El último sueño del artista Cany Soto

“El sueño de Cany era pisar la isla; por suerte pudo hacerlo”, dice André Bronner, de 65 años, nacido en Reims, Francia, y responsable de que el faro que inspiró a Julio Verne para crear su inmortal novela El faro del fin del mundo esté iluminado y guíe a los no pocos románticos marineros que…

El último sueño del artista Cany Soto

“El sueño de Cany era pisar la isla; por suerte pudo hacerlo”, dice André Bronner, de 65 años, nacido en Reims, Francia, y responsable de que el faro que inspiró a Julio Verne para crear su inmortal novela
El faro del fin del mundo esté iluminado y guíe a los no pocos románticos marineros que se acercan a este confín solitario. Llevaron al artista para que pudiera pintar el momento en el que se modificara la iluminación del faro y retratar la travesía.

“Cany empezó a sentir un dolor en el pecho muy fuerte”, cuenta Bronner. La médica a bordo del velero Podorange
decidió que el pintor no estaba en condiciones de continuar con la aventura en un clima tan hostil, donde es posible pasar de un cielo sin nubes a un temporal de viento de 100 km/h de un momento a otro.

La expedición debió regresar a la isla de Tierra del Fuego en una navegación que demandó 30 horas en condiciones extremas. El 23 de marzo a las 10 pudieron desembarcar a Cany Soto en el fondeadero de la Estancia Harberton, ubicada unos 85 kilómetros al este de Ushuaia.

“Lo dejamos en tierra. Estaba bien, lo fue a buscar su esposa”, cuenta Bronner. La expedición debió navegar la misma cantidad de horas hasta regresar al Puerto de San Juan de Salvamento en la Isla de los Estados para continuar trabajando en la modernización del sistema lumínico del faro. El 1º del actual la derrota de su recorrido los llevó nuevamente al Canal de Beagle. “Cuando desembarcamos en Ushuaia nos comunicaron la muerte de Cany. Perdimos un gran aventurero, y Tierra del Fuego, a un gran artista”, afirma.

Los días previos a la zarpada del 16 de marzo, Cany se mostró muy entusiasmado de formar parte de la expedición, aunque la doctora del Podorange
advirtió a la tripulación que la salud del pintor no era la mejor. Le informaron al artista que en la Isla de los Estados, en el caso de que hubiera alguna emergencia, no habría posibilidad de regresar rápidamente.

“Él tomó una decisión, y fue navegar”, confirma Bronner. “Siempre se mostró muy contento, tenía una personalidad que contagiaba alegría”, completa el francés.

El pintor llegó a hacer algunos bocetos que se publicarán en un libro sobre esta expedición que Bronner editará en 2020, con el apoyo del gobierno fueguino.

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