Un fenómeno llamado Bresh: la fiesta online que convocó a casi medio millón de personas

Sin duda alguna, de mediados de marzo a los días que corren, la pandemia provocada por el coronavirus trastornó la vida de buena parte de la población planetaria, y dio lugar a decisiones y situaciones absolutamente impensadas tres meses atrás. Como nunca antes, la realidad de una ciudad en la que la gente protege sus…

Un fenómeno llamado Bresh: la fiesta online que convocó a casi medio millón de personas

Sin duda alguna, de mediados de marzo a los días que corren, la pandemia provocada por el coronavirus trastornó la vida de buena parte de la población planetaria, y dio lugar a decisiones y situaciones absolutamente impensadas tres meses atrás.

Como nunca antes, la realidad de una ciudad en la que la gente protege sus rostros detrás de barbijos o placas curvas transparentes, en la que las escuelas permanecen cerradas y no hay chicos a la vista, y en la que plazas y parques son espacios desiertos, supera la ficción de tantas películas y series en la que el “aislamiento social” era parte del eje de un guión tan repetido como inverosímil.

En medio de ese panorama, la clausura de cualquier posibilidad de encuentro masivo, de carácter deportivo, artístico o de la especie que sea, fue una de las primeras determinaciones no abiertas a negociación alguna que adoptaron tanto el Estado nacional como los provinciales y municipales. Y probablemente una de las últimas que queden sin efecto, una vez que todo haya terminado; o que al menos esté garantizado un regreso a algún tipo de “normalidad” libre de riesgos.

Ale y Ara, el dúo se cargó al hombro las primeras siete horas del domingo 19 de abril y convocaron a medio millón de personas.

Sin embargo, no todo se trata de encerrarse y sentarse a esperar. No, al menos, para los creadores de la fiesta Bresh, que de 2016 en adelante se convirtió en un punto de referencia dentro de su especie, quienes parecen haber encontrado la manera de superar el confinamiento en una suerte de celebración virtual que el fin de semana pasado convocó a lo largo de la noche a casi medio millón de “asistentes”.

¿¿¿Qué qué??? Así como se lee, entre las 0 y las 7 del domingo 19 de abril pasaron por la tercera fiesta Bresh en modo virtual unas 450 mil personas, alcanzando picos de 64 mil concurrentes; es decir, personas conectadas al mismo tiempo, desde todas partes del mundo. Algo así como una cancha de River a pleno a la espera de que salgan a escena The Rolling Stones, Metallica o Ciro y Los Persas.

Un living, un buen soporte tecinlógico y un armado “de emergencia”, con lo que no quedó confinado en el depósito.

Sólo que en este caso, el escenario principal no era otro que el living de la casa de Alejandro Saporiti (o DJ Bröder), desde donde él y su novia Ara -también DJ-, no sólo pasaron música, sino que a través de su cuenta de Instagram @FiestaBresh arengaron, bailaron y animaron la larga noche de una multitud que los siguió desde sus celulares y compus, generando a través de sus comentarios un ida y vuelta digital con una inusitada carga de energía.

¿Qué es esa cosa llamada Bresh?

Para entender de qué estamos hablando, quizá sea bueno retroceder en el tiempo a mediados de 2016, cuando un grupo de amigos se propuso armar un encuentro en base a un modo diferente de disfrutar la noche del que propone el clásico “boliche”, y lejos de un clima que Saporiti, que habla de la búsqueda de una coincidencia en trono a los valores del respeto y de ideas inclusivas, define “como hostil o agresivo”.

¿De qué habla el DJ, que transita sus 27 años? “La idea era generar un espacio distinto a aquellos en los que sos observado por cómo vas vestido, en los que estás con un grupo de amigas y enseguida comienzan a ser hostigadas; en un marco en el que quienes están a cargo del lugar se desligan de cualquier responsabilidad”.

Y la idea prendió. La Bresh inaugural, cuenta el DJ, fue en un local de Palermo; punto de partida del armado de lo que él llama repetidamente “comunidad”. Ahí, dice Bröder que está la clave de lo que sucede en la actualidad con aquella iniciativa puesta en marcha entonces. Punto de un proceso de crecimiento exponencial, que va de un inicio de 2019 en Mar del Plata para unas 2.800 personas, al de este año, para 10 mil.

En el medio, lo que había nacido como un grupo de amigos con ganas mutaba su forma a una organización que fue incorporando nuevos actores -unas 100 personas trabajando en diferentes cuestiones más o menos cercanas a la Bresh-, para alimentar una estructura diagramada en distintas áreas específicas, entre otras de artística, estética y del manejo de redes. Estas últimas, acaso la llave del éxito de la fiesta, en tanto son la vía de comunicación que conecta a sus organizadores con la comunidad, y las que multiplicaron su convocatoria de manera inesperada a partir de que todo cambió, y apremió. Señala Saporiti: “De vivir una vida real atravesada por la digitalidad, pasamos a una situación en que la digitalidad es la vida real”.

Cuando la digitalidad se convirtió en la vida real

“Ni bien empezó la cuarentena nos preguntamos qué íbamos a hacer. Hubo algo de observación, de cómo funcionaban los vivos de Instagram. Queríamos que lo que hiciéramos rindiera honor a la marca de la fiesta”, explica Bröder, cuando recuerda cómo tomó forma Bresh en casita.

Computadores, cámaras, una iluminación improvisada que cuando todo comienza convierten el living de la casa de Saporiti en una usina de energía.

