El Día de la Madre menos pensado: cómo es ser primeriza en la pandemia de coronavirus

Desde hace siete meses que en Argentina la palabra “positivo” tiene una connotación negativa. Pero hay un (+) que a muchas mujeres les significó más de una cosa, miles de cosas, en medio de la cuarentena más larga del planeta por el coronavirus.En el Día de la Madre, cuatro historias donde habrá llanto y felicidad, pero,…

El Día de la Madre menos pensado: cómo es ser primeriza en la pandemia de coronavirus

Desde hace siete meses que en Argentina la palabra “positivo” tiene una connotación negativa. Pero hay un (+) que a muchas mujeres les significó más de una cosa, miles de cosas, en medio de la cuarentena más larga del planeta por el coronavirus.

En el Día de la Madre, cuatro historias donde habrá llanto y felicidad, pero, siempre, miedo. Y con un punto que conecta a todas estas mujeres entre sí (y sin ser “contacto estrecho”): se convirtieron en madres -desde lo biológico y porque así se autoperciben- con un virus potencialmente mortal dando vueltas por este nuevo mundo.

Son mamás desde hace meses. O días. No son “primogestas”, como dicen los libros de Medicina. Son primerizas en pandemia

¿Cómo es ser madre primeriza en pandemia? No hay papers publicados en The Lancet o en la revista Nature. Pero para Lucía García, que vive en Parque Leloir, Ituzaingó, y trabaja en el área de marketing de una de las bodegas más importantes del país, el “ser madre ahora” implicó haber tenido la cesárea el lunes pasado, recibir el alta a las 48 horas y tener que aislarse completamente de su beba cuatro días después. Sin escalas: hisopado por covid-19.

“Tuve unos dolores tremendos en el abdomen y volví a la clínica. Levanté fiebre y los médicos pensaron: ‘Esta chica tiene coronavirus’. Por protocolo, lo entiendo, me pasaron al área de coronavirus, donde quedé internada sin que pudiese estar mi mamá (NdR, su novio en casa con la beba) y, como podía tener el virus, con poco personal de salud cerca. Sola. Fueron tres días muy angustiantes, que podrían haberme evitado, viendo a Justina por fotos y videollamada. Sacándome leche. Así es ser primeriza en pandemia”, cuenta a Clarín.

Lucía García tuvo la cesárea el lunes y quedó aislada de su beba el sábado. Ve los primeros días de Justina por videollamada.

Lucía, que tiene 36 años, sigue internada. El hisopado dio negativo, pero por otra fuerte infección, de la que aún no tiene diagnóstico, tuvieron que extirparle el apéndice y una trompa de falopio. Agradece a su obstetra, Lorena Claus, que le hizo “un moño en el útero” y pudo salvarlo. Quiere volver a ser madre “cuando pase la pandemia”. La beba, del otro lado de la pantalla, ya abrió los ojos.

Josefina Saiz Finzi es psicoanalista de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA), clínica en mamá-bebé -como se llama la especialización- y docente en observación de lactantes. En tiempos de enemigos invisibles, no es una “hada madrina” de las primerizas. Pero tiene el expertise para entender a las personas que paren y dan de mamar en este contexto.

Lo que hay que saber, dice, es que la maternidad desde marzo, en parte, cambió. Las madres están más tiempo con sus bebés -licencias extendidas “obligatorias” por las restricciones y el homeoffice-; en la heteronorma, muchas mujeres tuvieron vínculos en los que la crianza fue más equitativa con los hombres, porque ellos también tuvieron su licencia de paternidad “extendida”. Lo que no hay que dejar de saber: la maternidad, en el sentido de su base fundacional en la Psicología, es una de las pocas cosas que no cambió en este tiempo. No hay “nueva maternidad”. Está intacta.

“En los primeros meses del primer año de la vida se gesta la base del vínculo mamá-bebé. La vida emocional del bebé va creciendo en brazos de quien lo recibe. El vínculo de la mamá y el bebé es de los dos. No existe solo el bebé o sola la mamá. La continuidad del vínculo requiere presencia, disponibilidad, empatía, quien lo sueñe e imagine creciendo fuerte y sano. Es entre los dos que crece el bebé y la mamá como mamá”, remarca.

Pero la realidad se interpone al cuento de hadas. Aparecen preocupaciones, miedos, encierros: “Las mamás también se protegen de esos miedos del contagio con gran sensibilidad y entrega a sus bebés. Disfrutan de ese acercamiento: la licencia en algún momento termina, lo ganado es mucho”. Pero, dice Saiz Finzi, habrá que aprender a separarse (algo que antes sucedía rápido porque había que volver a trabajar a ese espacio físico ajeno al hogar). “El apego seguro es para toda la vida”, reconforta.

Siempre juntos los tres

Lía Canesa cuenta que “los últimos cuatro meses me los pasé encerrada, lejos de mis afectos, que veían crecer a mi hija por fotos o videollamada. Pero en mi ‘nidito’, empollando, en un taller virtual con una doula“, las mujeres madres que asesoran a otras en el embarazo y puerperio.

Hace 10 años que está en pareja con Lucas, nunca se casaron y el test positivo -el de los test positivos “buenos” o “malos” según la subjetividad – le hizo creer que iba a ser madre en la vieja normalidad. Pero lo está siendo en la “nueva”. Tiene 30 años, es de Burzaco, y trabaja en comercio exterior. Mientras habla se escucha reír a Emilia, que nació el 19 de junio. 

