Un venezolano en Rosario: Es ingeniero, abrió una barbería y logró generar empleo para argentinos

Alexander Astudillo Ortiz es venezolano, tiene 30 años y es ingeniero en Recursos Naturales y Medio Ambiente. Llegó a Rosario en 2018, buscando una salida de la profunda crisis política, económica y social que atraviesa su país natal. Actualmente, tiene su propia barbería en la ciudad, bajo el nombre de Monagas Barber Shop (Avellaneda 1034)…

Un venezolano en Rosario: Es ingeniero, abrió una barbería y logró generar empleo para argentinos

Alexander Astudillo Ortiz es venezolano, tiene 30 años y es ingeniero en Recursos Naturales y Medio Ambiente. Llegó a Rosario en 2018, buscando una salida de la profunda crisis política, económica y social que atraviesa su país natal. Actualmente, tiene su propia barbería en la ciudad, bajo el nombre de Monagas Barber Shop (Avellaneda 1034) y es secretario general de la Asociación Civil de Venezolanos en Rosario. En este reportaje cuenta su historia, similar a la de otros 4500 compatriotas suyos que llegaron a la ciudad en busca de un mejor futuro para sí mismos y sus familias.

Según narró, su primer contacto con Rosario fue en el año 2009 a través de una pasantía organizada por Rotary Club. Luego de volver a Venezuela y terminar la carrera de ingeniero, se dispuso primero a trabajar en un negocio familiar y, luego, a fundar su propia empresa de consultoría ambiental. Sin embargo, su actividad política y participación en algunas marchas de repudio contra el régimen de Nicolás Maduro, le valieron lesiones físicas y comenzar a temer por su propia vida. “Llegó un punto en que mi familia no sabía si cada vez que me iba de casa sería la última. Vi también que se me estaba yendo el presente y el futuro de todo lo que yo había construido como emprendedor. Fue una decisión personal y familiar. No me arrepiento, pero sí queda el mal sabor de pensar que lo que tú quieres construir no lo haces en el lugar donde quieres estar”, explicó.

En 2018 se instaló en Rosario, donde trabajó primero en una vidriería y, luego, como carpintero, repositor, cocinero en una franquicia y como playero en una estación de servicio. “Todo eso me dio la posibilidad de ir ahorrando dinero y forjar relaciones”, contó. Fundó un minimarket y tienda online de alimentos y productos venezolanos llamada Monagas Market, pero con motivo de la crisis económica, se vio obligado a buscar otro rubro y reconvirtió la marca a una barbería. La cuarentena que comenzó el pasado 20 de marzo lo tomó en plena etapa de apertura, por lo que debió afrontar los primeros dos meses y medio de su nuevo negocio con las persianas bajas: “Pensamos en cerrar casi sin haber podido trabajar. Sin embargo, eso me dio más energía para ser más creativo y esperar pacientemente el tiempo de abrir”.

Actualmente, Monagas Barber Shop logró abrir al público y se presenta como un negocio totalmente temático venezolano. O solo cuenta con música y una estética característica, sino que, según Astudillo Ortiz, “distingue por nuestro sello de la atención en el local”. Más allá de que inicialmente los trabajadores provenían todos de Venezuela, recientemente han contratado un barbero argentino y esperan seguir creciendo.

Astudillo se muestra sumamente agradecido con Argentina y la forma en la que los venezolanos son recibidos y tratados. Sin embargo, reconoció que le preocupan algunas señales que le recuerdan la crisis de su país: “Nosotros como venezolanos tenemos una frase que nos caracteriza: ‘como vaya viniendo, vamos viendo’. Sin embargo, puertas adentro, mencionamos que en algunas cosas esto se va pareciendo a Venezuela. Es un momento complicado para nosotros emocionalmente, pero también nos llena de ganas de trabajar por este país y dar lo mejor. Sabemos por lo que hemos pasado en nuestro país y ahora nos toca forjar un futuro en otro que nos abrió sus puertas”.

