El desafío de Sally Buzbee, la primera directora mujer en la historia del diario The Washington Post

Tras 144 años de historia una mujer será la nueva directora de The Washington Post. Se llama Sally Buzbee, y fue hasta ahora editora adjunta y vicepresidenta de la agencia de noticias Associated Press. Jeff Bezos, el multimillonario fundador de Amazon y también dueño del diario, aprobó su designación tras la partida de Marty Baron,…

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Tras 144 años de historia una mujer será la nueva directora de The Washington Post.

Se llama Sally Buzbee, y fue hasta ahora editora adjunta y vicepresidenta de la agencia de noticias Associated Press. Jeff Bezos, el multimillonario fundador de Amazon y también dueño del diario, aprobó su designación tras la partida de Marty Baron, el periodista extraordinario que descubrió la tremenda red de pedofilia eclesiástica desde el Boston Globe contra viento y marea y que, luego, en el Washington Post, libró un duro combate ofreciendo periodismo y datos frente a los cotidianos dislates de Donald Trump.

Baron logró incrementar exponencialmente la audiencia del diario: hoy tiene 3 millones de suscriptores digitales.

Empleó entre otros un modelo anti ajuste: incrementó la planta de periodistas que era de 580 en 2013 hasta los 1.000 que trabajan hoy en el diario.

Sally tiene 55 años. Empezó como cronista en la módica ciudad de Topeka. Asumió progresivamente mayores responsabilidades. Fue enviada a El Cairo desde donde reorganizó todas las coberturas de la agencia para el Medio Oriente. Finalmente fue la jefa de la oficina de la agencia en Washington entre 2012 y 2017. Luego fue nombrada vicepresidenta y editora ejecutiva de AP. Ahora Sally afronta un enorme desafío.


El Washington Post tiene 144 años de historia. Sally Buzbee será la primera mujer en dirigirlo. Foto: AFP

El Washington Post es un diario global y tuvo predecesores inmensos, como el propio Baron y antes Ben Bradlee, el hombre que cargó sobre sus espaldas las inmensas presiones que apedreaban al diario cuando publicó los Papeles del Pentágono (que desocultaron las acciones que el gobierno de los Estados Unidos quería encubrir respecto de la guerra de Vietnam) y cuando desenterraron gracias a Bob Woodward y Carl Bernstein los secretos que Richard Nixon sepultaba bajo siete mil llaves.

Bradley fue un maestro que basaba su tarea en claves simples: “Los periodistas son la fuente del director de un diario decía”. Ben Bradley confió en Woodward y Bernestein. No hay organización noticiosa sin esa confianza depositada en sus periodistas. Es una confianza fundada en las preguntas, en la sospecha metodológica, en las críticas y en las autocríticas, en el áspero día de día del chequeo noticioso. “El fundamento del periodismo -afirmaba Bradlee simplemente- es buscar la verdad”. Otra clave que explica la profundidad de una vocación: “Lo excitante del periodismo es que nunca sabes lo que vas a escribir cada día” y finalmente “Los presidentes ya no pueden salirse con la suya”.

El periodismo al estilo Bradlee opera como un sistema permanente de limitación de los excesos del poder.

Sin embargo, de pronto, se asiste a una distorsión profunda y anti periodística; el “periodismo” como un sistema de difusión propagandística del poder de turno.

Hubo otra mujer mucho antes de Sally Buzbee que fue esencial para el Washington Post: Katherine Graham. En realidad fue la dueña del diario. Su marido, Phil Graham, se suicidó en 1963 y ella asumió todas las riendas. Bradlee fue a la vez la fuente de Graham. Y ella confió en él. Y todo lo publicado fue verdadero.

Los tiempos cambiaron. Internet se imbricó con el periodismo. Pero es posible hacer buen periodismo en la web. No solo es posible sino imprescindible.

Jeff Bezos es un personaje crucial de la nueva economía. Amazon es un hito basado en la confianza entre el cliente y el vendedor y el transporte de la mercadería inaugura una cartografía sin intermediarios que revoluciona los sistemas de compraventa y que también irrumpe en el sistema noticioso. La información circula por vía digital, aunque sin eclipsar al diario impreso que permanece vivo y rentable.

Internet avanza pero no es todo.

Lo digital se alimenta esencialmente de lo material, de lo que acontece fuera de la web: desde un crimen, hasta un choque de vehículos, o un sismo, o una guerra, o una polémica en el Parlamento. Que todo se transmita por vía virtual, no permite inferir que la realidad entera sea virtual.

Sally Buzbee enfrenta un panorama diferente al de sus predecesores, circunvalado el periodismo de calidad tradicional por las redes, que son esenciales pero que frecuentemente transmiten más falsedades que verdades.

Los procesos de verificación son los mismos que los de antaño: la confrontación con las fuentes, la corroboración documental, la precisión requerida en cada dato publicado. Todo cambia y nada cambia.

Buzbee tendrá a su cargo mil periodistas.

Se mostró emocionada por el nombramiento.

No es para menos.

Le espera, como siempre, el inmenso desafío de describir los hechos de un mundo siempre en tensión y cada vez más complejo, pero a la vez el imperativo categórico de Ben Bradlee que vale para todos los tiempos: “Se trata de buscar la verdad”.

Ni más ni menos.

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