Moschitta y Fernández analizan la caída del microcentro rosarino y sus posibles salidas a flote

Más allá del impacto económico que implicó el anuncio de cierre de la firma Falabella, el problema alumbró y vino a volver a poner en foco otro central, de larga data y mucho más profundo. El centro Rosarino atraviesa una situación crítica que requiere soluciones integrales y sobre todo sólidos acuerdos de múltiples sectores para…

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Más allá del impacto económico que implicó el anuncio de cierre de la firma Falabella, el problema alumbró y vino a volver a poner en foco otro central, de larga data y mucho más profundo. El centro Rosarino atraviesa una situación crítica que requiere soluciones integrales y sobre todo sólidos acuerdos de múltiples sectores para apuntalar esas soluciones y lograr salir a flote.

On24 dialogó con los referentes locales de dos de los mundos que atraviesan de manera central la problemática del centro: por un lado la Federación de Comercio, que viene haciendo un análisis sostenido y alertando sobre la problemática del comercio en el micro centro rosarino. Por otro lado, una mirada urbanística de un fenómeno que golpea a Rosario tal como sucede en otras grandes urbes. Edgardo Moschitta, titular de la Federación de Comercio y Rubén Fernández, presidente del Colegio de Arquitectos, analizan la caída del microcentro rosarino y sus posibles salidas a flote.

Ambos sectores coinciden en sumar al análisis de la problemática del centro muchos factores que exceden el análisis económico y la situación del comercio. El deterioro en la zona del centro es un análisis que supera a la coyuntura, y que debe abordarse de manera integral, remarcan.

“La aparición de los shoppings generó un polo de atracción en otra área que descomprimió el área central y el valor que tenía en los 80 y 90 la peatonal Córdoba, ni hablar de la peatonal San Martín”, historiza Fernández y aclara: “Pero estos fenómenos son esperables en todas las ciudades. La movida de los últimos 10 años hacia el sector de Pichincha, el área de servicios en gastronomía ha beneficiado a ese sector y ha perjudicado al del centro. Estas transformaciones suceden, no es culpa de nadie, pero hay que atenderlas”.

Moschitta, por su parte, coincide en esa atención que se fue dejando de lado: “Al centro le sacaron primero un shopping, después otro, después el polo gastronómico, después aparecieron programas de estímulo para los centros comerciales barriales. De a poquito se fue vaciando, porque se corrieron actividades a otros puntos. Se dieron cambios de usos que no han sido sustituidos. El movimiento bancario y administrativo que hubo hoy no está, la cantidad de bancos que han dejado locales dejaron tierra arrasada. Hoy lo estamos notando demasiado por la pandemia, pero esto ya venía ocurriendo y el golpe de gracia es lo de Falabella”.

¿A qué se le dio la espalda durante tantos años? Por un lado, el deterioro afecta al casco histórico de la ciudad y su riqueza arquitectónica. “Son arquitecturas que fueron concebidas en una época que hay que reservar, es su huella plasmada a través de la arquitectura y tiene que poder ser puesta en valor”, pide el arquitecto.

“Lo que falta es una idea concreta sobre qué hacer con el centro. Cuando se habla del centro se ha discutido si achicar o agrandar las calles, si peatonales, si veredas, evidentemente el centro de Rosario tiene un problema estructural que va mucho más allá de eso: de costumbres, de desplazamientos hacia otras zonas y las soluciones tienen que pasar por algo más ingenioso. En su momento se habló de poblarlo, esa puede ser la solución o no, pero para eso hay que pensarlo de manera integral y sobre todo promoverlo”, pide el presidente de la Federación de Comercio de Rosario.

“Si la forma de estimular al centro es poblarlo, bueno que se promueva, para eso el sector público tiene que establecer las pautas e incentivos necesarios para que el sector privado lo pueda hacer. No pensemos que esto lo va a arreglar el sector público porque ni siquiera la vereda arregla, sin ir más lejos las veces que se arregló la peatonal se hizo con fideicomisos de los frentistas”, fustigó Moschitta e insistió: “Creo que, de parte del Municipio, tanto su ejecutivo como el Concejo, tendrían que crear estímulos suficientes para que el sector privado pueda invertir. Pero previamente tiene que haber un proyecto”.