A un año de la catástrofe sanitaria de los Fernández

Un año de la catástrofe sanitaria de los Fernández – El editorial de Alfredo LeucoEs hora de balances. Hoy se cumple un año del primer caso de Covid detectado en la Argentina. Es hora de analizar los motivos de la catástrofe sanitaria que produjo el virus y la mala praxis absoluta del gobierno de los…

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Un año de la catástrofe sanitaria de los Fernández – El editorial de Alfredo Leuco

Es hora de balances. Hoy se cumple un año del primer caso de Covid detectado en la Argentina. Es hora de analizar los motivos de la catástrofe sanitaria que produjo el virus y la mala praxis absoluta del gobierno de los Fernández. El dato más horroroso son los 52.192 muertos precisamente porque no es un dato frío ni un número en una estadística. Estamos hablando de un estadio lleno de compatriotas que fallecieron producto de la pandemia y de una pésima gestión. Se trata de más de 52 mil familias que hoy tienen un agujero negro en el alma y que perdieron algún ser querido. Estamos hablando de padres, hijos, novios, primos, abuelos y amigos. Es imposible olvidar cuando, desde el Gobierno, se dijo que, si hubiera estado Mauricio Macri de presidente, los fallecidos hubiesen llegado a 10 mil. Eso se llama escupir sangre para arriba. Eso se llama triunfalismo vacío. Los muertos son más de 52 mil. Somos el país número 13 en el mundo en cantidad de muertos por millón de habitantes. Y eso que se hizo la cuarentena más estricta y larga del mundo. Un fracaso absoluto. Este crimen de lesa inutilidad tiene varios responsables, empezando por el presidente de la Nación, Alberto Fernández, que se cansó de hacer mamarrachos con forma de filminas y de decir barbaridades dignas de una persona que no entendió nunca lo que estaba pasando. Alberto, además de instalar este clima triunfalista, futbolero, soberbio y provocador, quiso compararse con Chile y Suecia, entre otros, y el resultado fue un boomerang que nos llenó de vergüenza ajena. A Residente, el cantante rapero de Calle 13, el presidente Fernández le dijo que estábamos dominando al virus.

Eso fue el 30 de marzo del año pasado. Una fanfarronería irresponsable. Palabras demasiado livianas para un tema tan pesado. En otro momento, el Presidente repitió como un loro una leyenda de los curanderos populistas y dijo que “había que tomar bebidas calientes porque el calor mataba al virus”. Ni hablar del rosario de promesas incumplidas. ¿O no aseguró que entre enero y febrero iban a vacunar a 10 millones de argentinos? Hoy producen tristeza y lástima aquellas palabras con las que prometió decencia y la equidad en la aplicación de las vacunas. Se puede buscar en Google. Alberto dijo: “Se terminó la Argentina de los vivos que se zarpan y pasan sobre los bobos”. Hoy esas palabras son patéticas a la luz de los traficantes de vacunas que operaron desde el corazón del Gobierno. La humillación a la que sometieron a los que más necesitan las vacunas fue brutal. De hecho, el Gobierno, Cristina y Alberto se cayeron a pique en todas las encuestas. Y Ginés González García, directamente, se cayó del mapa y quedó afuera de todo, mancillado por la realidad, por sus chantadas a repetición y por la malversación de fondos, vacunas y otros delitos sobre lo que va a tener que dar explicaciones ante la Justicia.

Es hora de balances. Hoy se cumple un año del primer caso de Covid detectado en la Argentina.

Dijeron que había que elegir entre la economía y la salud, y fracasaron en los dos planos. En 2020, la Argentina cayó más del 10%, tuvo una inflación del 36 %, un aumento de la pobreza y del desempleo, y cerraron más de 90 mil comercios. Otra vez, son 90 mil familias argentinas que se quedaron sin sus ingresos, sin la actividad que les permitía ganarse la vida con dignidad. Y eso que emitieron alrededor de dos billones de pesos. Si con “b” larga, dos billones de pesos.

Ojalá se dejen de perder tiempo tratando de apropiarse de la Justicia para garantizar la impunidad de Cristina y calmar su sed de venganza y se dediquen a prepararse para una posible segunda ola de contagios. Ojalá no llegue nunca. Pero la experiencia internacional nos muestra que hay que estar alertas y no bajar la guardia.

Mientras tanto, todos los días el personal médico, indignado y maltratado, denuncia o filtra al periodismo más y más casos de tramposos que se vacunaron pese a que no les correspondía. Tráfico de influencia, acomodo, son muchos los grandes figurones que se burlaron de todos. Carlos Zannini es el caso más grave porque es el jefe de todos los abogados del Estado y, sin embargo, malversó un documento público, se hizo vacunar y en la planilla se registró como “personal de salud”. Y, de paso, vacunó a su esposa. ¿Ningún fiscal va a actuar? El funcionario que tiene que custodiar la legalidad fue el primero en violar esa legalidad. Se apropió de una vacuna que no era de él. Tal vez por su culpa falleció alguna persona que necesitaba inmunizarse en forma urgente. No sé cómo Zannini tiene cara para mostrarse contento. Eso es impunidad al palo.

