Superliga europea: el modelo de la NFL y el silencio de la pandemia

Es por dinero. Es por poder. Son millonarios. Y los millonarios siempre quieren más. Se podrían encomillar estas expresiones para hilvanar las sensaciones (eso que uno dice cuando no tiene elementos y cree más de lo que sabe) que despertó el anuncio de los 12 clubes ricos del fútbol europeo para romper con la UEFA…

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Es por dinero. Es por poder. Son millonarios. Y los millonarios siempre quieren más. Se podrían encomillar estas expresiones para hilvanar las sensaciones (eso que uno dice cuando no tiene elementos y cree más de lo que sabe) que despertó el anuncio de los 12 clubes ricos del fútbol europeo para romper con la UEFA y armar la nueva Superliga. Se puede coincidir en que esta revuelta, ya llamada guerra, huele a dinero por donde se la mire. De hecho, los propios clubes lo asumen y justifican esta fase bélica por ese motivo: las pérdidas económicas profundizadas por la pandemia son las razones para concretar una idea que se cocina desde hace casi dos años. Es por dinero. Intentemos ver si hay algo más.

La Superliga Europea es un llamado a la acción de los dueños de los clubes. Inter tiene propietarios chinos. AC Milan es de un fondo de inversión norteamericano. Liverpool, Arsenal y Manchester United con oficinas centrales también en Estados Unidos. Manchester City y sus capitales árabes. Chelsea es del ruso Roman Abramovich. Tottenham está en manos inglesas; Atlético de Madrid con titulares españoles e israelíes. Juventus es la propia vida empresarial de la familia Agnelli. Finalmente, Real Madrid y Barcelona son de sus socios, pero piensan como los poderosos.

El pase a la acción de los propietarios significa ejecutar en lugar de simplemente administrar. Esos clubes se perciben como los grandes movilizadores de la maquinaria de la industria del fútbol a partir de su alcance global, los fanáticos distribuidos por todo el planeta (más del 80 por ciento de los seguidores de Real Madrid están fuera de España) y entienden que el paso que deben dar es ir hacia una era post-fútbol: los cambios de escudos de Juventus en 2017 y de Inter en marzo pasado revelan desde el diseño que su identidad va más allá de ser un club de fútbol. Si pudieran, quieren ser Google y Apple.

Los inversores detrás de los clubes se sentían atrapados por los reglamentos ancestrales del fútbol. Los seis clubes del fútbol inglés se sienten inspirados por el modelo NFL donde las franquicias juegan poco y ganan mucho.

Florentino Pérez, presidente de Real Madrid y también el flamante mandatario de la Superliga de Europa

Tottenham es un club que remodeló su estadio en alianza con la NFL para recibir partidos en Londres. No es el único: el romanticismo a prueba de misiles de Marcelo Bielsa es cobijado por el Leeds, donde el 37 por ciento del paquete accionario pertenece a San Francisco 49ers.

Se puede interpretar que la UEFA leyó mal el modo en que los clubes ricos querían incrementar sus ingresos, cuando construyó una nueva Champions con 36 equipos para jugar un acumulado de 100 partidos con más TV y más patrocinios. Es el camino exactamente contrario y el que suelen tomar las organizaciones futbolísticas, incluida FIFA, a partir del crecimiento elefantiásico de las competiciones. Más equipos, más TV, más marcas. Los clubes ricos quieren menos partidos y más reparto entre ellos.

Tottenham, un club en alianza con la NFL

La crisis está desatada. Se localiza en Europa, pero puede tener coletazos en otras partes. Sucede en un momento en el que algunas competencias futbolísticas analizan ir hacia una concentración de calendarios. La liga belga y la holandesa estudian una fusión. La Liga MX y la MLS cada vez se miran con más simpatía para avanzar hacia un campeonato que los unifique: la distancia más larga entre un club de Estados Unidos y otro mexicano es de 3.200 kilómetros.

Claro que es por dinero. JP Morgan financia con 4 mil millones de dólares este emprendimiento de los 12 clubes ricos de Europa. Todas las ligas nacionales europeas están enojadas con este movimiento ya que sus activos se devalúan. Un último dato revela lo contracultural de esta acción de dueños e inversores: lo anunciaron cuando los estadios están vacíos por la pandemia. El griterío en las redes sociales jamás será igual a las manifestaciones de los hinchas en las canchas. Aprovecharse de ese silencio es parte de una estrategia en esta guerra con final abierto.

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