“Volví del trabajo y me hice el test. Lloramos, nos abrazamos, reímos y creí que se veía una 2020 con todo. Pero llegó la pandemia y sólo pudimos entrar juntos a la primera ecografía. Después por protocolo no podía. Pero desde ahora siempre los tres, con mucho amor”, recuerda.

Lía con su hija Emilia. Foto Juano Tesone

Para ella, ser madre primeriza en pandemia es poder compartir mucho mejor la crianza con su compañero. “El trabaja 15 días sí y 15 días no. Los días que está acá se súper disfrutan. Es tiempo compartido que antes ellos no hubiesen tenido”. Ella también cree que su hija necesita pasar tiempo con sus abuelos. “Con mucho cuidado, en encuentros seguros, cada 15 días –dice– tienen su encuentro con Emi. Es un shock anímico y de energía. Sí nos mantenemos lejos de nuestras amistades. Somos muy amigueros y eso es muy difícil”.

Maritchu Seitún es psicóloga especializada en crianza. Es best seller en estos temas, pero tampoco tiene una varita mágica. Sí tres consejos para primerizas: “No es sencillo convertirse en madre durante la cuarentena. Aparecen miedos de todo tipo y están muy solas para afrontar sus dudas e inquietudes. Por eso: 1) Tengan piedad con ustedes mismas, nadie nace sabiendo. 2) Pidan ayuda, física o por pantalla: compartir lo que nos pasa siempre hace bien. Y los seres queridos quieren ayudar. 3) Duerman a la par del bebé, para tener resto -ganas, ánimo, energía, humor- hay que cuidarse. Ya va a haber tiempo para otras cosas“.

Criar sin ayuda

Después de dos años de búsqueda y tras haber perdido un embarazo a las ocho semanas de gestación, Ana Laura Soria y su pareja, Nicolás, comenzaron el tratamiento en la clínica Halitus, con el acompañamiento del experto en fertilidad Sergio Pasqualini. Era 20 de diciembre. De lejos se hablaba de un virus en China. Lucina nació el 21 de agosto, con el virus ya instaladísimo. Su cuidado fue absolutamente exclusivo de estos padres primerizos. La teta, los llantos, los cólicos, la falta de sueño.

Tras dos años de búsqueda y un embarazo que no llegó a término, Ana Laura Soria tuvo a su primera beba en pandemia, gracias a un tratamiento de fertilidad. Foto: Fernando de la Orden

La ayuda con la que se suele contar después de un nacimiento, fue nula. La pandemia me obligó a ocuparme de mi hija con mi marido y nadie más. Fue una prueba de fuego”, marca. Entendió que iba a ser importante armar una rutina.

“Poco a poco empezamos a salir a caminar una horita a la mañana para que no hubiera tanta gente en el parque, para oxigenar un poco” porque estuvo 7 meses del embarazo “encerrada” y necesitaba “aire fresco-“. El desafío era poder mantener esa rutina sola, cuando él volviera a trabajar. Pudo. “La fuerza y la energía se encuentran. Y ya con la bebita acostumbrada a ciertos horarios, pude hacerlo. Hay que estar al pie del cañón todo el día sola“.

Malena Rizatto, junto a Franco y Renato, su bebé.

Malena Rizatto tiene 25 años y es de Castelar. Su embarazo fue buscado, pero llegó “de sorpresa” en agosto. Tuvo a Renato el 16 de marzo. Cuatro días antes de que se decretara el ASPO. Hay una “vida” de diferencia entre haber parido antes o durante el estado de cuarentena. Pero la crianza -al igual que en el caso de Lucía y en el de Lía- desde entonces fue “bajo protocolo”. El bebé nació de 35,2 semanas. Le esperaban varios días en neonatología. Y muchos meses más de cuarentena. 

“Tuvimos la suerte de que nuestros papás pudieran estar el día del nacimiento. Pero los días posteriores fueron muy duros, necesitábamos mucho esos abrazos. Renato estaba internado con respirador, los días pasaban y la angustia era cada vez más grande. Nos afianzamos mucho con los papás que compartían con nosotros en la neo. Íbamos todos los días de 10 a 19″, recuerda.

Al principio de la cuarentena -con muy pocos casos positivos- todo era más complicado que ahora. Al menos, es lo que ella cree. “No podíamos ingresar al sanatorio juntos, tenía que subir yo a ver al bebé, llevarle la leche y después podía subir Franco (su novio). Era muy triste, estábamos muy solos, todo el panorama era feo”.

La soledad siguió después del alta. Al poco tiempo, su pareja volvió a trabajar. “Me quedé yo sola todo el día con Renato, sentía que éramos uno, sabía que esto era lo mejor para él, podía reconocer su nuevo lugar, los ruidos, todo a su tiempo y sin molestias”. Pero “llegó un momento que nuestra cabeza y alma no daban más, necesitábamos el abrazo de nuestros papás, de mi lado el primer nieto”. Malena igual encontró el lado positivo.

La crianza la pandemia es lo más. Pude poner en práctica mi instinto, siempre supervisada por su pediatra: no hay nadie que te diga nada, sólo cuando levantás el teléfono y preguntás. Es muy fácil criar un hijo con abuelas alrededor, alguna chica que te ayude en la casa y amigas que te vengan a cebar un mate. Nada de eso me pasó. Lo que nos tocó no es fácil, pero hay que sacar lo mejor”, dice.

Marisa Russomando, psicóloga especialista en apego, remarca esta ventaja para las primerizas de este 2020. “Poder ‘estrenar’ el rol de madres en la intimidad, viviendo los primeros meses a un ritmo propio. La madres, con sus códigos, sin agentes externos”. Pero con un enemigo invisible dando vueltas por este nuevo mundo.

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