Los Olimareños: “Somos perseguidores de sueños incumplidos, que permanecen intactos”

“Somos cantores de a décadas. Cada 10 años nos reunimos y hacemos algo”. José Luis ‘Pepe’ Guerra cierra la frase y larga una carcajada, que festeja y comparte Braulio López, su compañero de ruta desde 1960 en Los Olimareños, ambos de paso por Buenos Aires, antes de su reencuentro con su público argentino, el 12…

Los Olimareños: “Somos perseguidores de sueños incumplidos, que permanecen intactos”

“Somos cantores de a décadas. Cada 10 años nos reunimos y hacemos algo”. José Luis ‘Pepe’ Guerra cierra la frase y larga una carcajada, que festeja y comparte Braulio López, su compañero de ruta desde 1960 en Los Olimareños, ambos de paso por Buenos Aires, antes de su reencuentro con su público argentino, el 12 de abril en el Teatro Ópera.

Protagonistas centrales del cancionero testimonial latinoamericano de los ’60 y los ’70, Guerra y López son una referencia ineludible a la hora de revisar la relación entre el arte y la militancia política, y el lugar que ocupó en la historia de aquellas décadas que transcurrieron entre la esperanza y la tragedia. Y juntos encarnan la memoria de tiempos cuyas consecuencias siguen a flor de piel. 

Recuerdos que tienen también su capítulo porteño, que se remonta a 1973, cuando decidieron cruzar el Río de la Plata tras el Golpe de Estado que puso a su país bajo en control de la Fuerzas Armadas, y que los tuvo como vecinos de la Avenida de Mayo, muy cerquita de donde ahora reciben a la prensa. 

Socios artísticos durante casi seis décadas, López y Guerra dicen que la gente quiere escuchar aquellas viejas canciones. (Foto: Julio Juárez)

Newsletters Clarín

En primera fila del rock | Te acercamos historias de artistas y canciones que tenés que conocer.

Todos los jueves.

Recibir newsletter

-¿Qué los reúne? ¿Hacer unos pesos, el placer de cantar juntos…?

Guerra: Sobre todo, nos reúne la gente, que quiere escuchar a Los Olimareños haciendo las canciones de aquella época de los ’60, que fue tan fructífera. Al fin de cuentas, salvando las distancias, tenemos la misma edad que los Rolling Stones. Somos sesentistas…

-¿Es sólo aquel público?

López: No. Se va sumando público nuevo, y eso es lo que nos llena de satisfacción. Nos llama la atención, que se sume la juventud. Aunque si uno le busca una explicación, es lógico. Porque se va transmietiendo de generación en generación. 

Guerra: Son canciones de mucho peso histórico. Creo que es el poder que ellas tienen, lo que convoca a nuevas generaciones. 

López: Fueron testimonios muy fuertes, acerca de cosas que sacudieron mucho a la sociedad; los golpes de Estado, la violencia… No quedó nadie indemne. Ni aquí ni en ningún lugar de Lationoamérica. Sólo se salvaron México y Venezuela.

-¿Encuentran en la actualidad canciones que tengan ese mismo peso?

Guerra: A la canción popular le pasa un poco como al tango: han salido pocos Manzi, Discépolos… Aquella generación fue tan impresionante que no hay cantor de tango que no cante aquellas cabnciones. Entonces sucede un poco que han surgido pocos compositores de peso.

López: Esas cosas tienen un tiempo. Y en aquel momento hubo una explosión cultural mundial. No sólo en la música la canción italiana o la francesa; la literatura, con (Eduardo) Galeano, (Mario) Benedetti, la pintura. Fue un estallido.

Guerra: En lo musical, son canciones que se comprometían mucho con la sociedad. En Uruguay no hubo un cantor que no se haya metido.

López: Con un tono muy combativo, además. 

-A la luz de lo que sucedió luego, ¿valió la pena? ¿Tuvo sentido, o la decepción pesó más?

Guerra: La sensación es la de que no se llegó. Hubo muchas decepciones. Pero hacer aquellas canciones es como volver a los sueños de igualdad, de justicia, utópicos. Somos perseguidores de sueños incumplidos, que permanecen intactos. 

