Alan Parker, el hombre de la grieta mucho antes de “Evita”

Muchos años antes de que se impusiera de moda la palabra grieta, Alan Parker dividía las aguas y las opiniones entre los cinéfilos. Fue antes de que viniera a dirigir Evita -¿qué esperaban que hiciera, un filme a favor de la madre de los descamisados cuando la ópera rock la mostraba como prostituta?- amado y…

Alan Parker, el hombre de la grieta mucho antes de “Evita”

Muchos años antes de que se impusiera de moda la palabra grieta, Alan Parker dividía las aguas y las opiniones entre los cinéfilos. Fue antes de que viniera a dirigir Evita -¿qué esperaban que hiciera, un filme a favor de la madre de los descamisados cuando la ópera rock la mostraba como prostituta?- amado y odiado por quienes adoraban su veta que se apoyaba en lo musical, que quizá haya sido la más fuerte, desde su opera prima Bugsy Malone, pasando por Fama, The Wall y The Commitments, y los que la denostaban.

Parker fue un ejemplo del cambio que llegó desde el cine inglés en los años ’70. En verdad, desde la publicidad. El, que comenzó como redactor publicitario, junto a los hermanos Ridley y Tony Scott (Alien y Blade Runner, el mayor de los Scott; El ansia y Top Gun, el menor, que se suicidó) y Adrian Lyne (Flashdance, 9 semanas y media, Atracción fatal) pisaron fuerte en Hollywood e impusieron un nervio, un ritmo a los montajes de las películas como no se conocía.

“Fama”, un éxito no solo entre los adolescentes ochentosos.

Eso, también, fue lo que molestó a muchos.

Cada uno tendrá una imagen, o escena predilecta. La pelea en la que Billy Hayes (Brad Davis) le arranca la lengua al soplón en Expreso de medianoche, al compás de Giorgio Moroder; ver a Birdy (Matthew Modine) arrancando vuelo en Alas de libertad, con música de Peter Gabriel; alguna canción de Fama, o cualquier tema de The Wall, y ¿cuántos comenzamos a pelar el huevo como hacía Louis Cypher (Robert De Niro) en Corazón satánico?

Esas uñas… Las de Robert De Niro (o Louis Cypher, Lucifer), en “Corazón satánico”.

A propósito, ¿sabían que en Corazón satánico hizo arrojar gallinas a Mickey Rourke, por que él mismo les tenía pavor?

La pelea entre Billy y el soplón, en “Expreso de medianoche”.

En el caso específico de Parker, él construía su cine a partir de una columna sonora importante. Era el hombre indicado para llevar el musical Evita al cine, mucho más que Oliver Stone, con quien se rompió la amistad que tenían tras Expreso de medianoche, que dirigió Parker sobre un guión del luego realizador de Pelotón. Stone iba a dirigir Evita, el proyecto se pospuso y cayó, y allí entro el inglés.

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Recuerdo como si fuera ayer cuando descubrí que Parker estaba en Buenos Aires buscando locaciones en secreto, mucho antes de que el rodaje se oficializara y que el Presidente Carlos Menem cediera el balcón de la Casa Rosada para filmarla. Hice una guardia periodística en la puerta del Hotel Alvear hasta que llegó. Lo encaré, me habló tres minutos; luego el fotógrafo le robó un retrato -el rostro demostraba que no quería saber nada, pero su gesto era un “y bué…”- cuando salía del hotel para ir a cenar.

Madonna, en el balcón de la Casa Rosada, un sábado a la noche.

El rodaje de Evita en la Plaza de Mayo fue, tal vez, junto al de Highlander II en el Teatro Colón, un mojón en los años ’90, cuando el dólar barato permitía que llegaran desde Hollywood a rodar aquí. Había que conseguir permisos especiales para pisar la calle Balcarce. Un fotógrafo de Gente estaba apostado en la azotea del Ministerio de Economía, y los de Seguridad del rodaje lo iluminaban con un láser, para dificultarle la tarea. Habían sacado las luces nuevas de la Plaza, y Madonna, en el balcón, hacía la mímica de No llores por mí, Argentina. Parker la hizo salir al balcón dos veces, hasta que dijo “¡Corte!”.

La Plaza de Mayo en el rodaje de “Evita”. El acceso estuvo vedado.

Pero Parker también fue el director de Mississippi en llamas, y de Donde hay cenizas. Su manera de filmar y de editar, seguro que tenían mucho de la estética publicitaria, pero tampoco eran largos videoclips. Su manera de expresarse nos daba potentes sensaciones en tiempos en los que la fluidez de los travellings no era tan corriente. No podemos decir que lo vamos a extrañar, porque desde 2003 (la polémica La vida de David Gale) había dejado de dirigir. Pero sí que lo vamos a recordar.

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