Coronavirus: Monstruos que crecen en los frascos

Sara y Elvira comparten algo más que la edad: a los 83 años luchan como pueden contra el monstruo que crece dentro del frasco de la cuarentena. Pero mientras una decide abrirle la tapa y soltar toda esa furia contenida en una plaza de Palermo, la otra intenta calmarlo con lecturas y guiños de aliento.“Necesito…

Coronavirus: Monstruos que crecen en los frascos

Sara y Elvira comparten algo más que la edad: a los 83 años luchan como pueden contra el monstruo que crece dentro del frasco de la cuarentena. Pero mientras una decide abrirle la tapa y soltar toda esa furia contenida en una plaza de Palermo, la otra intenta calmarlo con lecturas y guiños de aliento.

Necesito el sol por salud”, se defiende Sara y cuenta que tiene cáncer y EPOC. “A mí no me pueden obligar a no salir, yo soy grande, no tengo toda la vida por delante“, dice cuando le piden que guarde su reposera y regrese a su casa sin balcón.

Elvira tampoco tiene balcón en su departamento de dos ambientes y lo que más extraña en estos días de confinamiento es ir a su gimnasio de Congreso. Allí se recuerda parada frente a la barra, estirando una pierna para la derecha y un brazo hacia la izquierda, mientras la geometría de los espejos le devuelve las sonrisas de sus compañeras de rutina.

Chicas, acabo de leer ‘Y ellos se fueron’, de Viviana Rivero. Se pregunta si un amor puede esperar toda la vida. Se los recomiendo“, dice en el mensaje de voz que irrumpe en el grupo de whatsapp. El reloj marca las 10 pasadas y agradece la impaciencia del sol que entra por la ventana y se derrama sobre su cama. Para ella, la alegría de leer es recuperar a cada instante el gusto de vivir. Y el único monstruo indomable que la visita cada tanto es el que llega con los días grises. Pero así y todo se anima a dejar otro mensaje matutino de aliento: “Vamos chicas, arriba, que ya vamos a poder abrazarnos en el gimnasio“, asegura con la voz arrugada de sueño.

A Sara y a Elvira la vida se les llenó de tiempo y saben que el enemigo principal es el que no se combate. ¿Quién se atreve a juzgar el tamaño de los monstruos que crecen en sus frascos?

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