Qué es de la vida del Pastor Giménez

Un prejuicio, una frívola falta de respeto anterior al encuentro se disipa por completo a los dos días. Primero pensás en un farsante antes que en un líder espiritual, pero Héctor descansa sobre el respaldo de su silla de showroom, sin preocupaciones ni manías, totalmente entregado y amable, aunque acaso intuyendo cómo nos comportaremos nosotros a la hora de…

Qué es de la vida del Pastor Giménez

Un prejuicio, una frívola falta de respeto anterior al encuentro se disipa por completo a los dos días. Primero pensás en un farsante antes que en un líder espiritual, pero Héctor descansa sobre el respaldo de su silla de showroom, sin preocupaciones ni manías, totalmente entregado y amable, aunque acaso intuyendo cómo nos comportaremos nosotros a la hora de escribir estas líneas. Es decir, cómo trataremos de ser astutos y sagaces al momento de volcar el material, estando preparados para la literatura de la crónica periodística: alguna palabrita linda, el sinónimo adecuado, la frase afanada de un libro y todo lo que haga falta para lograr el esperado retrato bizarro y de consumo irónico que el pastor –todo pastor- se merece.

Y no, no podés a pesar de desearlo y por más que las huestes de “la crónica” y Leila Guerriero os lo demanden. No porque, bueno, te sentís ligeramente confundido, pensando que, después de todo, cómo no tenerle fe a una persona que viene haciendo el trabajo de pastor hace más de 40 años. O sea, ¿por qué haberle creído a Menem o a la “honestidad” de De la Rúa, o al “corta la bocha” de Ivo Cutzarida, o a Cristina o a Macri y el mejor equipo en 50 años, y no darle crédito al Pastor Giménez?

Inmerso por completo en el reino de Giménez, caminando de su brazo, juntos a la par y sintiéndote bendecido por su optimismo, querés saber los requisitos para ser pastor. “¿Si se estudia?”, repregunta él. Si se estudia, dónde, cuánto dura la carrera…

El Pastor Giménez en su iglesia Cumbre Mundial de los Milagros. / Lucía Merle

La imagen pública luego del huracán Irma y post denuncia de estafa y lesiones menores seguida de probation con limpieza de baños en un centro comunitario, esta imagen pública, este marketing personal tras la lejana y tormentosa separación con su ex, reanuda la leyenda a la antigua, es decir, con entorno familiar nuevo pero nunca ensamblado. Así como el presidente Macri con Juliana y Antonia, el pastor Giménez también debe creer que vivir consiste en saber poner las cosas en perspectiva. Por eso las fotos principales de su iglesia, ahora lo muestran actualizado con su hija pequeña y esposa (más) reciente.

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“El otro día estuve en la cárcel y un pendejo de 18 años me miraba como gastándome y diciendo giladas. Yo le hablé con las manos, en la cárcel se habla con las manos, y le pregunté si se la bancaba. Delante de todos los presos se lo pregunté. Hay generaciones que ya no saben quién soy…”

-¿Sos de agarrarte a trompadas?

-No, no, para nada.

Quizás los evangelistas sean católicos con calle, aunque hoy día no haga falta tener calle para conseguir un dealer o una grande de muzzarella. El predicador promedio -y Giménez es el número uno- sabe de drogas, robos, cárceles, infidelidades, timba, pecados, traiciones. Además, los evangelistas no precisan la ayuda del Estado para existir. Se hacen de abajo.

Aníbal Héctor Giménez es un personaje celestial y cálido con quien dan ganas de abrazarse no bien uno siente de cerca su llama mística. Se está bien aquí adentro de la Cumbre Mundial de Milagros. Formalmente así se llama su iglesia, que es la misma de antes y de siempre, sobre la avenida Rivadavia al 3700, sólo que hace un tiempo cambió de nombre.

El Pastor Giménez en su iglesia Cumbre Mundial de los Milagros. / Lucía Merle

-¿Cómo se hace para lograr que la gente tenga tanta confianza en uno?

