La receta de Marcelo Gallardo para no parar de ganar: “Somos una gran familia”

Alguna vez fue la familia “Falcón” la que emocionó a los argentinos. Después, “Los Campanelli”. Más acá en el tiempo, “Los Benvenuto”. Familias de la ficción argentina que trascendieron la pantalla y se metieron en cada casa. Y hoy se puede decir que son “los riverplatenses”. Porque este River emociona a los propios pero también…

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Alguna vez fue la familia “Falcón” la que emocionó a los argentinos. Después, “Los Campanelli”. Más acá en el tiempo, “Los Benvenuto”. Familias de la ficción argentina que trascendieron la pantalla y se metieron en cada casa. Y hoy se puede decir que son “los riverplatenses”. Porque este River emociona a los propios pero también despierta respeto y admiración en los ajenos. En cualquier mesa se habla del River de Marcelo Gallardo. Se sacan el sombrero ante el andar del equipo del Muñeco, que al ganar la Supercopa Argentina volvió a ser campeón, por vez número 12 en este ciclo extraordinario que lleva casi siete años. Y el propio entrenador fue el que dio uno de los grandes secretos para llegar al éxito. “Somos una gran familia”, le dijo Gallardo a Clarín.

Y lo dijo orgulloso, con una felicidad que le brotaba en su cara, como ese padre contento por las satisfacciones que le dan los suyos. El Muñeco, de por sí, es muy familiero. Padre de cuatro hijos, le encanta rodearse del afecto de su entorno y compartir cenas, cumpleaños y cualquier evento de una familia que se extiende a su padre Máximo y a sus hermanas y las respectivas familias de cada una. Y esos valores los traslada a su plantel.

Es que Gallardo, además de ser un técnico muy exigente, también tiene tiempo para poner la oreja y la voz a la hora de aconsejar, sobre todo a los más jóvenes, a muchos de los cuales los siente como si fueran sus hijos.

Los jugadores perciben esa cercanía y se la juegan por su padre futbolístico. Quedó demostrado en la cancha. Y basta con repasar los festejos del segundo y tercer gol a Racing, en el que varios fueron a abrazarlo, certificando esa comunión que existe entre ellos. Y hubo un abrazo muy especial con Enzo Pérez, uno de los más grandes del plantel. Es que los más veteranos también tienen esa química especial con el Muñeco.

“Es difícil irse de acá”, admitió Pérez, quien tuvo una oferta millonaria de Turquía. Pero puso por delante a la familia. A la propia y a la de River también, claro. Y sigue siendo figura. Hasta despierta admiración en Leo Ponzio, el hermano mayor del grupo, con el que compite por el puesto. “La competencia hace que él cada día sea mejor y que uno no pierda el ritmo, porque realmente cuando hay que suplantar a jugadores como él hay que estar a la altura, y entonces eso le da valor a todo”. La competencia es sana. Y también es una de las claves para la senda del éxito de esta familia.

“Somos un gran equipo, un grupo de personas que realmente convive de muy buena manera, hay una buena energía y se nota”, afirmó el líder, Gallardo.

Y esa buena convivencia queda expuesta cuando un jugador se va, como pasó con Nacho Fernández y Santiago Sosa hace poco. Los futbolistas sienten que están dejando el nido para volar como si fueran jóvenes que dejan la casa de los padres. Y el resto arma una despedida, en la que abundan los abrazos y las muestras de afecto.

River se percibe como una familia cuando los utileros cuelgan las camisetas de Gonzalo Montiel (está con mononucleosis) y Javier Pinola (sufrió la fractura del antebrazo derecho) para hacerles sentir al resto que ellos también están en el vestuario. Y la familia riverplatense no se olvida a la hora de las dedicatorias de Pablo Dolce, el preparador físico principal y hombre clave en la estructura, quien está aislado en su casa porque dio positivo de coronavirus.

Toda esa comunión se traslada a la cancha. Y los abrazos en los festejos de gol mezclan alegría y desahogos. Es que la familia riverplatense sentía angustia en el último tiempo porque le costaba definir los tramos finales de los torneos. Necesitaba reencontrarse. Aceptar que las cosas habían cambiado pero que todo seguía intacto. Y dejó en claro que es así, con una goleada histórica en una final.

La mesa de los riverplatenses es larga, muy larga. Con varios manteles rojos y blancos. Desde la dirigencia encabezada por el presidente Rodolfo D’Onofrio, pasando por Enzo Francescoli, por Marcelo Gallardo, su plantel y sus casi 30 integrantes y colaboradores del cuerpo técnico, las Inferiores e Infantiles y cada uno de los empleados del club. Hasta los dirigentes de la oposición son invitados a formar parte de los viajes y compartir hoteles con los oficialistas. Y se traslada a los hinchas que se desparraman por el país y por el mundo.

Y Gallardo también se acuerda de ellos, emocionado por lo que vivió en Santiago del Estero. “Lo que vivimos del hotel hasta el estadio fue muy emotivo. Gente que no está acostumbrada a ver a River, salió a la puerta de su casa solamente para ver pasar el micro. Yo les dije a los jugadores que jugábamos para esa gente. Y ellos se brindaron por esa gente y por toda la gente de River”, expresó el Muñeco.

“Somos una gran familia. La verdad que sí. Y como toda familia, a veces tenemos conceptos distintos pero en el 98 por ciento de las cosas coincidimos”, afirmó D’Onofrio, mientras lo abrazaban Rodolfo y Clara, dos de sus tres hijos, felices por otro título.

Esos conceptos diferentes o discusiones pueden aparecer como pasa en todas las familias, pero enseguida hay una intención y un deseo de superar los obstáculos para que prime la armonía. Como cuando Gallardo afirmó que “tenemos que estar todos alineados”. O cuando los refuerzos se demoraban, aunque terminaron llegando. Es que la familia está por encima de todo. Así lo sienten en River. Así viven cada día de esta historia familiar que promete más capítulos emotivos.

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