustento documental que otros) que sus vacunas son efectivas contra esa variante surgida en India, nadie descarta que tarde o temprano aparezcan versiones de SARS que exijan trastocar la primera generación de vacunas. ¿Cómo serían esos cambios?


Viales con las vacunas Sputnik V y la de Sinopharm, dos de las que se aplican en Argentina. Foto: AFP

Plataformas

Es necesario recordar en qué consisten las distintas plataformas de vacunas para imaginar la dificultad que les representaría a los laboratorios modificar sus fórmulas.

Hay varias formas de agruparlas, pero una opción es separarlas en tres grupos.

En primer lugar están las vacunas que usan el agente patógeno completo, sea atenuado o inactivado. Contra el Covid solo hay aprobadas vacunas con virus “inactivado”, y un caso conocido es el de Sinopharm.

En el grupo dos están las vacunas más atrasadas (en los términos de la corrida que planteó esta pandemia). Son las de subunidad proteica. No hay ninguna aprobada hasta ahora, aunque dos están “en vías de”: Novavax y Medicago.

Belkys Maletto profesora e investigadora del Centro de Investigaciones en Bioquímica Clínica e Inmunología (CIBICI) de la Universidad Nacional de Córdoba, explicó que “mientras las primeras utilizan el virus completo, esta segunda plataforma usa un pedacito del microorganismo”, y aclaró que las vacunas antigripales y las que combaten el HPV utilizan esta tecnología.

La experta recordó que “para las de subunidad, antiguamente se purificaba el virus, de modo de obtener una proteina, lo que en términos de seguridad era complejo porque se manipulaba el virus en sí. La biotecnología permitió desarrollar sintéticamente esas proteínas (uno diría, artificialmente), algo que se hace con tecnología recombinante, y que alivió el hecho de tener que purificar el virus”.

El tercer tipo son las vacunas genéticas, que a su vez se pueden dividir en dos.


Una enfermera prepara una vacuna contra la Covid-19 en el Predio de Tecnopolis. Foto: EFE

Las primeras transportan un “pedacito” de Covid (otra vez, la famosa proteína s o spike, obtenida de manera sintética) en una suerte de “taxi” o vector viral (en el caso Sputnik V es un tipo de adenovirus humano; en AstraZeneca es un adenovirus de chimpancé), y aquellas en las que -para decirlo mal y pronto- el vector o mensajero es el propio material genético (sintético) envuelto en una capa de lípido. Estas son las famosas vacunas “ARN mensajero”. Es decir, las de Pfizer y Moderna.

Paradojas

Ante la aparición de nuevas variantes de preocupación que no puedan ser abordadas con las vacunas actuales, las de las plataformas 2 y 3 deberían representar menor dificultad y tiempos más cortos a la hora de modificarse que las del grupo 1. Si bien no existe bibliografía comparativa para confirmar esta hipótesis, tres investigadores consultados coincidieron en esta mirada, al menos como una aproximación.

Sin embargo, no es tan fácil. Para decirlo santificadamente, si la nueva variante de preocupación que surja conserva más o menos “igual” (esto en sí es un tema complejo) la proteína S (como pareciera haber sido hasta ahora), las vacunas que inmunicen a partir de ese fragmento de material genético funcionarán bien.

Si se produce algún cambio significativo a ese nivel, deberían cambiar su desarrollo incluyendo la nueva “instrucción”, para usar un término del ámbito de la genética. Ese cambio podría llevarse adelante en solo un par de semanas.

Perderían, entonces, las vacunas del primer grupo, que utilizan el virus completo, inactivado, en especial si la nueva variante “replica” con mayor dificultad, algo que nadie puede prever. Porque, fundamental aclaración, para generar vacunas con virus inactivado es necesario hacerlo “replicar” en el laboratorio, en cantidad, y luego inactivarlo (“matarlo”, podríamos decir si fuera un ser vivo). 

La paradoja es que, al mismo tiempo, las vacunas que contienen el virus completo, también deberían tener menos chances de quedarse “cortas” ante los cambios que podría efectuar el SARS.

Como explicó Maletto, “las de subunidad y las genéticas tienen una única información, que es la proteina S. Cuando uno se inmuniza con una vacuna que tiene el patógeno completo, presumiblemente podría tener una respuesta más amplia en cuanto a la diversidad de antígenos contra las distintas partes del virus, que superan a la proteína spike”.

En otras palabras, es una de cal y una de arena…

El tiempo es dinero

Según Daniela Hozbor, “vacunóloga” del Instituto de Biotecnología y Biología Molecular (IBBM), y profesora de la UNLP, “el desafío más grande ya ocurrió, que fue el desarrollo inicial de estas plataformas. Es decir, ya están instaladas y hacer cambios, en todos los casos, no debería ser complejo”.

Más allá de las diferencias, la experta apuntó que “en pocas semanas pueden modificarse y tener otra vez una vacuna actualizada. Si bien requerirá probarlas, la buena noticia es que los ensayos clínicos no tendrían la magnitud de los que vimos hasta ahora. Serían pequeños. Esto se ha conversado con los entes reguladores y han corroborado que no será un requisito que los nuevos estudios tengan la misma magnitud que tuvieron para producir la primera generación de vacunas”.

En definitiva, apuntó, la renovación por venir será más sencilla respecto de lo que se vio hasta ahora: “Las fábricas para la producción en masa ya están en funcionamiento. Sin dudas los tiempos van a ser más cortos. Y por lo tanto, los costos también”.

PS

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