​-Cuando se decían mentiras y estupideces sobre mi separación escandalosa con Irma, las personas seguían congregándose conmigo. A esas familias les hablás barbaridades sobre mi persona y te van a escuchar porque son gente educada, pero el amor y el cariño que sienten no se romperá así nomás.

-¿Y los famosos? ¿Qué pasó con Moria Casán y otras celebrities que te seguían?

-Yo fui muy amigo de Mario Castiglione, esposo de Moria y padre de Sofía Gala. El tenía dificultades con adicciones y el Señor lo ayudó a través mío. Cuando nació Sofía, al no estar casados por Iglesia, no la podían bautizar y nosotros, aquí mismo, le dimos la bendición. Lo que pasó con la fama es que una vez que se calmó lo de Irma, lo de la separación y todo ese lío, elegí seguir adelante con un bajo perfil. Lo hice por amor a la congregación y a mis hijos.

En el sermón de un domingo de abril a la noche, Héctor suena con la voz aterciopelada de Johnny Mathis. Su explosión fueron los ‘80 y ’90: “el evangelista de las buenas ondas”, “el pastor de los artistas”. Hoy es como un juego de Nintendo que opera al estilo vintage. De todos modos, se lo nota entero, activo, animado. Menos de vuelta que de regreso.

El Pastor Giménez en su iglesia Cumbre Mundial de los Milagros. / Lucía Merle

“Te voy a decir algo: yo pude haber sido un aborto. Zafé. A mi mamá, que tuvo diez hijos, le declararon hipertensión arterial y le dijeron que si volvía a quedar embarazada, se moría. Mi viejo, un bruto, la embarazó de vuelta. Mamá casi muere en el parto. Yo nací”.

-¿Tu actual mujer dónde la conociste?

-¡Acá! Carla venía con su mamá y su hermano. Luego fue mi asistente y me ayudó a solucionar los problemas y las peleas que tenía con Irma, tensiones que hacían que yo descuidara bastante a mis hijos. A ver: yo le pasaba plata a Irma y ella salía a decir en los medios que la mataba de hambre… A Carla se le ocurrió la solución con una caja de ahorro para Jonathan y otra para Johana. Ella decía: “Vamos de depositarle la plata, así no puede decir que no le pasás nada”. Santo remedio. Lo mismo hicimos con el pago de la escuela de los chicos y el alquiler de la casa. Todo quedó documentado y se acabó el problema. Idea de Carla.

El Pastor Giménez en su iglesia Cumbre Mundial de los Milagros. / Lucía Merle

-¿Qué es de la vida de Irma?

-Tiene su propia iglesia en la Costa Atlántica, en Santa Teresita. Ahora vive allí.

Como un alumno que quiere ir al baño, avisa que debe salir al escenario. Sube y baja muy seguido. Es el plato fuerte, pero no se hace rogar. Nos explican que todos los días tiene uno o dos sermones. Tarde y noche, sin horarios fijos. Pide que lo esperemos. En la Moleskine escribimos de un tirón: “Giménez es macanudo y directo”.

Tiene 62 años, pero parece más joven. También se lo nota aurático, divino y mucho más divino con los zapatos de charol blancos que lleva puestos para recorrer una pasarela en forma de cruz. El escenario tiene una bifurcación, un viaducto rodeado por perturbadoras luces leds. Giménez va y viene por la cruz como un Cristo inquieto.

-¡¿Viste vos lo que le pasó a Sergio Denis…!? Bué, todo esto es nuevo… -argumenta tratando de explicar el sistema de iluminación inteligente.

Es una escenografía de Peppa Pig. Un cielo de postal sobre la pantalla. Nubes de paraíso, cinco chicos disfrazados de ángeles y, alrededor, en la platea, unas 200 personas sentadas para una sala que, fácil, admite el doble de gente.

El antiguo cine Roca de la avenida Rivadavia es vecinalmente conocido como la Iglesia del Pastor Giménez. La luz menos metafórica, la del salón, hace que en la platea no haya claroscuros ni contrastes. Para algunos es un efecto deliberado buscando que te sientas iluminado por el Espíritu Santo. Para otros -para el pastor, por ejemplo- hay que hacer un esfuerzo grande si se desea mantener abierto los 365 días del año.

