La angustia de esperar un trasplante y la odisea de volver a casa en tiempos de cuarentena

Nacho tiene 20 años. Estudia en Buenos Aires la carrera que siempre soñó: desarrollo de videojuegos. En marzo, después de haber pasado las vacaciones con su familia en Comodoro Rivadavia, regresó para comenzar a cursar el tercer año. A los pocos días comenzó a sentir molestias en su ojo izquierdo. El cuadro coincidió con el inicio…

La angustia de esperar un trasplante y la odisea de volver a casa en tiempos de cuarentena

Nacho tiene 20 años. Estudia en Buenos Aires la carrera que siempre soñó: desarrollo de videojuegos. En marzo, después de haber pasado las vacaciones con su familia en Comodoro Rivadavia, regresó para comenzar a cursar el tercer año. A los pocos días comenzó a sentir molestias en su ojo izquierdo. El cuadro coincidió con el inicio de la cuarentena por la pandemia de coronavirus.

Por las restricciones para circular y las limitaciones en la atención médica, no pudo ir a ningún consultorio. Pero el dolor seguía aumentando. Logró entonces que lo vieran mediante una videoconferencia. Le diagnosticaron conjuntivitis.

Hasta ahí pudieron llegar los médicos al no poder atenderlo de manera presencial. Pero no era conjuntivitis sino una infección más delicada. A tal punto que hoy Nacho necesita de manera urgente un trasplante de córnea para recuperar la visión.

“Su situación se complicó a medida que fue pasando el tiempo. La cuarentena impedía que los médicos pudieron verlo. Hasta que al final lo logró. Fue cuando nos llamaron y nos explicaron que la infección era más complicada de lo pensado. Y que Nacho necesitaba estar asistido. Entonces decidimos que el padre viaje a Buenos Aires para acompañarlo”, le contó Silvina Gatti, la mamá a Clarín. Este sábado fue el Día Nacional de la Donación de Órganos​.

En familia. Nacho, sus padres y su hermana Melisa. La espera angustiosa de un trasplante.

Mientras el joven esperaba en Buenos Aires, su papá Oscar inició un viaje en auto que fue una odisea. Papeles y más papeles. Permisos y más permisos. Casi 2,000 kilómetros sin que sea aceptado en ningún hotel. Durmiendo en estaciones de servicio. O donde pudiera. El regreso con Nacho no fue demasiado diferente.

“Llegaron el primero de mayo y desde entonces, comenzó una espera que no termina. Hay mucha angustia aunque también mucha fe. Los médicos nos dicen que en tiempos ‘normales’ un donante de córnea puede aparecer en pocos días. Hasta en 48 horas. También hay bancos de córnea, pero no están atendiendo. Con el tema de la pandemia y las restricciones todo es más difícil. Además, comprendemos que la gente tiene miedo hasta de estar en sus casas. ¿Cómo no van a tener miedo quienes deban someterse a cuestiones de este tipo? Pero igual confiamos”, agregó la mamá.

Actualmente, el joven está sometido a un tratamiento en base a gotas. No es sencillo. Son 6 gotas cada diez minutos en el transcurso de dos horas. Y debe repetirlo varias veces al día. Es decir que hasta duerme salteado. “Es muy desgastante pero debe ser estricto. Ahora no siente mucho dolor porque las gotas le hacen buen efecto. Pero tiene molestias. De todas maneras, se encuentra bien de ánimo y esperando que llegue el momento que todos deseamos”.

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Nacho es hincha de San Lorenzo y fanático de Les Luthiers. Le gustan las matemáticas y sabe idiomas. “Es muy creativo”, agregó la mamá. Y admite que “uno nunca cree que le va a tocar y no pensamos en estos temas hasta que nos tocan. Hoy necesitamos de la generosidad de un donante y en estos tiempos de pandemia todo es mucho más difícil. Nacho espera y necesita un donante y nosotros como familia confiamos en la generosidad de todos para difundir y de quien nos pueda ayudar”.

La familia se completa con Melisa, de 15 años. Los cuatro están esperando que el trasplante se pueda realizar, que aparezca el donante. La pandemia también tiene estas historias. Que nada tienen que ver con el virus, pero que también causan dolor.

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Chubut. Corresponsal.

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