Crítica de “Misión de rescate”, por Netflix: acción y extrema violencia

Netflix viene subiendo a su plataforma películas de acción, de producción propia, que se parecen cada vez más unas a otras. Sus protagonistas son aguerridos, casi casi indestructibles, y son encarnados por figuras de atracción taquillera, al menos en el cine. Hace poco fue Mark Wahlberg, ahora es Chris Hemsworth.¿Qué las puede diferenciar? Si ya…

Crítica de “Misión de rescate”, por Netflix: acción y extrema violencia

Netflix viene subiendo a su plataforma películas de acción, de producción propia, que se parecen cada vez más unas a otras. Sus protagonistas son aguerridos, casi casi indestructibles, y son encarnados por figuras de atracción taquillera, al menos en el cine. Hace poco fue Mark Wahlberg, ahora es Chris Hemsworth.

¿Qué las puede diferenciar? Si ya no la credibilidad, aunque no se utilicen muchos efectos visuales los tipos aguantan golpes, balazos y lo que sea, lo que puede distinguir a estos productos unos de otros es la pericia técnica.

Misión de rescate empieza a todo ritmo, a todo vapor, y a toda matanza. Tyler Rake (Hemsworth, que no empuña el martillo como Thor, pero sí cualquier arma y es igual de eficiente) esquiva balas y dispara arriba de un puente, con automóviles detenidos. Está herido, ensangrentado, y cuando parece que… Aparece la placa de “Dos días antes”.

La misión del título es precisamente la de rescatar al hijo de un jefe narcotraficante, que ha sido secuestrado por otro narco enemigo. El papá de Ovi -no Obi; con v- está en prisión, pero se las arregla para que un secretario contrate los servicios de gente especializada en estas acciones. Ahí entra Tyler, que -dice- necesita el dinero para pagar el alimento a sus gallinas, que revolotean por su hogar.

Tyler es un ex soldado, un tipo que combatió en Afganistán y que guarda un secreto que no vamos a spoilear acerca de su pasado. Cada tanto, en la primera hora, hay flashbacks de un niñito rubio, correteando en alguna playa.

Misión de rescate es una película de acción, y sí, de extrema violencia. Hay narcos que tiran niños desde una alta azotea o piden a otro que se corte dos dedos.

Tyler no hace eso, pero mata sin miramientos ni pestañar, y si hace falta (¿hace falta?) les clava un rastrillo en la cara.

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¿Se acuerdan cuando contábamos cuántas balas tenía en el cargador de una pistola? No se gasten, no pierdan el tiempo.

“La” escena es un plano secuencia de 12 minutos que viene inmediatamente después de que Tyler es perseguido por el secretario del jefe narco en un bosque, y él y Ovi se suben a un auto. No solo está muy bien filmado -los cortes no son tan evidentes, pero si se detiene la imagen es más o menos fácil advertir el momento del empalme de tomas- sino que esa persecución callejera en la que también intervienen la policía y más y más malos es, evidentemente, lo mejor de la película.

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Cuando Tyler no pelea, mantiene conversaciones -tranquilas, relajadas- con “el niño”, como le dice, aunque Ovi tenga 14 años, que vienen con enseñanzas incluidas. “Te ahogas no por haberte caído al agua, sino por no salir”, le dice Ovi, que lo aprendió de un libro escolar. José Narosky es un poroto.

También hay otros niños y adolescentes que asesinan. Muchas divisas habrán dejado en la India, pero la sensación que queda es que en Bombay no se está para nada tranquilo, la ciudad es sucia, vieja y ¿la verdad?, no dan ganas de hacer -si se pudiera-, turismo.

Y está la referencia a la estancia argentina Los Chañares, de boca de un amigo de Tyler, que interpreta David Harbour, el de Stranger Things. Y no mucho más.

“Misión de rescate”

Buena

Acción. EE.UU., 2020. Título original: “Tyler Rake”. 116′, SAM 16. De: Sam Hargrave. Con: Chris Hemsworth, Rudhraksh Jaiswal, David Harbour. Disponible en: Netflix.

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