Cómo vive la cuarentena Cachi, el pueblo turístico que se aisló para cerrarle las puertas al coronavirus

El casco histórico de Cachi está en silencio, no sólo porque es la hora de la siesta sino porque -en cuarentena por el coronavirus- no quedó ni un turista en este pueblo que se caracteriza por sus vinos de gran altura, sus pimientos, su hotelería y su gastronomía regional.Para llegar a Cachi, en el corazón…

Cómo vive la cuarentena Cachi, el pueblo turístico que se aisló para cerrarle las puertas al coronavirus

El casco histórico de Cachi está en silencio, no sólo porque es la hora de la siesta sino porque -en cuarentena por el coronavirus– no quedó ni un turista en este pueblo que se caracteriza por sus vinos de gran altura, sus pimientos, su hotelería y su gastronomía regional.

Para llegar a Cachi, en el corazón del Alto Valle Calchaquí, hay que hacer 157 kilómetros desde el centro de la ciudad de Salta​. El camino más elegido es el que atraviesa la Cuesta del Obispo, una ruta inolvidable.

Hace casi un año, Cachi estaba repleto de gente caminando por sus callecitas de veredas altas, visitando el Museo Arqueológico Pío Pablo Díaz o degustando su clásico torrontés por el fin de semana largo de Semana Santa (que cayó entre el 18 y el 21). Más del 90% de la plaza hotelera estaba ocupada, los bares y restaurantes, con espera y las bodegas, recibiendo visitas en sus viñedos.

El normal flujo de turistas de Cachi se vio interrumpido el 17 de marzo pasado cuando el intendente Américo Liendro decidió cerrar el ingreso al municipio después de que un grupo de franceses presentara síntomas compatibles con el coronavirus​ y fueran derivados a la ciudad de Salta.

El Museo Arqueológico Pío Pablo Díaz en Cachi (Salta), cerrado al público.

Ante el inminente peligro de contagios, dentro de Cachi quedaron solamente sus habitantes, que son unos 6 mil. Un tercio ocupa la zona urbana y el resto se ubica en la rural.

Aunque el sector turístico se vio frenado, como en todo el mundo, hay sectores productivos de Cachi que siguieron su curso normal a pesar de la pandemia y el aislamiento social preventivo y obligatorio ​que rige en todo el país por decreto del presidente Alberto Fernández desde el viernes 20 de marzo.

Leandro Caro, director de la Secretaría de Cultura, Turismo y Patrimonio de Cachi, confirma a este diario que registraron un buen acatamiento del aislamiento y que la circulación de personas disminuyó muchísimo.

Bares cerrados en el pueblo de Cachi, Salta.

“La actividad local frutihortícola y vitivinícola, es llevada adelante por pequeños productores que siguieron su producción normalmente, la otra es la turística que claramente se vio perjudicada”, explica Caro.

La actividad vitivinícola, una de las principales dentro de la economía de Cachi junto con la frutihortícola, atraviesa esta pandemia en plena vendimia. En Bodega Isasmendi, una de las tres que está en actividad en estos días, la vendimia se pudo realizar sin problemas.

Clara Isasmendi, sommelier y tercera generación de la bodega familiar que nació en 2005, le cuenta a Clarín cómo cambió el pueblo de un día para el otro como consecuencia de la pandemia: “Hay algunos productores que se vieron complicados al trabajar sus tierras. Nosotros con algunos contratiempos pudimos hacer la vendimia y hoy estamos procesando los últimos racimos de torrontés, pero siempre explicando a nuestros trabajadores que tienen que tomar las precauciones necesarias y mantener la distancia social”.

En total trabajan seis personas en el viñedo, que tienen ocho años de experiencia en la dinámica en época de vendimia. Sin embargo, este año faltó el director de la orquesta.

“Mi abuelo, Jean Paul Bonnal, tiene 82 años y al ser población de riesgo estaba expuesto acá. Lamentablemente tuvo que aislarse y es el primer año desde que existe la bodega que no pudo estar en la vendimia. Somos tres hermanos, mi papá, mi mamá y mi primo, nunca habíamos estado todos juntos en una vendimia y tuvimos que aprender a trabajar en equipo”, relata Clara.

La Familia Isasmendi pudo realizar la vendimia en Cachi, a pesar del coronavirus.

Sobre el ritmo habitual del lugar, reconoce que “fue una vendimia rara”, y explica: “El pueblo desierto es muy extraño de ver, en los últimos diez años hubo una avalancha turística enorme y de repente es como si todo hubiera vuelto atrás”.

Humberto Oliver se reconoce enamorado de Cachi. Es productor agrícola, actualmente está en plena cosecha de hortalizas y especias, y su hijo está al frente del mítico bar que lleva su apellido, ubicado a metros de la plaza del pueblo. 

“La cuarentena se vive de una manera muy particular, toda la gente respeta el aislamiento, salen únicamente a hacer sus compras, funcionan los remises y los camiones que traen mercadería de la ciudad para los comercios y desde este lunes es obligatorio el uso de tapabocas”, relata Oliver.

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Marcelo Chaine es administrador del Hostal y Despensa Neriz, ubicado a 300 metros de la plaza principal del pueblo. Sobre la rutina diaria para atender a sus clientes, cuenta que lo hace a través de una ventana: ”Pedimos que se haga la fila afuera y guardando las distancias”. Aunque las ventas mermaron, asegura que lo que aumentó fue la demanda de harina, azúcar y levadura.

“Nací en Cachi, he visto el crecimiento del lugar, esto es como volver a empezar”, reflexiona Chaine.

Para Oliver la cuarentena en Salta es como estar en una isla: “En la provincia hay muy pocos casos de coronavirus, estamos bien pero para seguir así hay que respetar las normas y cuidarnos entre todos”.

La plaza 9 de Julio, en Cachi (Salta).

“Se esperaba una temporada espectacular, fue como un baldazo de agua fría pero la gente se asustó y acató las reglas”, reflexiona Clara Isasmendi.

En este sentido, Leandro Caro coincide y agrega que desde el primer momento hay un acompañamiento del sector turístico a las decisiones locales: “Hay muchos hoteleros que están de acuerdo y participan del comité operativo de emergencias y por ahora están avalando las decisiones que se toman. El principal objetivo es preservar la salud de todos porque no estamos en condiciones de tener un solo caso de coronavirus”.

El comentario generalizado es que en el pueblo son todos muy respetuosos y cuidadosos de las reglas, una vez dictada la cuarentena cada cual cumplió con la normativa. Es más, hay control comunitario. Si encuentran alguna cara poco conocida en el mercado o en la farmacia se le pregunta de dónde es o dónde se está alojando. La gente de Cachi quiere al COVID-19 lo más lejos posible.

DD

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