La duda, eterna compañera de los argentinos

Como algo roto en el orden natural: ¿acaso los padres no debemos partir antes y los chicos son futuro? Así se debe percibir -más allá del desgarro interno- la muerte de un hijo.Por eso a una madre no se le puede exigir objetividad. Sí que cuente, de la forma que ella sienta más honesta, lo…

La duda, eterna compañera de los argentinos

Como algo roto en el orden natural: ¿acaso los padres no debemos partir antes y los chicos son futuro? Así se debe percibir -más allá del desgarro interno- la muerte de un hijo.

Por eso a una madre no se le puede exigir objetividad. Sí que cuente, de la forma que ella sienta más honesta, lo que pasó en su familia, la muerte de Braian. Luego están las instancias administrativas y judiciales para decidir. En este caso, hay un dictamen basado en un informe de dos peritas médico-legistas que señalan que la atención recibida fue “acorde al momento de la evolución del cuadro”.

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¿Vale profundizar o hay que quedarse con la palabra dada? Sería bueno conocer con detalle por qué en el primer consultorio no consideraron la advertencia de reacciones alérgicas en la familia y por qué el Hospital Grierson de Guernica no pudo dar una respuesta más rápida y eficiente. La idea de que se actuó acorde a la evolución del cuadro deja puertas abiertas.

La transformación del dolor en acción es una cualidad que sólo desarrollan algunos elegidos. Angélica pudo continuar el proyecto de su hijo que, a sus 15 años, ya había empezado a desarrollar labor solidaria con algunos pibes aún más chicos que él. Que Braian, apenas horas antes de morir, le haya dicho a su mamá que siguiera con su sueño, eriza la piel. Por la claridad de su pensamiento en un momento en que todo se derrumbaba y por darse cuenta que la realidad y sus circunstancias persisten aún cuando ya no estamos.

La muerte de Braian expone también el desamparo del ciudadano de a pie. La sospecha parece rodearnos. El Estado no es amigo, como decía el politólogo Guillermo O’Donnell. ¿Hay, en este y otros casos, algo de incapacidad para aceptar lo inaceptable o es realmente una falta de transparencia que nos hace dudar con razón? La respuesta nos excede pero nos convence de que el Estado expulsivo -el que no puede retener ni a los estudiantes en las escuelas o generar confianza en su equidad- fomenta esa sospecha a flor de piel que nos atraviesa. No es pura paranoia sino décadas en que la certeza no pudo asociarse al espacio público y habilitó a la duda, nuestra polifacética camarada, a hacernos eterna compañía.