Una tendencia que se agrava: en Argentina, los técnicos cada vez duran menos

Entre el final de la Superliga ​y el comienzo de la Copa Superliga -hace un mes, pero con la suspensión por la pandemia de coronavirus​ ya parece una eternidad-, cinco entrenadores se fueron de sus equipos: Gabriel Milito (Estudiantes), Diego Osella (Colón), Gabriel Heinze (Vélez), Leonardo Madelón (Unión) y Gustavo Coleoni (Central Córdoba), De los cinco,…

Una tendencia que se agrava: en Argentina, los técnicos cada vez duran menos

Entre el final de la Superliga ​y el comienzo de la Copa Superliga -hace un mes, pero con la suspensión por la pandemia de coronavirus​ ya parece una eternidad-, cinco entrenadores se fueron de sus equipos: Gabriel Milito (Estudiantes), Diego Osella (Colón), Gabriel Heinze (Vélez), Leonardo Madelón (Unión) y Gustavo Coleoni (Central Córdoba), De los cinco, solo Osella no estaba desde la primera fecha, allá por agosto de 2019. El dato podría pasar inadvertido. Sin embargo, tomando en cuenta las 24 fechas jugadas (23 del primer torneo y la inaugural del torneo suspendido), solo 8 técnicos siguen en camino. Apenas el 33%. El número más bajo de los últimos años y muy por debajo de la media histórica.

Marcelo Gallardo ahora es el técnico con mayor vigencia en el cargo. Asumió en River en junio de 2014 y en casi 6 años ganó 11 títulos. Desde enero de 2014, cuando Unión actuaba en la B Nacional, estaba Leonardo Madelón, quien renunció después de perder 3-0 con Vélez de local.

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Los otros siete entrenadores que empezaron la temporada son: Diego Dabove (Argentinos), Sergio Rondina (Arsenal), Ricardo Zielinski (Atlético Tucumán, segundo detrás de Gallardo en vigencia), Luis Zubeldía (Lanús), Frank Kudelka (Newell’s), Diego Cocca (Rosario Central) y Alexander Medina (Talleres).

A veces los cambios son positivos. La nueva dirigencia de Boca, tras las elecciones, decidió no renovarle a Gustavo Alfaro y repatrió a Miguel Angel Russo. Un envión anímico necesario para dar la vuelta olímpica en la última fecha. El vigente campeón será recordado en el futuro porque tuvo en su campaña dos entrenadores.

A diferencia de lo que pasó con el de Miguelito Russo, los regresos pueden ser fallidos. Gabriel Milito​ cumplió su segunda etapa en Estudiantes. Como balance, se puede decir que no le fue bien en ninguno de los dos periodos (2015 y 2019-20), más allá de que el porcentaje de eficacia global fue del 54%.

A mediados de 2014 se decidió ampliar la cantidad de equipos a Primera División, de 20 a 30. En el torneo 2015 no hubo descensos. Uno de los argumentos que utilizaron los dirigentes fue que así no habría urgencias, que los entrenadores iban a poder trabajar tranquilos y con tiempo. Después de las primeras 24 fechas, quedaban en pie 16 de 30, es decir, el 53%. Desde entonces, ese número fue bajando.

Sin contabilizar el torneo de Primera División 2016 que ganó Lanús, que fue más corto porque se jugó en zonas, la temporada 2016/17 contó otra vez con 30 equipos y se implementaron los 4 descensos. Tras la fecha 24, solo quedaban en pie 11 de los 30, es decir un 37%. Subió un poquito en la primera edición de la Superliga 2017/18: 11 de 28 (39%).

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La tendencia en baja continuó en el torneo pasado, ya con 26 equipos. Tras 24 partidos, apenas 9 de los 26 seguían en carrera, es decir, un 35%. Ahora, en esta última Superliga que iba a empezar con 4 descensos, pero después fueron 3, en el cierre podían llegar a ser 2 y una promoción y ahora no se sabe qué pasara, quedan 8 de 24. 

A esta altura de la temporada pocos recuerdan que Lucas Bernardi fue el primero en partir: solo dirigió a Godoy Cruz en las tres primeras fechas. Lo siguieron Darío Ortiz (Gimnasia) y Hernán Crespo (Banfield) en la quinta. Valdanito ahora está Defensa, el equipo en el que arrancó Mariano Soso, que acaba de convertirse en el nuevo técnico de San Lorenzo.

Además de Crespo y Soso, dirigieron dos equipos en esta temporada Gustavo Álvarez (Aldosivi y Patronato), Sebastián Beccacece (Independiente y Racing) y Mario Sciacqua (Patronato y Godoy Cruz). El reciclaje sigue funcionando en los bancos de suplentes.

En los cambios, como sucedió con Russo, también hay contrastes. A Crespo no le fue bien en Banfield pero arrancó en racha con Defensa. A Sciacqua le fue mejor en Godoy Cruz (ganó 3 de 7) que en Patronato (ganó 3 de 14). Igual, el Tomba quedó último en la Superliga.

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Los entrenadores siempre existieron pero poco se conoce de los cambios en el medio de un campeonato porque sus nombres no figuraban en las síntesis de los medios. Sin embargo, después del Desastre de Suecia, el diario La Nación comenzó a publicarlos. El primer torneo en el que eso pasó fue el de 1959. Participaron 16 equipos, se jugaron 30 fechas y hasta la fecha 24, sólo 6 equipos habían cambiado mientras que 10 seguían en el cargo, es decir, un 63%. Sesenta años después, se bajaron 30 puntos porcentuales.

La irregularidad en los formatos de los torneos a veces hace difícil comparar con otras épocas. Ni con los torneos largos de antes ni con los cortos desde 1991 hasta 2014. Pero siempre se puede ver qué arrojan los números. Por ejemplo, el Metropolitano de 1980 contó con 19 equipos, se jugaron 36 fechas, un equipo quedaba libre y hubo tres descensos. A la fecha 24, 12 de los 19 entrenadores seguían en el cargo (el 63%, igual que en 1959).

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Una década más tarde, todavía se jugaban los torneos largos pero ahora por temporada y no anuales. En 1989/90, por ejemplo, tras 24 jornadas, 11 de los 20 técnicos se mantenían (55%), pero diez años después, ya con torneos cortos (Apertura y Clausura), solo 9 de los 20 seguían tras las cinco primeras fechas del segundo torneo (45%). Esas variables tuvieron torneos cortos, una media del 50%, con un pico de 75% en la temporada 2013/14 (15 de 20) justo antes de que todo cambiara. Pero no para llevar más tranquilidad. De acuerdo a los números, pasó todo lo contrario.

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