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Afuera, las puertas están empapeladas con fotos tamaño Teatro Maipo. Fotos del pastor de cuerpo entero, trajeado a la manera de un capocómico, o trajeado con Carla y una nena que resulta llamarse Abril.

-Nietzsche decía que Dios ha muerto….

-Bueeee, pero yo le diría a Nietzsche que la experiencia cotidiana de que Dios vive es algo maravilloso. Escuchá: estuve en las Cataratas hace poco y de golpe veo que se descompone una mujer. Hasta buscar un doctor en el medio de las Cataratas… imaginate. Me acerco y le digo una oración. La mujer se ve que me reconoce: “Yo no creo, pastor”. Pobre, tenía la cara como una morcilla, estaba por morirse. “Mi amor…”, le dije haciendo el gesto de que no exagerara, y ahí mismo apoyé mis manos en su cuerpo, en su rostro…

-¿Y?

-Nada, al rato se normalizó.

-¿Pero vos qué clase de poder tenés…?

-El poder de la oración y la convocatoria. Cuando acá se juntan los creyentes y oran juntos sucede algo sobrenatural. El fervor de la oración es poderoso. Le ponemos tanta fuerza, que podés escuchar testimonios de personas enfermas cuya salud dio un vuelco total y absoluto.

El Pastor Giménez en su iglesia Cumbre Mundial de los Milagros. / Lucía Merle

-Pensás que la medicina está bien, pero que no es todo…

-¡Claro! La medicina está limitada. Hay gente desahuciada. Yo le atribuyo milagros sólo a Jesús.

El pastor llega en un 4×4 y estaciona sobre Rivadavia, justo en la puerta de su súper templo. El lugar está exclusivamente reservado para él y es custodiado por alguien que anuncia el arribo con ademanes aeroportuarios. Giménez viaja en el asiento del acompañante. Vive en un barrio privado de Zona Norte. Esta tarde de sol lleva una camisa Louis Philippe y jeans haciendo juego.

Una asistente se le acerca queriendo saber si el “apóstol” desearía un pocillo de café (“café de Colombia”, aclara).

Nos atiende en las oficinas del sótano. Pasamos por un túnel, leemos un cartel que dice “Toilette Pastor Héctor Giménez” y llegamos a una sala de conferencias que está menos decorada que ocupada: sillas, mesa de comedor genérico, mesita ratona, un televisor y una cortina onda balneario marplatense que funciona como frontera divisible con vaya uno a saber qué.

El Pastor Giménez en su iglesia Cumbre Mundial de los Milagros. / Lucía Merle

“Los evangelistas no somos hipócritas”, lanza en medio de la sesión de fotos. “A la única mujer a la que yo le fui fiel fue a mi mamá”.

Le piden que se ponga debajo de una araña de 18 luces y que, por favor, dirija la mirada en dirección al poder brillante que emana Edesur. “Ufff”, rezonga recordando la cuenta de electricidad a punto de vencer.

“No sé si se entiende lo que digo: siendo pastor, yo fui adúltero, no tengo problema en admitirlo. Esa es la diferencia principal. Ningún pastor natural va a reconocer que mintió”.

-¿Qué es un pastor natural?

-Los comunes y tradicionales de cualquier iglesia. Hay una idea de liderazgo que consiste en creer que si te mostrás débil, perdés autoridad. A mí no me parece.

-¿Qué pensás del Papa Francisco?

-Tuve amistad con él cuando era Bergoglio. Lo veo preocupado por los más necesitados. Nos cruzábamos porque el chofer de él era pastor mío y un par de veces oramos acá, en jornadas interreligiosas. Por el cargo que ocupaba me parecía una persona muy abierta. Encontrar curas que están con la gente de las villas es algo común, pero encontrar en las villas alguien con título, es difícil. Y él era arzobispo.

El Pastor Giménez en su iglesia Cumbre Mundial de los Milagros. / Lucía Merle

-Rosendo Fraga dijo: “Cuidado con el voto de los evangelistas”. ¿A quién votaron ustedes en las elecciones de 2015?