Comentó: “Yo tengo 30 años y solamente conocí el sistema venezolano. Hoy veo en este país que nos abrió las puertas con oportunidades y los brazos abiertos de una población que acogió a muchos inmigrantes de todos los países, ese miedo y esa inseguridad que nosotros sentimos en Venezuela. Sin embargo, estamos convencidos de que trabajando juntos es la única forma de salir adelante”.

Más allá del sentimiento de destierro que describe Astudillo, los venezolanos se definen como “la nueva colectividad de Rosario”. Las distintas movilizaciones y actividades disparadas por el conflicto político que atraviesa Venezuela inspiraron la decisión de agruparse bajo una asociación civil. “Comenzamos teniendo un rol social y fuimos incorporando más facetas como asistencia psicológica y cultural, acompañamiento en procesos de documentación, capacitación para emprendedores y hemos participado del tercer programa de aceleración de la Bolsa de Comercio de Rosario, en el que hemos ganado el segundo puesto. Pudimos proyectar cómo insertar la cultura venezolana en Argentina”, relató. El año pasado estuvieron a punto de participar de la fiesta de colectividades, pero no lograron cumplir todos los requisitos y finalmente tuvieron que posponerlo.

“Nosotros nos presentamos como la nueva colectividad en la ciudad de Rosario. No tenemos cultura de inmigrantes, no sabemos cómo ni qué pasos dar, pero siempre tenemos la mejor energía. Una sonrisa que nos abre las puertas, la mejor energía para nosotros y lo que haya que aprender y lo que haya que esperar, lo iremos haciendo”, subrayó.

“El proceso de emprender en Argentina no es difícil, pero tampoco es sencillo”, afirmó Astudillo. Según comentó, la principal preocupación para los venezolanos está en obtener la documentación necesaria para empezar a trabajar dentro de estas fronteras. “La inserción legal es relativamente sencilla. Aquellos que llegan con su documentación al día, pueden obtener la documentación precaria a través de Migraciones en forma electrónica”, explicó.

Sin embargo, aclaró que, para muchos de sus compatriotas, el proceso puede ser más complicado por la “vulneración de la identidad” ocasionada por el régimen de Maduro. Según explicó, “en Venezuela el salario mínimo es de 4 dólares, mientras que un pasaporte sale 200 dólares. No hay forma de sacarlo”.

En cuanto a la situación económica local, reconoció que el escenario no es el mejor, pero relativizó el contexto: “La economía complica un poco y hay que arroparse hasta donde dé la sábana, pero seguimos viendo a emprendedores venezolanos que apuestan y tienen ideas cada vez más innovadoras. El habernos formado en la crisis venezolana nos ha convertido en personas muy hábiles a la hora de tomar decisiones”.

Aunque actualmente Astudillo se encuentra cumpliendo un importante rol institucional en Rosario y administra su propio emprendimiento, no deja de emocionarse con la idea de regresar a su país natal. “Quisiera volver y abrir la puerta de mi casa, abrazar a mi familia. Regresar a la reconstrucción de mi país. Sé que no va a ser fácil, pero la única forma es que lo hagamos todos juntos”, dijo.

Según comentó, nunca se había imaginado emigrando: “Una profesora en 2009 nos hizo hacer dibujos sobre cómo nos visualizábamos en cinco o diez años. El único que se me cumplió fue el del avión, pero no esperaba que fuera por una migración. Terminé pensando que uno debe vivir la vida según lo que vaya ocurriendo y sin hacer demasiadas proyecciones”, narró.

Por último, concluyó: “Mi sueño es ver a un país salir de la oscuridad y que Argentina no llegue a pasar por lo que pasó mi país. Que muchos jóvenes no tengan que migrar porque no es fácil por más que tengamos comodidades. Siempre se lleva ese destierro en el corazón, en la mente y el espíritu”.

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