López: Si no tenés utopías para perseguir, no caminás para adelante.

Guerra: La gente siente lo mismo.

López: Hay un reverdecer de cosas que se va insinuando, actualmente, Por la cultura pasa todo, no se escapa nada: el caminar como caminamos, el “ta” nuestro, el “boludo” de ustedes, la forma de tomar mate. Y contra eso no puede ningún imperio. Cuando quieren borrar la cultura, empiezan a perder. Y creo que está fermentando algo positivo, a nivel mundial. En las guerras no construye nada, pero en la esperanza, en la utopía, ahí se están gestando cosas.

-¿Cómo se adaptan aquellos viejos sueños a nuevos paradigmas como los colectivos con las reivindicaciones de la mujer, el cambio climático, el alimenticio?

López: Son nuevos lenguajes que van apareciendo. Y hay algunos puntos de contacto entre aquello y esto. 

Guerra: Claro que antes no hablábamos del clima, por lo cual no hay ninguna canción sobre el tema en nuestro repertorio. Y no podés hacer nada nuevo, porque la gente te pide y va a escuchar lo de antes.

López: No son temas que estuvieran candentes entonces. Si hay una cosa que estoy a favor es de esos colectivos, en tanto sean mesurados. A veces se pasan del otro lado y se olvidan de que los hombres somos seres humanos. Pero estoy de acuerdo con la reivindicación. Hoy, con su lucha, la mujer va consiguiendo cosas, y ojálá se llegue a una equiparación. A mí me gustaría hacer algo, pero a veces tenés ganas y no te sale. El arte es tan puro en eso, que no te deja mentir.

-¿En qué medida ha cambiado el sentimiento que les genera interpretar canciones como ‘Ta llorando, Los orientales, A mi gente o Angelitos negros, entre otras, con el paso del tiempo?  

López: Las canciones siguen pegando muy profundo. Son como cicatrices del alma. No las podés cambiar. Tenemos eso tan agarrado… Además, fueron razones, verdades, que siguen ahí. El hambre, la miseria, son tremendos…

“Sin utopías que perseguir, no podés caminar hacia adelante”, sostienen Los Olimareños, que el viernes 12 de abril repasarán su cancionero en el Teatro Ópera. (Foto: Julio Juárez)

-¿Alguna vez se arrepintieron de haber incluido alguna canción en su repertorio, que fuera tomada como bandera de algo con lo que no estaban de acuerdo?

López: De ninguna. Y es una suerte que así haya sido. 

Guerra: Fue una suerte que nunca panfletizáramos la cosa. Nuestras canciones tienen mucho peso en el texto, en la poesía. Es verdad que es muy delgada la línea entre la canción comprometida y el panfleto, pero nos cuidamos mucho de no atravesarla. Y eso hace que permanzeca la canción.  

López: Hace poco, he estado conversando con algunos amigos venezolanos que trabajan en un bar, en Montevideo, al que suelo ir. Ellos conocian a Los Olimareños de nombre, y se encontraron muchas cosas venezolanas en el repertorio. Y veíamos que, aunque no fuera con la misma impronta, el exilio siempre es exilio. Y es tremendio.

-¿Cómo se paran frente a la situación actual de Venezuela?

López: Si bien es una situación para nada comparable con lo que sucedía en América Latina en los ’70, lo que está claro es que la solución bélica nunca aportó nada. Lo que uno ansía es que se respete lo territorial y que ningún imperio se meta. Pero es difícil, muy difícil… 

-Pienso en situaciones como la de Daniel Ortega, en Nicaragua…

Guerra: Que terminan ayudando al imperio.

López: Dándole razones que no habría por qué darlas… Pero en lo que hace a nosotros, estamos llenos de sombras, pero somos unos trabajadores de la luz desde que empezamos. Y eso va a morir con nosotros. Honestamente, lo digo, No vamos a traicionar lo que hicimos, porque estamos orgullosos de ello. 

Los Olimareños cantan el viernes 12 de abril, a las 20.30, en el Teatro Ópera, Av. Corrientes 860. Entradas desde $800, por Ticketek.