Y ni que hablar de los acompañantes de Cristina en Avellaneda, que también se vacunaron, o de los legisladores amigotes, como Eduardo Valdés o Jorge Taiana; la familia Duhalde; la familia Moyano; los suegros y el padre de Sergio Massa y siguen las firmas. En su gran mayoría, capos del peronismo o del kirchnerismo. Gente del poder. La patria fueron ellos.

El gobierno de los Fernández se comportó en forma tan oscurantista como el de Vladimir Putin. No existe una lista transparente en internet donde aparezcan todos los vacunados. Es muy fácil hacerlo. No lo hacen porque no quieren. Y encima, se enojan si se los critica. También pretenden que se los aplauda. Alberto llegó a decir que se había montado “un escenario mediático de escarnio público”.

Y la verdad es que la catástrofe sanitaria que estamos padeciendo tiene un componente inevitable que es el virus, pero otro absolutamente evitable que es la pandemia del autoritarismo informativo, de la malvinización de la aplicación de la vacuna y de la ausencia total de rigurosidad científica.

En ningún momento la mala praxis y la chapucería del ministro Ginés González García ni la irresponsabilidad del presidente Fernández lograron llevar tranquilidad a una mayoría de la población. Fueron los principales protagonistas de la campaña antivacuna, más allá de que, como suelen hacer, acusaron a los opositores.

Son despropósitos macabros. Estamos hablando de vidas humanas, no de una mercadería que tiene repuesto. Exhibieron en forma obscena un nivel de insensibilidad social comparable solamente con las tiranías más reaccionarias.

Lo de Pfizer fue un papelón aparte. Sin que se le cayera la cara de vergüenza, Ginés dijo que no entendía las exigencias de Pfizer: “Pareciera que no le tienen fe a la vacuna”. No ministro. “Bad Information”. No le tienen fe al Gobierno argentino. De hecho, en casi todo el mundo están aplicando esa vacuna. Pero, según el impresentable exministro, los del laboratorio “pidieron condiciones inaceptables”. ¿Solo a la Argentina se las pidieron? El ministro también sacó de la galera otra serie de imprecisiones. Dijo: “Compramos 51 millones de vacunas y buscamos 20 millones más. Es mentira que no tengamos para todos”. ¿A cuál país o laboratorio se las compramos? ¿A qué precio? ¿Cuándo van a llegar? Muchas preguntas, ninguna respuesta. Ahora hay que trasladarle esas inquietudes a la nueva titular de Salud, la doctora Carla Vizzotti, que al parecer no vio nada de lo que estaba ocurriendo. Y eso que vacunaron a casi todo su equipo y, en muchos casos, los ladrones de vacunas operaban en el despacho del ministro, como el caso del “paraperiodista” Horacio Verbitsky que deschavó todo, después pidió disculpas y, finalmente, se escondió.

Está claro que Ginés nos vacunó a todas y todos los argentinos. Es humor negro. Porque estamos hablando de la muerte de más de 52 mil argentinos y vamos derechito rumbo a los 55 mil fallecidos producto del coronavirus. ¿Pueden mentir tanto? ¿La desesperación por sacar algún rédito político los lleva a mandar fruta y a decir cualquier cosa? Son imprudentes y peligrosos. Insisto: estamos hablando de salud.

¿Saben lo que significa la prudencia en un tema de salud pública?

La dignidad es como el embarazo. No se puede estar medio embarazada. Se está o no. No hay término medio. Con la dignidad, pasa lo mismo. No se puede ser medio digno. Conveniencia y especulación, siempre mata ideas.

Ge Ge Ge, como se conoce a Ginés por sus iniciales, records de metidas de pata y bloopers.“>batió todos los records de metidas de pata y bloopers. Habló hasta por los codos y dijo barbaridades. Ginés no pegó una en diez definiciones que tuvo ante los medios. Desde aquel histórico día 23 de enero, cuando dijo que no había ninguna posibilidad de que el coronavirus llegara a la Argentina. El médico de este gobierno de científicos hizo diagnósticos absolutamente equivocados. Insisto: no pegó una. “Me preocupa más el dengue que el coronavirus”, planteó sin que se le moviera un músculo, ni pidiera disculpas por semejante pifia. El 3 de marzo, hace un año, dijo: “Uy, me sorprendió el virus, yo no creía que iba a llegar tan rápido”.

Hay que recordar que vaticinó que en julio iba a bajar la curva y que la gripe era mucho peor que el Covid-19. Están todos los audios y los videos. Estos mamarrachos puestos en la boca del exministro Ginés son la síntesis de la catástrofe sanitaria que produjo este gobierno.

Se robaron todo durante más de 12 años, pero esta vez cruzaron todos los límites morales porque se robaron lo único que puede garantizar a los más vulnerables que no se mueran o que, por lo menos, le puedan pelear al virus de la muerte.

El terremoto social y político que produjo la vacunación ilegal y clandestina era lo único que faltaba para confirmar que es el peor gobierno desde el retorno de la democracia. Pura trampa y combate a la meritocracia. Los Fernández y su “ineptocracia” están trabajando para quedarse toda la vida en el poder. El nuevo lema es: “A los amigos todo y a los enemigos, ni vacunas”.

Muchachos, no se desesperen por conseguir un votito más o por inventar otro nuevo relato épico. Dejen de vender humo. Con la salud, no. Con la vida de los argentinos, no. Gobierno de científicos, las pelucas. Mediocres y chantas.

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