Segunda dosis de la Sputnik V: cuál es el secreto de la escasez de la vacuna contra el Covid más difícil de traer

“Me hice el test de anticuerpos y no tengo ni uno”. Cada tanto uno oye relatos pesimistas de quienes chequearon su inmunidad frente al Covid, tras haber recibido la primera dosis de Sputnik V. No son la mayoría: el 10% de los vacunados con este fármaco necesita sí o sí la segunda dosis para levantar anticuerpos. Pero…

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Me hice el test de anticuerpos y no tengo ni uno”. Cada tanto uno oye relatos pesimistas de quienes chequearon su inmunidad frente al Covid, tras haber recibido la primera dosis de Sputnik V. No son la mayoría: el 10% de los vacunados con este fármaco necesita sí o sí la segunda dosis para levantar anticuerpos. Pero el tema preocupa porque llegaron al país cinco veces más dosis “1” que “2”, y se dice que cuesta producir el segundo componente. Acá, la explicación.

En realidad no es “la” explicación sino algunas hipótesis de expertos. Al cierre de esta nota no se había podido obtener una explicación del Fondo Ruso de Inversión Directa (RDIF) sobre por qué cuesta más producir ese preciado elixir basado en un vector adenoviral humano (Ad5), del cual llegaron a la Argentina solo 1.060.160 dosis, muy por debajo de las 5.475.690 del componente 1, basado, en cambio, Ad26.

Si bien a fines de marzo la ministra de Salud Carla Vizzotti anunció que para inmunizar a más personas diferirían tres meses (en lugar de tres semanas) las dos dosis, y aunque este miércoles hubo una insistencia de la Argentina hacia Rusia respecto de la entrega de más partidas del componente 2, el lanzamiento (con bastante pompa) de la vacuna Sputnik Light (equivalente a la primera mitad de la Sputnik V) justifica preguntarse si el Gobierno podrá cumplir con el esquema completo para las más de 4 millones de personas que aguardan con ansias su dosis 2.

Además, ¿qué hace tan difícil producir esa segunda dosis basada en un vector de Ad5?


Viales de la nueva Sputnik Light, la versión en formato “unidosis” de la vacuna contra el Covid producida en Rusia. /Reuters

Marcelo Figueiras, contador y dueño del laboratorio Richmond, la empresa que envasará -en una primera instancia- y pretende producir la vacuna rusa en Argentina, explicó que “es una cuestión de rendimiento productivo”.

“Lo que nos explicaron los que nos transfieren la tecnología desde Rusia es que tiene que ver con un tema de rendimiento. Ya desde el cultivo celular, de la unidad de medida que tengas del componente 1 sacás 100, por ejemplo, y de la 2, más o menos 25”, precisó.

Lógicamente, si con los mismos recursos se obtiene un cuarto del producto, se puede afirmar que es más caro. ¿Lo es? Figueiras dijo sí, aunque no precisó los montos: “Y… sí. Es más caro también. Por eso nos pidieron que hiciéramos el 1 nada más acá. Nosotros dijimos que vamos a hacer los dos”.

Aunque el dueño de Richmond no pudo precisar el meollo de la dificultad al nivel viral (“es todo muy confidencial, además”), apuntó una cuestión central, que quizás aclare bastante por qué se repite hace semanas la misma foto, que encima se verá de nuevo este jueves: el avión de Aerolíneas Argentinas que aterriza en Ezeiza con cajas de vacunas Sputnik, únicamente del componente 1

El hecho que te den la receta no significa que hayas aprendido a hacerla. De los socios de la India que están absorbiendo esa tecnología, sabemos que en un mes o dos lograron producir el componente 1. Sin embargo, con el 2 están todavía luchando”, reveló.

Capricho viral

Jorge Geffner, investigador Superior del Conicet, titular de la materia “Inmunología” de la Facultad de Medicina de la UBA e investigador del Instituto de Investigaciones Biomédicas en Retrovirus y Sida (INBIRS) explicó que “la mayor dificultad de producir el componente 2 de Sputnik se relaciona con un problema de eficiencia”.

Antes de ir al detalle, una introducción de otro experto, también investigador Principal del Conicet y del INBIRS, Jorge Quarleri: “La producción de una vacuna como ésta requiere infectar células con el adenovirus en cuestión, una suerte de ‘taxi’ al que se le quitó una parte, y que en cambio contiene el gen que codifica para la proteína Spike del SARS-CoV-2”.

Según detalló Geffner, “este adenovirus no replica porque le falta ese pedacito. Pero para producir la vacuna precisás que replique. ¿Cómo hacés para obligarlo a replicar? Le tirás el virus a unas células que se llaman ‘células vero’, que tienen, podría decirse, ese cachito que le falta al virus. Se lo prestan durante un tiempo y empiezan a replicar. Luego lo pierden y no replican más”.


Partidas de vacunas Sputnik, en pleno vuelo desde Moscú. /Télam

La cuestión del Ad5 estaría precisamente en la dinámica de ese proceso, dijo el experto: “Evidentemente hay un problema en la amplificación con ese adenovirus. La parte técnica no la sé, pero muchas veces, en nuestro trabajo, lo que hay es conocimiento empírico“.

Es decir, “se sabe que algo es así porque se ve. Capaz ni los propios técnicos del Gamaleya saben por qué ocurre. Sin embargo, asumen que hay un compromiso en la eficiencia para producir el componente 2 de la vacuna”. 

Quarleri coincidió con su colega: “Siendo dos tipos de adenovirus diferentes, hay diferencias genómicas en juego. En esencia, podrían afectar la producción de uno u otro componente”.

Esquema completo

Aunque estos investigadores coinciden en la importancia de vacunar con una sola dosis para alcanzar una población mayor (frente a la estrategia de inmunizar menos personas con el esquema completo), vale la pena conocer los datos de un informe producido recientemente por el INBIRS, la Fundación Leloir-IIBBA, el CIC-Medicina UNLP y el Ministerio de Salud bonaerense.

Los expertos ahondaron en las consecuencias inmunológicas de la vacuna Sputnik V, tras observar a 288 trabajadores de la Salud a los 21 días de haber recibido la primera inyección.


Vacunación contra el Covid en el predio de Tecnópolis. /AFP

Las cifras no coinciden exactamente con la “eficiencia” informada (por ahora en un parte de prensa) por el Centro Gamaleya, que es 79,4% tras la primera dosis, ya que no son datos obtenidos en base al número de personas vacunadas que contrajeron Covid sino que se trata de una observación específica sobre la generación de anticuerpos, es decir, la respuesta que los expertos llaman “humoral”.

Los datos son alentadores: el 96% de los menores de 60 años había generado anticuerpos; en los mayores de 60 años, el 88%. Pero, tras recibir la segunda dosis, la cobertura subió al 100% de los observados.

Quiere decir que, en promedio, el 10% de quienes recibieron una sola dosis no generó anticuerpos. Su inmunidad individual contra el Covid pendió, entonces, del componente en base a Ad5.

Otro dato ya informado pero que vale la pena recordar es que una porción de los observados ya tenía anticuerpos por haber tenido Covid. A esas personas, la segunda dosis no les representó ningún beneficio.

Sin embargo, haber tenido Covid y vacunarse con la dosis 1 de Sputnik les generó una inmunidad enorme, mucho más robusta que la que lograron, incluso con dos dosis, los “vírgenes” del Covid.

PS 

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