“Cuando empezó todo se empezó a ver que el vivo era un recurso, pero no queríamos que quedara como armado a la ligera. Queríamos que mantuviera la misma vibra y respetara las ideas de la Bresh original”, agrega Juan Ernesto Rodríguez, productor artístico de la movida. Y completa: “La cuestión era cómo reproducir la experiencia completa, con lo que teníamos. Con el depósito cerrado, usamos algunas cosas que quedaban en mi casa, conseguimos un buen soporte tecnológico para tener buena imagen y muy buen sonido, y decidimos difundirlo como una fiesta normal”.

La repercusión fue “tremenda”. Y fue en aumento a medida que pasaron las semanas, y las ediciones. Los números son elocuentes. “En los primeros tres años logramos 200 mil seguidores; en las últimas tres semanas pasamos a 400 mil”, resume Saporiti, que a lo largo de las primeras siete horas del último domingo se mantuvo ahí, al pie de la consola, buscando mantener el poder de atracción de la fiesta.

Louta y Ángela Torres, dos “celebrities” de las muchísimas que se enganchan en las fiestas Bresh.

Del otro lado, el “universo Bresh” adoptaba distintas formas. “La gente se come el flash”, dice el DJ, y habla de que los “asistentes” a la fiesta se visten para estar a tono con la cita, arman reuniones por zoom -hasta de 200 personas-, festejan cumpleaños con la música de la Bresh…

“Nos mandaron un video; eran dos chicas que se armaron en la casa un boliche, con los padres. El padre era el que pedía el DNI en la entrada, la mamá era la barwoman Era increíble lo que habían armado”, cuenta Rodriguez, que destaca la manera en que se amplió la banda etaria, algo que será imposible en el ámbito físico habitual, donde el público ronda los 20 años.

Aún así, cuesta entender de qué modo se traslada ese ida y vuelta que se establece en el cara a cara, por grande que sea un recinto, a un formato en el que dos personas, a través de un celular conectan con varias decenas de miles que los miran y escuchan a través de un dispositivo. “Hay que estar atentos, leer los comentarios”, dice el productor, que aclara que eso es tarea de Juan Ponce, CM el del grupo.

“Black Mirror”, un poroto. Alegría y amor ante la diversidad.

Los comentarios dentro del vivo comparten cómo la fiesta es compartida por los asistentes desde sus respectivas casas. Entre ellos, los nombres de personajes del espectáculo y sus alrededores como Angela Torres, Dyhzy , Wos, Gimena Accardi, Ofelia Fernández, Santi Maratea ,Valen Madanes , Louta, Ramiro Bueno, Victoria Garabal, PedritoVm, Nicki Nicole, Maia Reficco, Nati Jota y Mica Suarez. Parte, todos, de la “comunidad” de la que habla el DJ, que durante la noche va del reguetón al trap, pasando por distintos ritmos que hacen que la intensidad no decaiga.

“En este formato tenés que ser muy efectivo; a diferencia de una fiesta en vivo, donde las dos primeras horas son para ‘calentar la pista’, acá lo importante es conseguir atrapar la atención durante las primeras dos horas. Son a matar o morir”, explica Bröder, que advierte que la cámara que lo toma en su performance es un receptora de energía, que hace que llegue a la gente. “¡Ahí está el fenómeno! La energía trasciende la pantalla del celular, con su carga de alegría, felicidad, aliento”.

En vivo y en directo, DJ Bröder en Mar del Plata, al comienzo de 2019. Un escalón más en el crecimiento de la propuesta. (Foto: Maxi Failla)

De algún modo, dice, es como haber vuelto a las primeras fiestas, “en un living, inflando los globos, poniendo la música para un público fantasma…”

El día después

“Va a ser una decisión, ver qué queremos hacer. Si algo nuevo, si algo distinto”, señala Rodríguez, acerca de lo que podría ocurrir cuando la situación actual sea historia. “Estábamos por ir a Lima, a Ecuador, Montevideo, España, México… Estábamos por cerrar fechas en los Estados Unidos y en Tokio”, confiesa Saporiti no sin un pequeño dejo de resignación. Pero enseguida pone la mirada en lo que viene.

Y en cómo hacer que semejante repercusión genere algo de dinero. Un objetivo para el que el DJ vislumbra tres vías posibles: la primera, basada en un sistema de contribución de quienes asisten a la fiesta, aunque enseguida dice que preferiría que la iniciativa siga siendo sin restricciones de edad y gratuita; la segunda depende de la aparición de alguna o algunas marcas que se interesen en la Bresh como un espacio para su propia promoción, opción que ve como la más cercana; la tercera, a partir de algún interés que tenga el Gobierno en apoyar al sector del entretenimiento, en función de la enrome cantidad de gente a la que emplea. El tiempo dirá cuál es la que se imponga.

Así quedó el set de la fiesta Bresh el domingo 19 de abril, después de siete horas de fiesta.

Mientras tanto, la Fiesta Bresh anuncia una nueva edición para este sábado 25 de abril, a partir de las 24, con “alguna sorpresa”, que Rodríguez prefiere no desvelar.

-Bröder, son siete horas ahí, frente a la cámara. ¿No te aburrís?

-¡No! ¡Es una adrenalina bárbara! La emoción que siento al ver lo que está pasando del otro lado es indescriptible. Me justifica la semana. Es la sensación de realización, de que estás haciendo algo, en un momento en el que a veces cuesta encontrar la motivación.

“¿Aburrirse? ¡Jamás!”, asegura el DJ.

E.S.

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