-Muchos a Macri, pero en este momento nos encontramos reunidos para que el voto evangelista sea compacto como ha sido en Brasil y en Perú. Tiene razón Fraga, pretendemos un voto verdaderamente influyente para las elecciones de octubre.

-¿Y a quién?

-Muchos creen que se le dio la posibilidad a Macri y no cumplió. Se había tomado como antecedente lo que hizo en el club Boca Juniors y en la Ciudad de Buenos Aires, pero eso no ha pasado…

-¿No te da lástima que por culpa de tu iglesia el barrio se haya quedado sin cine?

-Bueno, yo quise hacer algunas funciones sobre la pantalla que tenemos. En serio te lo digo. El tema es que las autoridades municipales no lo permiten. Me gusta mucho el cine, hace poco actué en una película que protagonizó Leonor Manso…

-Vos fuiste el primer pastor electrónico…

-¡Electrónico y de madrugada!

-¿Cómo se te ocurrió?

-Lo soñé. Soñé que había un programa de madrugada y que los teléfonos explotaban. Quise probar y empecé en Radio Argentina. Anduvo tan bien que el dueño casi me regala la radio. En medio de esa experiencia me di cuenta de que hay gente que no puede dormir por la culpa. La culpa entorpece a toda hora, pero a la madrugada, realmente te atormenta. Después salté a Radio Colonia, un dial fuerte. Estando en Colonia me llamaban de Paraguay, Chile, Bolivia… Ahí me trasformé en “el pastor de las buenas ondas”. Conozco a Héctor Ricardo García y le pido el Teatro Astros, de su propiedad, para predicar el Evangelio. Me miraba como se mira a un loco y supongo que para sacarme de encima me dijo que sólo tenía libres los lunes a la mañana. Le digo que sí y me pregunta si le estaba tomando el pelo. “Pibe, ni Gardel junta gente un lunes a la mañana. Si llegás a reunir 150 personas, aunque sean tus parientes, te doy el teatro gratis durante tres meses”. Y así fue. El lunes 6 de octubre de 1986 juntamos 400 personas. A la semana, 700… García terminó dándome la apertura y el cierre del viejo Canal 2. Más tarde pasé al Canal 9 de Romay.

El Pastor Giménez en su iglesia Cumbre Mundial de los Milagros. / Lucía Merle

-Pero ahora los brasileños te coparon la parada…

-Ellos son una empresa. A Romay los brasileños recuerdo que le ofrecieron cuatro veces lo que yo le daba y él los rajaba porque yo era su amigo. Ellos querían mi espacio. Insistían, insistían hasta que ofrecieron pagarle tres años por adelantado. Romay me llamó: “Héctor querido, seguimos siendo amigos, pero firmé contrato con los brasileños…”

-¿Por qué hay pastores y no obispos o rabinos electrónicos?

-Porque ellos son muy ortodoxos y la iglesia evangélica no tiene un Papa o un rabino general. Cada cambio que quieren hacer son años y años y años: hay que convencer al obispo, que a su vez tiene que mandar el pedido al Vaticano y esperar que el Vaticano lo estudie. Todo es cerrado, todo es burocrático. Sin embargo, apareció el rabino Bergman, un revolucionario.

-¿Revolucionario?

-Revolucionó la sinagoga y la imagen del rabino tradicional. Se atrevió a ir a la televisión para hablar de cualquier tema. Igual, son contados los casos. En cambio la iglesia evangélica es mucho más flexible. Yo impuse a la mujer como una par, como una pastora. A Irma la impuse yo. Ningún otro pastor salía con la esposa.

El Pastor Giménez en su iglesia Cumbre Mundial de los Milagros. / Lucía Merle

-¿Notás que la política tomó cosas del discurso evangélico?

-¡Sí, claro! El primero que empezó con eso fue Carlos Menem. El tipo que le escribía los discursos era simpatizante mío. Yo tenía un lema que era: ”¿Quién lo hizo?” y la gente coreaba “¡¡Cristo!!” De ahí viene el “Menem lo hizo”. Soy de instalar conceptos. Ahora insisto con “Hecho está”. Ya vas a escuchárselo a algún político…

WD

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