Efecto Messi: la receta para convertir un triunfo apretado en una goleada de Barcelona

El director de la orquesta: Messi comandó una goleada fuera de programa Fuente: AFP Lo que era una victoria apretada y angustiosa, Lionel Messi la transformó en una goleada 3-0 que pone a Barcelona con un pie y medio en la final de la Champions League . En siete minutos, entre los 29 y los…

Efecto Messi: la receta para convertir un triunfo apretado en una goleada de Barcelona

El director de la orquesta: Messi comandó una goleada fuera de programa Fuente: AFP

Lo que era una victoria apretada y angustiosa,

Lionel Messi

la transformó en una goleada 3-0 que pone a

Barcelona

con un pie y medio en la final de la

Champions League

. En siete minutos, entre los 29 y los 36 del segundo tiempo, el genial N° 10 decidió un partido de una complejidad muy superior a la que puede indicar el resultado.

Messi no le había convertido a Liverpool en los dos encuentros anteriores. Era uno de los seis rivales, de los 37 que enfrentó en su historial en la Champions, que se le había resistido. Ya no, el vibrante y valiente equipo de Klopp también quedó doblegado por la magia y la inspiración de Messi, que aparecieron en su mayor expresión cuando

Liverpool

había hecho un gran desgaste sin rédito, cuando no le quedó otra que rendirse ante las manos salvadoras de Ter Stegen.

En ese momento surgió Messi para aprovechar detrás de los volantes los metros libres que antes escaseaban. Y el rosarino tuvo un cuarto de hora final en el que hizo estragos en el andamiaje inglés. Primero para armar la jugada con Sergio Roberto y Suárez, y definir tras tomar un rebote en el travesaño. El 2-0 ya era un alivio para Barcelona y seis minutos después alcanzó el éxtasis con otra especialidad del N° 10: los tiros libres. A él le cometió la falta Fabinho (amonestado) y desde 29 metros colocó un zurdazo al ángulo. Valga el pleonasmo: fue un tremendo golazo. Una obra de arte para celebrar su gol 600 en Barcelona, el 112 en la Champions, en la que es el actual máximo anotador, con 12. Solo Dusan Tadic (Ajax), con seis, sigue en carrera para arrebatarle algo que parece imposible.

Messi era el hombre orquesta dentro de la cancha y también el que aleccionaba a los hinchas en las tribunas del Camp Nou. En los festejos de su segundo gol, con gestos manifestó su rechazo a los silbidos que recibió Coutinho cuando fue reemplazado; la relación del brasileño con los simpatizantes se agrietó desde que en un partido pasado les dedicó un gol de manera desafiante. “Es feo ver que despiden así a un compañero. Todos tenemos que estar unidos, jugadores, dirigentes e hinchas. Ya lo dije al principio de la temporada: hay que apoyar y tirar para adelante”, dijo Messi en la entrevista dentro de la cancha, cuando el estadio todavía no se había vaciado.

Las intervenciones de Messi desmoralizaron a Liverpool. Hundieron a un equipo que había planteado un encuentro de igual a igual. Nunca más cierta aquella sentencia que dice que los partidos se definen en las áreas. Barcelona no era más que Liverpool en dominio, situaciones y concepto global del juego, pero resultó implacable ante los arcos.

En las rachas que Luis Suárez no encuentra el gol, entre los menos ansiosos e impacientes está Ernesto Valverde. El director técnico le valora la búsqueda constante, que le queden ocasiones para convertir y el desgaste que provoca en los zagueros rivales. “Ya va hacer un gol”, suele ser la tranquila profecía de de Valverde sobre el delantero uruguayo, que en los ocho partidos anteriores de esta Champions League no había pegado ningún grito.

El olfato e instinto de Lucho Suárez resurgieron en un partido durísimo para Barcelona en las dos áreas por la fuerte oposición de Liverpool. El equipo catalán era muy exigido en defensa y en ataque construía menos jugadas que las habituales. El conjunto de Jürguen Klopp le disputaba la pelota y los espacios sin darle respiro. Apuró en varios pasajes a Barcelona, que se sostenía en el acierto de Suárez y en las atajadas de Ter Stegen.

El resultado es muy bueno, pero no hay nada definido. Tenemos que estar todos unidos, ya lo dije al principio de la temporada. Lo busqué ese tiro libre, la verdad que salió espectacular

Lionel Messi

Limitado por la presión visitante para poder avanzar, el gol de Suárez adquiría una importancia significativa. Barcelona lo consiguió por uno de los pocos sectores donde complicó a Liverpool en la primera etapa: por la izquierda, donde Jordi Alba no era seguido por Salah, superaba la línea de presión de Milner y al asociarse con Coutinho le creaba un dos contra uno a Gómez. De una asistencia tensa y profunda de Alba, Suárez apareció por detrás de Matip y abrió el pie derecho para desviar la dirección de la pelota y descolocar a Alisson.


El festejo del gol 600: otra perla magnífica del rosarino Fuente: AP

Sin ser decisiva por entonces, la actuación de Messi era importante, nunca dejó de ser un factor de preocupación para el equipo inglés. Se mentalizó para moverse en medio de la asfixiante presión adversaria, que le escalonaba la marca para reducirle el margen de maniobra. El partido no estaba para lujos ni exquisiteces, sino para ponerle el cuerpo y trabajarlo a destajo. Y también para reclamar, como lo hizo el N° 10 al árbitro Kuipers tras una jugada suya dentro del área que dio en la mano de Matip.

Messi soportó la etapa más áspera del cotejo. Cuando llegó su momento, se acabó la historia, en realidad la de Liverpool, porque la de Barcelona, tras el desquite del martes próximo, seguramente tendrá continuidad en la final del 1° de junio en el Wanda Metropolitano de Madrid. En la última jugada, Leo le sirvió el cuarto a Dembelé, que increíblemente lo desperdició frente al arco. El silbato final encontró añ N° 10 tendido en el piso, con las manos cubriéndose el rostro, sin poder creer lo que había desperdiciado el francés. Más increíble había sido su majestuoso cuarto de hora.

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